Párrafo 13.1

13.1 “En las cabezas de las culturas occidentales, desde los postulados clasicistas de la razón, el hombre está acostumbrado a la postura psicológica de poner el mundo a su servicio y se entiende con dificultad la postura de estar al servicio del mundo. Se inventaron dioses a los que poder tutear e incluso culpar de las desgracias. Se inventaron dioses al alcance de una imaginación escasa y cercana, entes irritables con necesidad de demostrar poder a imagen y semejanza del hombre, dioses antropomórficos que representaban necesidades o caprichos”.

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

A lo largo de toda la historia de la humanidad conocida, el ser humano a tratado de explicarse a sí mismo la razón de su existencia, el porqué y para qué del origen de su vida. En este tratar de entender ha aparecido la búsqueda de una comunicación con algo superior al hombre mismo, algo o alguien que supiera más de nosotros que nosotros mismos; un misterio con el que se ha tratado de contactar a través de ritos, de danzas, de sacrificios, para abrir puertas desde lo sensitivo a lo que la razón no ve, no alcanza a entender sobre el hecho de la vida misma. Se ha tratado siempre de buscar una comunicación directa con esas otras formas de existencia, y los legados culturales así lo reflejan. Se ha hablado con los astros celestes, las fuerzas naturales, los ciclos cósmicos… Puede que lo que la cultura griega hiciera fuera dibujar estas fuerzas a imagen y semejanza del hombre, y no al revés, para hablar más fácilmente con ellas, llegando incluso a otorgarles aspectos psicológicos y emocionales propios del ser humano.

Estar al servicio del mundo… Los dioses les recuerdan de vez en cuando, de muchas formas, que están ahí, presentes, pues su propia naturaleza es divina. Y que tienen una vía de percepción, una manera de ver a Dios: La Fe. Pero este concepto ha llegado hasta nuestros días acogotado por el yugo de la doctrina. La fe no es un clavo ardiendo al que puede agarrarse aquel que tiene miedo, con los ojos cerrados y apretados, el que sufre, el que se siente solo y abatido, perdido o abandonado. La fe es una cualidad excepcional de ser humano, es un don del pensamiento, es la capacidad de observar todas las posibilidades a la vez sin aferrarse a ninguna. La fe es ya en sí misma una vía de conocimiento. No sé si es intuición, sensación, o soplo pero desde luego es una forma de pensamiento amplio y sin prejuicios, un camino de libertad. Una luz que a la razón abrasa. Casi alcanzo a entender la fe como la referencia de la divinidad en lo humano, como el regalo más preciado con el que vinimos a ser hombres. Es la forma de pensamiento que permite estar al servicio del mundo, al servicio de la renovación de la vida, al servicio de asumir con valor la mortalidad. Porque el sentido de la vida no es morir, porque el sentido de la vida está más cerca de vivir a pesar de morir que del concepto de vivir para morir. Es muy distinto “salir vivo de la vida” que morir como si ese hecho fuera un final.

Nuestro funcionamiento biológico es un continuo final, es un continuo morir, es un continuo fracasar en el intento de ver a Dios cara a cara, y es un continuo nacer, resucitar si se prefiere, a esa aventura. Y, en ese sentir que lo importante de la vida no es llegar a la muerte, se abre el camino del encuentro con los que nos rodean, con lo que el mundo ofrece al ser humano sin tratar de someterlo a nuestros deseos. Se abre la vía del encuentro, de la sorpresa, de la transformación, a ese trabajo por la búsqueda del tesoro enterrado bajo la arena de nuestra propia materia.

Y en ese estar al servicio del mundo con el pensamiento al servicio de la fe, de manera polidireccional, con todas las posibilidades por plantear, puede que sea más fácil discernir qué servicio necesita el mundo de nosotros en cada momento. Quizá las respuestas no sean siempre las mismas, ni siempre aparentemente buenas ni agradables. Una acción tiene muchas consecuencias paralelas. Cómo sabremos si hemos actuado bien o mal. Al morder la manzana de la ciencia del bien y del mal parece que hubiéramos aceptado ese riesgo, esa aventura por conocer y reconocer que no se sabe, y a pesar de eso seguir adelante en el empeño de ampliar nuestra capacidad heroica. Lo importante parece ser el hecho mismo de trabajar aunque el fruto no se muestre directamente.
“Ponerse al servicio del mundo.” No de Dios, que posiblemente no necesite ningún servicio, ni siquiera de los hombres directamente… Ponerse al servicio del mundo. ¿Es que el mundo necesita de la humanidad? Esto quita y a la vez da importancia al sentido de nuestra vida, liberándonos del personalísimo exacerbado en el que vivimos, en el que se estructura nuestro modelo social actual. Nos da sin embargo, como hombres y mujeres, la fuerza de mover el mundo. ¿No es grande esta sensación de que el hombre, un ser tan “insignificante” flotando en la inmensidad del cosmos sobre la superficie de un planeta, que de no ser el nuestro no sabríamos ni que existe, pueda servir al mundo? Se abren nuevas incógnitas… Qué viaje debe hacer el mundo, qué o quienes conforman ese mundo, seres humanos, animales, plantas, minerales, vivos y muertos, los sueños que no se han soñado, las ideas no inventadas, las formas no descubiertas, ¿todo lo que no es forma parte del mundo? ¿El mundo se limita a nuestro redondo planeta?

En cualquier caso, trabajar para el mundo, para que el mundo se mueva, se me plantea como un camino apasionante hacia la libertad y la alegría… Quizá aún no haya sido expulsado del paraíso…

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6 Comentarios

  1. El sentido de la vida
    30 octubre, 2017

    se sentó a descansar en una piedra del camino y, cuando recuperado el resuello se disponía a reanudar la marcha, “¿Y yo dónde coño iba?”.

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  2. Rafa
    31 octubre, 2017

    Señala José Bergamín en su libro sobre la importancia del demonio. que:

    La novela del hombre, empieza a las puertas del infierno.

    El demonio, divide nuestro total sentido de la vida en muchos otros, y así consigue que la percepción que tenemos del mundo, sea una percepción confusa, lo cual lleva a quien ha perdido su fé, o quien no la ha tenido nunca, a perderse supersticiosamente en la vida, y perder su vida en la supersticción infernal de la muerte.

    ” Dejar lo cierto por lo dudoso, es dejar la muerte por la vida, es dejar al demonio por dios, cambiar en definitiva la certeza por la fé “.

    Entiendo que el que pone el mundo a su servicio, deja la responsabilidad de haber nacido en manos de que?; su vida en manos de algo tan efimero como el pensamiento, las emociones, los deseos; construye un dios pensado, que efectivamente está fabricado a su imagen y semejanza.

    Sin embargo, el que consigue abandonarse al servicio de su respiración, de su inspiración, de su espíritu, y vive su ensoñación. Su mirada, su caminar, su música su danza y su ritmo, explicarán porqué y para que decidió la aventura de nacer.

    Un abrazo

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  3. Susana
    1 noviembre, 2017

    Me gusta mucho la expresión “la fe como la luz que abrasa la razón”, no es la luz de la razón, es la luz de la fe la que ilumina cuando buscas, o mejor cuando caminas por la fuerza que te invita a ponerte a disposición del mundo… cuando se produce esto, sales de casa con otro talante, y el mundo es más interesante porque aparece como nuevo, “a estrenar” como los zapatos de tu infancia.

    No es posible mirar cara a cara a Dios, ¡qué osadía¡, pero si es posible traslucir -aunque sea un poquito- el tercer velo de maya, o dicho más coloquialmente, intuir lo divino que hay en el mundo.

    Y es así que podremos leer página a página, desde las primeras y no se si hasta las últimas, los mensajes encriptados de nuestro destino. Gracias por vuestros textos y gracias también por la mano que nos muestra los gérmenes de un proyecto…

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  4. Eolo
    5 noviembre, 2017

    La psicología humana aún no ha superado el heliocentrismo, hermana mayor del geocentrismo, pues siempre sitúa a su indiviudalidad en el centro del universo, cometiendo el error infantil de confundir el mundo con su mundo, y autoreferenciándose permanentemente en todo lo que sucede, pretendiendo una participación en la que sentirse principal.

    La exclusiva capacidad de raciocinio que la especie humana posee, le dota de la posibilidad de crear una cosmogonía que va de lo más elemental a la capacidad simbólica del Mito, de la mera subsistencia a la participación mística con los fenómenos que le rodean.

    Y en las tensiones que componen las interacciones de esos mundos, pocos son los que han podido y pueden, evitar la tentación de sublimar una razón básicamente primaria, haciéndola eje central y dominadora de su naturaleza material, cerrando las puertas a un ascenso evolutivo que exije dioses aparentemente ajenos a los propósitos e intereses personales.

    Todo esto es así, en tanto en cuanto, no se entienden los surcos, los pliegues y la danza que forma los vericuetos del Tiempo. En tanto en cuanto no se admite tu mortalidad, y por ende la finitud de tu vida y su misteriosa vocación interior.

    Solo los ecos de los dioses cotidianos, esa fugaz sombra que se concreta y difumina cuando los sentidos se quedan quietos, es capaz cuando se la escucha y atiende, de romper la letanía sórdida del padecimiento con el que los hombres forjamos el barro de lo divino en nuestras extremidades.

    Así, y solo así, es cuando percibes que no estás Solo.

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  5. Alicia/Afrodita
    9 noviembre, 2017

    Con los “comentarios de El Aventurero” pasa como con los editoriales de los periódicos, que al ir sin firmar no se sabe a quién adjudicárselos, y puede suceder que quien los lee sintonice mejor con unos que con otros, sin saber que cualquiera de los que le gustaron más puede estar escrito por la misma persona que alguno de los que le gustaron menos.
    Así es la vida. De modo que si en alguna ocasión Alicia/ Afrodita – es decir “yo” – me he mostrado impertinente o raspa (acepción octava en el diccionario de la RAE) hoy me tocaría deshacerme en alabanzas y expresiones de gratitud.
    Lo digo por lo que escribes de la Fe.
    Siempre he estado en la idea de que no tengo fe, de que ni siquiera tengo noción de qué es la fe. Y, siempre también, he envidiado a quienes dicen tenerla.
    Al leerte, concretamente la frase “La fe es una cualidad excepcional de ser humano, es un don del pensamiento, es la capacidad de observar todas las posibilidades a la vez sin aferrarse a ninguna.” casi se me han saltado las lágrimas – lo digo de verdad – y he pensado “pues a lo mejor resulta que tengo fe, y yo sin saberlo”.
    Y es que creo que, a veces, buscamos – es un ejemplo, o una metáfora, que me ocurre por cierto y en la realidad con una frecuencia que me desespera – las gafas que llevamos puestas.
    Creo también – ahora voy a ser un poco mal – que hay personas que, no albergando la sombra de una duda de necesitarlas, no echan de menos el ver mejor o más.
    Pero puedo estar equivocada. Tengo una afección en la vista – en la vida real – que me hace ver las imágenes distorsionadas, diferentes de como dicen verlas los demás.

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    • Alicia/Afrodita
      13 noviembre, 2017

      Pero, en realidad – han pasado cuatro días y lo sigo pensando –, la Fe de la que hablas, Aventurero, es la tuya; como tú la vives o como tú la entiendes. Y no puedo evitar el plantearme si al “abrazar” con tanto entusiasmo como expresé al leerla la idea de Fe que tú defines no estaré, de algún modo, agarrándome a un clavo ardiendo tan sólo porque me conviene.
      Vivir sin Fe, o sin saber que se tiene, o sin saber que algo que se tiene es Fe – en resumidas cuentas viene a ser lo mismo –, doy fe (juego de palabras, ya lo sé, tengo ese vicio) de que resulta muy duro. Tan duro que puedo comprender, o eso creo, historias reales o ficticias de personas que, bueno, no pudieron soportarlo y…
      Y que debe de no ser mi caso, imagino, pues ni lo tengo en mente ni en proyecto ni, tampoco, intención alguna de arrojar la toalla después de haber tirado de la carencia tantos años.
      Pero es duro; sí.
      Y porque lo es me pregunto – yo a mi run-run – si a quienes la tienen o tenéis, o parecéis tenerla, o de vuestras palabras se desprende que sabéis o creéis reconocerla, no os estará pasando (aunque no lo sepáis o no queráis pasar el trago de reconocerlo) algo parecido a lo que me ocurre a mí.
      Y es que entre las pocas convicciones que tengo están la de que es muy difícil tener la seguridad absoluta de no estarse haciendo trampas en el solitario, y la de que no menos difícil es darse cuenta – o querer dársela – de estarlas haciendo.
      Nota: No te lo tomes, por favor, como algo personal (cuando además ni sé quién eres). Sólo es una reflexión que hago en voz alta, o mejor “letra impresa” o, a lo mejor, ni eso porque… ¿qué puede tener de “impresión” algo que una vez que se hace clic pierde toda consistencia?

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