Párrafo 12.43

12.43 “Cada casta tiene sus sonidos que extrae del ritmo telúrico que pisa, cada hombre rueda al viento las palabras, las impulsa y las arrastra en simbiosis continua desde el giro de su rueda, los mensajes de su neocórtex y las memorias que alertan su mapa genético.”

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

La energía de la tierra en los lugares donde habitamos nos trasmite unas vibraciones y sensaciones particulares con las que crecemos. Y parece que los idiomas que hablamos se configuraron a partir de estas vibraciones telúricas, entre otras cosas.
Imagino que también toda expresión artística, como el baile, la música, lo gráfico y pictórico, la arquitectura, se configura a partir de estos ritmos de la tierra. ¿En que se puede traducir?, en unas longitudes de onda, un pulso determinado, unos colores, una impronta energética…. que recoge cada pueblo, expresa y entrega.
Por otro lado el idioma no sólo lo configuran las palabras que decimos y su significado si no cómo decimos esas palabras, como las hacemos sonar, así que podríamos decir que hay muchas más lenguas o idiomas de lo que pudiéramos pensar. Y que los idiomas han recorrido el mundo junto a sus pueblos.
Cada hombre, a partir de su propio ritmo, de su visión de la realidad heredada de su cultura, y de sus memorias más profundas, está haciendo vibrar el aire, con sus sonidos y su mirada. Cada hombre habla un idioma. Y por tanto una lengua nunca debería marcar una frontera porque está abriendo un nuevo espacio en el aire y en la configuración holográfica de la realidad. Y es para todos, es para el mundo.

Todo está impregnado de vibraciones y ritmos y vibraciones. Cada uno de nosotros está preñando el aire. Tal vez no podemos comprender lo que significa que somos portadores de una información particular, única y compleja. Y probablemente tampoco entendamos la importancia que tiene. Intuyo que el cuidado, desarrollo e impulso de nuestros propios sonidos y lenguaje nos acerca a la libertad. Una libertad que conlleva una responsabilidad, que amplía el horizonte del mundo, recoge la herencia de los pueblos que lo han recorrido para seguir desarrollando e impulsando ritmos propios que nos hagan crecer, ser más libres, más abiertos, más auténticos, más del mundo entero, sin fronteras ni en la tierra, ni en el aire.

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5 Comentarios

  1. Nuba
    17 octubre, 2017

    Pase lo que tenga que pasar, seguiremos cantando.
    No dudamos.( o cada vez dudamos menos).
    Hay días en los que sentimos todo el peso del mundo, pero miramos arriba y ahí siguen billones de seres.
    Abajo muchos más; Los gusanos que permean y oxigenan el suelo haciendo galerías; la pequeña hoja del Piruétano silvestre que plantamos y sigue ahí luchando, lento; el pájaro que cuando contamos células interrumpe nuestro dedo en el pulso del reloj, para marcarse un trino que escuchamos incluso dentro de las campanas de flujo laminar.
    Aquel nido de avispas que se posó en la ventana y regaló una geometría perfecta de sus nichos de vida y de muerte. Milagro de barro de un milímetro unido a la pared de la ventana y que se despegó sólo, para que lo recogiera.
    Y las crisálidas de las mariposas que se unen en un milisegundo a una micra del borde de una hoja y son bellas… ya en la forma de gusano adivinas los colores y los puntos que tendrán sus alas, para las que el tiempo y la vida y la muerte sólo son ritmos que no discriminan por el lenguaje de las castas sino por el de las luces y de las sombras.

    Y es que así, también somos nosotros. todo lo demás es inventado.
    El hombre es el menos inteligente de los seres que pasan por la Gaia. Demuestra con sus actos que no le vale para nada lo que está en potencia… en potencia, si, jo, pero no se pa cuando lo va a aplicar…Es incapaz de traducir; En su furia quema la belleza. Está gravemente enfermo si no es capaz de unir todos los cantos:
    https://www.youtube.com/watch?v=kLhnjV3zSvo

    .. y es que si canto, aunque no sepa poner a vibrar perfectamente las cuerdas… si canto, el mal espanto.. siempre puedo no pintarme, no peinarme, puedo levantarme dolorida si no he dormido bien, puedo estar con pena, pero me meto en la pequeña agua de mi bañera y canto… y se encienden los días. y ésto lo hacemos todas. Todas! ( las que cantamos)
    en cualquier rincón del mundo.
    Nos reconocemos por el olor y por la mirada. Y, claro, por la manera en la que corremos con los lobos.

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    • Nuba
      18 octubre, 2017

      Muchas faltas de ortografía….lástima no haber podido corregirlo, disculpad.

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  2. Rafa
    18 octubre, 2017

    Ya estamos acostumbrados a que un sevillano cuando quiere decir “Si “, te dice ” Zi”, esto da indicio de que la interpretación que hace del idioma, tiene que ver con una forma de vida, un ritmo, una mirada y unas influencias, que le hacen diferente del resto.

    El autor nos habla de castas ( el término del latín casto, significa puro ), pero actualmente se refiere a grupos étnicos que guerdan determinadas características de rango, que en muchos casos para preservar, tienen que recurrir a la endogamia.

    Pero el verdadero quid de la cuestión, es que él habla de memorias que alertan su mapa genético.

    Parece como si ya estuvieramos habituados al término memoria genética, pero aceptarlo, presupone aceptar la herencia de caracteres adquiridos.; esto supondría la capacidad de fijar genéticamente las soluciones encontradas a los problemas planteados por las circunstancias.

    Por tanto, además de adquirir las características físicas, heredaríamos de nuestros antepasados, una parte de sus recuerdos y vivencias.

    Esta memoria genética, dice el artículo que la fundiríamos con la interpretación de lo que nos estuviera ocurriendo en ese momento (mensajes del neocortex),

    Nos expresaríamos con nuestras palabras con una simbiosis continua, tambien en función de los impulsos del corazón de la tierra donde estuviera situado nuestro mundo.

    Pero haríamos girar nuesra rueda del dharma, para hacer honor a la LEY.

    Un abrazo

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  3. loli
    18 octubre, 2017

    Me pregunto en qué manera incidió y determinó el “mapa de ruta” del ser humano, la geografía laberíntica que supuso la bipedestación en su nacimiento.

    Una topografía fisiológica parece ponerse en marcha cuando una per-sona es dada a “luz”, a esta luz fotónica que nos va a acompañar y marcar de manera importantísima la manera de comportarnos, de desenvolvernos, y de la actividad que vamos a desarrollar.

    El niño avanza por un laberinto conformado de forma diferente al resto de los mamíferos. a través de un canal del parto que ya parece conocer.

    Solo él realiza los movimientos precisos y complejos a realizar ante su “segundo nacimiento”, incluso el momento preciso en que debe empezar su camino a través de ese “laberinto”.

    Movimientos que impresionan en su exactitud y minuciosidad, pero que, si se profundizan el ellos, no es menos impresionante comprobar en los puntos en los que cada uno de esos movimientos incide en la fisiología y más sutilmente en puntos energéticos determinantes del niños, aprovechando en todo momento tanto las dimensiones del aún denominado “feto”, (por nuestra adorada e idolatrada ignorancia), junto con las dimensiones de las estructuras por las que debe atravesar.

    Uno de los movimientos más fascinantes y complejos, que a mi modo de ver ser realizan en ese camino a través del laberinto del parto, es el que se realiza con la cabeza y el cuello.

    En el tronco encefálico se encuentran estructuras neuronales que directamente se relacionan con el neocórtex y con los doce pares craneales.

    También, por tanto, con los futuros desarrollos de aquellas capacidades que singularizan al ser humano, como el lenguaje.

    ¿Marcará, o marcó en su momento, una geografía encefálica a desarrollar esa bipedestación humana?.

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  4. Eolo
    22 octubre, 2017

    La elección de la Tierra para la realización del Hombre tiene sus propias circunstancias exógenas que determinan las rutas, los caminos y las sendas que se han de surcar para su elaboración suprema. Puntos de partida, el sustrato de las raíces, la naturaleza de los troncos, el lenguaje de su comunicación, en su poso van dando lugar a las culturas colectivas entendidas como conjuntos de aspiraciones singulares.

    Sin ello el hombre estaría solo en el enorme trabajo de vertebrar las relaciones neuronales y se condenaría a vagar por el laberinto interminable. Por eso se jalonan místicamente los Avatares a lo largo del tiempo en los diferentes lugares en los que ha nacido el espíritu de aspiración.

    Pisar la tierra para encender la mecha, girar las piernas para hacer asecender la fuerza, replegar la cintura para recoger el impulso y transmitirlo, enchir el pecho para la plenitud pulmonar, acompasar los brazos y el cuello para embelesar a los sentidos y levantar la mente hacia lo sagrado.

    Y este les responde desde el aire con la letanía esotérica del misterio celestial, mientras el hombre se hace medium con la tierra que llora y desbroza su propia esencia mineral.

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