Párrafo 12.25

12.25 “A los cuarenta y nueve llega la etapa pacífica, debe aparecer la fe que contribuye a desprenderse de intereses que enturbian la visión hacia objetivos superiores”.

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Existía entre los hebreos del s.II a.C. un libro muy curioso, llamado el “Libro de los jubileos”, también conocido como “Pequeño Génesis”. Según este libro, el Plan Divino descansaba sobre el cálculo exacto de las semanas, el año común y el año “jubileo”. El cálculo de las semanas y del año común (había uno civil de 12 meses y otro religioso de 13) era muy parecido al nuestro: meses de 30 o 31 días, divididos en semanas de 7 días. Todas las fiestas caían en domingo, en el séptimo día. Pero existía además el “año jubileo”, que era el último año del ciclo de 7×7 años, es decir, el 49. De hecho, todo se basaba en el sagrado número siete. La historia del mundo se dividía y se explicaba en ciclos “jubileos” de 7×7 años (parte de este tipo de concepción cíclica del tiempo en base siete se puede observar todavía en los hechos destacados de la vida de Jesucristo según algunos comentaristas, a pesar de que en aquel tiempo el “Libro de los Jubileos” ya no era canónico entre los hebreos).

Sin duda, cada ciclo de siete años se celebraba de manera especial. Pero el “año jubileo” era “esencial para el Plan Divino”. A los 49 años algo, aunque fuera simbólico, tenía que pasar. Es posible que para los hebreos de aquel tiempo la vida, libre de las trabas en que caemos por engaño de los sentidos y de nuestras falsas creencias sobre la información que éstos nos proporcionan, comenzase su ascenso hacia lo divino. Que comenzara la Vida con mayúsculas, una vida en paz, una vida de sabio, libre de tensiones y preocupaciones falsas e inútiles, una vida llena de júbilo.

Comparado con esto, nosotros tenemos la jubilación, a los 65 años. Es decir, para nosotros la edad del júbilo, la vida en paz, comienza ¡a los 65 años! Parece mentira que tengamos una concepción de la vida a todas luces peor que la de hace 2.200 años. Pero bueno, veamos el lado positivo. En el momento que queramos llevar a cabo una revisión profunda de nuestro modo de vida e incluso de aquello a lo que llamamos “vida”, este libro nos podrá proveer de un buen modelo acerca de cómo hacerlo.

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4 Comentarios

  1. Loli
    1 mayo, 2017

    El transcurso de nuestro ciclo vital, parece que se desliza bajo la batuta de diferentes pautas rítmicas.

    Ritmos exógenos y ritmos endógenos.

    A veces no está muy claro cuál el tono dominante en esas interacciones.

    Ritmos alrededor del día de más de 24 horas, ritmos lunares que giran sobre 28 días, imponiéndose sobre el sistema endocrino de forma fascinante, ritmos de “mareas vivas” que mueven los océanos…todos.

    Sin embargo, vivimos en un modelo que se empeña en imponer, desde la ideología o la estrategia, unos ritmos cronológicos de fuera adentro.

    Sin embargo ese “fuera”, ni siquiera tiene en cuenta que mantiene unos ciclos complejos, interactuantes, y de los cuales nosotros formamos parte activa.

    Tampoco tiene en cuenta que nuestras células respondan a un ritmo cronológico que aún no somos capaces de descifrar.

    Células que mueren y nacen constantemente, y que a veces son capaces de trasladar a su descendencia una parte nueva de ese genoma oculto…y cambia el ritmo,

    cambia la cronología, aunque sea a niveles microscópicos.

    Existen cambios en el tiempo, la cronología biológica, quizás la vital en su totalidad, no responde a la impuesta como parámetro social.

    Pero desde la infancia se imponen tiempos, y nos llegan a convencer que son los “reales”.

    Es más, que si no los asumimos y respondemos formalmente a ellos, estaremos en contra de todos, no somos ciudadanos honestos, social, políticamente correctos, “adecuados” al montaje previsto.

    Nos los creemos, y modelamos nuestros objetivos en la vida en base a esa imposición social.

    Y nacen las frustraciones, y somos incapaces de plantear que nuestros ritmos son diferentes, y que algo no “encaja” en ese modelo.

    Y a la edad de un “jubileo”, nos planteamos que la felicidad de dejar de realizar un trabajo, que en realidad, no ha sido tal, sino una manera de encadenar nuestros ritmos a los establecidos, por eso, quizás, la alegría de dejar esas cadenas.

    Pero a la vez, otra vez el propio modelo se encarga de tratar de volcar los términos y te indica claramente cómo y de qué manera debes encauzar tu júbilo, porque no debe suponer tal, debe suponer asumir tu decadencia, inutilidad al sistema.

    Asumirlo psicológicamente y también biológicamente.

    Que no hay marcha atrás, que lo hecho ….hecho está.

    Y resulta que no es así.

    Siguen naciendo células nuevas, información nueva que mantiene su afán de ser descodificada, siguen habiendo ritmos en nuestro organismos que pueden ascender, siguen existiendo otros que piden armonía…., un sistema endocrino capaz de desplegar sus posibilidades, a veces no estrenadas, sigue un “reloj biológico” de mecanismos desconocidos….

    Que no nos convenzan….que no….

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  2. Beucis
    3 mayo, 2017

    Llegar a una etapa pacifica no significa quietud,; no significa reposo, inalterabilidad,
    sentarnos para ver pasar sin responsabilidad. No. Somos cada vez más responsables;cada vez más atentos.
    Con cuarenta y nueve años, pacíficos, con fe, iniciaremos un camino procurando no desear ;procurando querer lo mejor para el otro, sin saber que es lo mejor, pero con fe en que con ese deseo, con esa actitud hacemos lalgo importante.
    En los tornados que la vida nos va deparando, si conseguimos ser pacíficos, desprendernos de intereses, no inclinarnos, intentar no desear, no apostar, creo yo que estaremos en el buen camino, por desgarrador que este sea. Porque no sabemos, queda mucho para saber, pero tenemos fe en algo que transciende y que ejecuta, con nuestra ayuda, una gran obra. Y nosotros con otra actitud,de otra manera, sin intereses que enturbien, pacíficos, seguiremos subiendo peldaños. De siete en siete.

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  3. Nuba
    3 mayo, 2017

    “Halos” 49 y antes y después, a sorbitoscomo ella-la nuestra y la suya vida- el compás sólo es el ritmo de aquel poeta que siente- con sentidos desvelados, y siente “que se hace cálida la nieve” porque enternecerse es ser sintiente de lo vivo.
    El tiempo biológico importa poco cuando la lucidez atraviesa la materia de la que estamos hechos.

    En el espejo te ves cada día fluyendo, cada día más líquida, como declamando el privilegio de seguir a la escucha:

    “Restitución de la Inocencia”

    “La triada de un acorde atraviesa los cristales impuros.

    No se detiene ante los farallones turbios del sol negro.

    Ocasiona el vuelo exacto y locuaz de las abejas.

    Hace una espiral de sílabas de los versos meditados.

    Nace el ritmo y la cadencia de los relojes de arena
    cuando asumen el milagro
    callado de los espejos.
    Cuando despojan de cáscaras
    a lo vestido.

    Restituye los colores que nos fueron saqueados.

    De un solo golpe comprende un resplandor de belleza.

    Sólo pregunta a la luz, a la verdad que responde.

    Se hace cálida la nieve….”

    ( llora una del placer de las palabras, se desarma el guerrero, la nieve se llena de abrazos para arropar a los que tienen frío, enternecerse, disolver los hielos con el aliento y con los trazos, aún aún, hasta el último soplo expirado de amor)

    ” El porteador de sonidos” Pablo Guerrero…Ed Maya 2017.

    …como el pétalo de una hojita de Allium roseum en el día 3 de las Mayas vestidas de rojo de cualquier tiempo. Consentido, respirado, amado amándo.

    https://www.youtube.com/watch?v=2Ka_tMfPbOM.

    Cimbrearse después de temblar de emoción, para equilibrar el peso y alar.

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  4. Rafa
    7 mayo, 2017

    He oido hace poco, que las matemáticas, también son un lenguaje, que relaciona la partícula con el universo.

    Ciñéndonos al número que nos ocupa, el cuarenta y nueve, si efectuamos la suma de sus dos dígitos, el 4 y el 9, nos dá 13; este sí es un número misterioso, que comunica el 1 (la unidad, dios ), con el 3 (la trinidad ), comunica a dios, con lo espiritual del ser humano.

    Pero si volvemos al 49, es facil comprobar que resulta de la multiplicación de 7 veces 7.

    Si como parece nuestra biologia está sinó determinada, si tendencialmente influida en este número por siete ciclos de siete años.
    Y teniendo en cuenta que los 7 primeros, simbolizan la infancia, los 14 años, la adolescencia, los 21, la mayoría de edad, los 28, una crisis de madurez como adulto, los 35, la definición de nuestros propósitos en la vida, los 42 vienen marcados por una crisis personal, de los 49 años, podemos decir…., que cuando uno nace a este mundo, lo hace de su madre, bueno, pues cuando cumple esta edad, es como si naciera de si mismo; nuestra biología, ha recibido yá toda la información necesaria para seguir por su cuenta.

    Es una especie de renacimiento, en el que el actuante, ya es otro individuo, que debiera ser más espiritual, si hemos seguido nuestros anteriores procesos adecuadamente.
    (aunque no tengo muy claro donde está el límite entre espíritu y materia).

    Es una edad en que nos obliga a mirar a un lugar común, como parece indicarnos el dibujo que ilustra el artículo.

    Un abrazo

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