Párrafo 11.7

“11.7 El impostor no es ajeno a su pecado, el impostor sabe que lo es, pero su propio grado de involución le impide traspasar la barrera sutil de la inocencia y la culpa. Por eso no llega a plantearse la responsabilidad en la que está incurriendo, e incluso podría aducir ignorancia como pretexto. Dirían los bufones que el hecho de desconocer, que la ignorancia no es un eximente: ya son dos ignorancias. Si bien los límites de cualquier acto en el que se incurre en responsabilidad son imprecisos, es como la onda que describe la piedra que se arroja al estanque: llegarás a no verla, pero su movimiento será infinito; hay distintas dimensiones de piedras, hay oleajes que inducen o facilitan naufragios, y hay imposturas o fingimientos que arrastran a un estado confuso a seres que aún respiran en la primera parte de la curva del pranayama”.

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

El primer paso para lograr una relación sana con el paisaje que nos rodea y no ceder al pesimismo, la pereza y la enfermedad, es considerar que el mundo no está acabado, que está por hacer. Y que nuestra relación con el medio, por ínfima que sea, forma parte del conjunto. ¿Por qué el estado de otros seres no podría depender también de nuestra respuesta personal frente a un encrucijada vital?. No hay algo que no dependa de otra cosa.

La vida es un combate real, no un teatrillo privado del que uno pueda retirarse cuando le venga en gana. La vida exige compromiso y tiene algo de tragedia, y todas nuestras idealidades y lealtades están destinadas a redimir de las profundidades de la personalidad los miedos y los fracasos.
Nadie es nuevo en este mundo. El conocimiento nunca empieza de cero; cuando arranca se encuentra ya comprometido en la experiencia pasada del sujeto.

Las cosas son, además de lo que son, una referencia a otras regiones del espacio y a otros ritmos del tiempo. Vivimos a escala humana y otros hilos invisibles nos afectan: aquello que vimos y recordamos y aquellos que vimos y no recordamos, tejidos antiguos que configuran brumosos deseos.

Quizá sea necesario un actitud vital más creativa, guiada por los mismos motivos que guían la literatura, el arte y la ciencia.

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5 Comentarios

  1. Eolo
    19 junio, 2016

    La ignorancia es un acto racional, y como tal se inviste de múltiples razones convincentes para su pasividad.

    La vuelta a la vibración conjunta con el ancestral vínculo límbico, permite la llegada de un dios magnífico que soslaya el abismo entre el animismo y la Trinidad.

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  2. Rafa
    20 junio, 2016

    Habeis visto alguna vez , a algún niño de menos de tres o cuatro años, en pecado mortal o venial?.

    Los niños, no tienen que aducir ignorancia cuando hacen algo incorrecto, porque no lo necesitan.

    Para ellos la vida es un juego muy serio, que es lo que deberia ser para nosotros.

    Ellos no necesitan pensar que existen; lo saben, y su ser les dicta directamente lo que tienen que hacer.
    Nosotros no lo hacemos porque nos adoctrinamos, y llegamos a un pensamiento adoctrinado, que es como se llega al pecado.

    Además pensando así, se llega al que para mi, es el mayor de los pecados, (perder la fé).

    Si no estamos seguros permanentemente de que hay un ser superior dentro y fuera de nosotros al que tenemos que llegar, perdemos la fe y la confianza, no tenemos fianza, no somos fiables, pero intentamos parecerlo, (impostura, nos convertimos en impostores).

    Por tanto, nos perdemos, deseamos la energia y los resultados de otros, sin haber hecho su trabajo (envidia, soberbia), y como ademas logicamente no lo obtenemos, nos enfurecemos, (ira, pereza).

    Queremos poner el mundo a nuestro servicio, en vez de ponernos nosotros al servicio del mundo para llegar a saber quienes somos.

    Perdemos la responsabilidad sobre cada uno de nuestros actos, y además pretendemos fingir que no estamos perdidos, y eso nos confunde mas.

    No se si me he explicado muy bien, en cualquier caso,
    Un abrazo

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    • Afrodita
      20 junio, 2016

      Rafa:
      Escribes como quien está en posesión de la verdad. No expresas opiniones sino que haces aseveraciones. Y nos echas la bronca. Me das la impresión – quizás equivocada, pero mi impresión – de que eres de una clase de personas obsesionadas por la propia “evolución”. Que mides, minuto a minuto, tus progresos y en cuánto te hacen a cada instante mejor.
      Me parece, también, que sientes una gran necesidad de que los demás se enteren de que eres bueno.
      Una cárcel del ego, como otra cualquiera.

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  3. Rafa
    21 junio, 2016

    Afrodita, puede ser, reflexionare sobre ello, pero te puedo asegurar que lo que digo arriba, me ha pasado a mi, he pasado bastantes veces, por la ira, la pereza y la soberbia, por la envidia menos veces, pero tambien, y me he planteado que las originaba, y tambien me he planteado sobre el pensamiento dual, bueno-malo, premio-castigo, etc, que es como creo que se nos adoctrina.

    La situación más dolorosa que he tenido es la de la perdida de la fe, porque me hace vagar de un lado a otro, sin una fuerza interior que dirija mis acciones.

    De todos modos, si te puedo formular una pregunta, sobre tu frase de ( nos echas la bronca),
    A quienes echo yo la bronca?.

    Un abrazo

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  4. Rafa
    21 junio, 2016

    Perdonarme un último comentario.

    Es que tengo una nieta a la que observo mucho, y me parece muy peculiar el comportamiento de los niños con respecto al de los mayores.

    Otro abrazo, ya que estamos

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