Párrafo 13.10

13.10 “¿A qué hay que renunciar? El primer paso que se debiera asumir, aceptar el propio estado con su ruido y sus remansos, y aceptar la lejanía de la propia esencia como parte imprescindible del proceso, aceptar que la manera de enfocar la realidad es consecuencia de limitaciones adquiridas que han ido creando un tejido impostor que emborrona la experiencia, es una de las claves para llegar a leer ese estereotipo al que el hombre confunde con su personalidad real. Hay que dejar de ser víctimas en estado de lamentación, culpando a las circunstancias y a las manipulaciones de los otros”.

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

En el desasosiego de la propia existencia, el hombre culpa a los demás o a las circunstancias de su malestar, sin entender que el motivo es la lejanía de su propia esencia, lo cual forma parte de la vida. La clave está en asumir el propio estado: entender que somos seres inacabados en proceso de formación. Comprender que recorremos un camino que es necesario o más bien ineludible. Estamos donde nos corresponde realmente y no donde desearíamos estar.

No es fácil asumir la lejanía de la propia esencia desde el estereotipo que forjamos a lo largo de la vida. Desde esta impotencia existencial el hombre trata de entender. Pero le cuesta asumir que, desde la limitación, no se puede alcanzar la experiencia real. Desde la impostura no se puede alcanzar la realidad. Es como el pez que se muerde la cola. Y para romper el círculo necesitamos la fe. La fe es el vehículo que debe propulsar la existencia para poder salir del laberinto. Nos ayuda a continuar en el camino con el objetivo de asumir la responsabilidad de haber nacido, para dejar de ser víctimas en un proceso que nosotros mismos elegimos.

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3 Comentarios

  1. Alicia/Afrodita
    31 diciembre, 2017

    Contaba mi madre que había en su pueblo una mujer que nunca había ido al circo y un día sus hijos, o alguien, qué más da, le dijeron que aquel domingo por la tarde – como era de feria – iban a llevarla; y que vería allí cosas muy sorprendentes, pero que viese lo que viese y escuchara lo que escuchase no se asustara, porque en el circo pasaban cosas muy raras y muy increíbles.
    Y se marchó tan contenta al circo.
    Por una de esas casualidades de la vida, con el recinto lleno de gente y en pleno espectáculo el circo se incendió.
    Y todo el mundo corría, gritaba, lloraba, se empujaban los unos a los otros y se pisoteaban en su afán por salir los primeros huyendo de las llamas, Pero la mujer, allí sentada, tan tranquila, imperturbable e impertérrita mirando, y escuchando.
    Total, que en mitad del revuelo algún alma caritativa la agarró, y la sacó a empujones; pero la mujer no lo agradecía, que hasta se enfadó con el benefactor, y se resistía protestando que no, que para una vez que había ido al circo no se quería perder ni un detalle del espectáculo.
    “¿Pero no veía usted, señora, que se estaba quemando el circo?”, luego, ya en la calle; y, ella “sí, pero yo creía que tenía que ser así”.
    Y es que se reacciona frente a las cosas según la idea que se tiene de ellas ¿Verdad?
    Al margen y con independencia de lo que a ojos vista esté siendo la realidad.
    Y no atragantaros con las uvas. Que por una tontería de nada hay historias que prometen alegrías y risas y jolgorio, pero terminan muy mal.

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  2. Mandrágora
    31 diciembre, 2017

    Al asumir el estado de ignorancia como punto de partida al nacer, se nos muestra como una dificultad insalvable a la hora de asumir los instrumentos que la naturaleza proporciona como elementos identificativos de la personalidad, cuando nos cuentan que son meros subordinados de una entidad superior a la cual nos debemos. Desde esta identificación con la que vivimos, se torna como idea rectora un pensamiento ético de las cosas donde nos hacemos rehenes de la valoración social, sin ser conscientes de que la moral social no es más que la suma de muchos egos individuales establecidos como norma. Ese punto de partida nos coloca lejos de a lo que deberíamos aspirar. Parece ser que tienen que ver más con ideales mentales establecidos, no con las leyes de la vida espiritual.

    La búsqueda del yo espiritual, entonces, entroncaría más que con el impulso de negar el yo personal o de servir al mundo en general, atado al idealismo y espíritu altruista que el modelo nos muestra, con la mirada proyectada hacia una entidad de nosotros superior, que debemos creer sabiendo de las limitaciones de las que partimos pero tratando de persistir en la vocación a la que estamos llamados.

    Desde la toma de conciencia de la relatividad en la que se vive, ¿de qué podemos quejarnos?

    Feliz Año Nuevo para todos.

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  3. Rafa
    4 enero, 2018

    ¿ A que hay que renunciar ?, nos pregunta el autor.

    Por lo que se deduce del artículo, hay que renunciar a todo menos a nosotros mismos.
    Ese si mismo ( nuestra esencia ), parece ser nuestra única realidad, pues enfocar esta con las limitaciones adquiridas, nos convierte en seres irreales, en impostores.

    El problema en bastantes casos, es que estamos contentos con el impostor (estereotipo ), por lo que lo confundimos con nuestra personalidad real.

    Pero hay una pregunta fundamental, que nos insta en general a movernos, y es la de que sentido tiene la vida ?.

    Cuando la busqueda de ese sentido, se convierte en una vocación, empezamos a acercarnos a nuestra esencia con mas o menos urgencia.

    Yo creo que mas que lamentarnos culpando a las circunstancias y a las manipulaciones
    (hay que ser corto para teniendo el mismo problema con distintas personas y momentos, no preguntarse; A ver si voy a ser yo ?).

    Como digo mas que culpar a las circunstancias, es que nosotros somos las circunstancias (nos las creamos ).

    Porque como dijo Maria Zambrano. “La primera realidad que al hombre se le oculta es él mismo, porque el hombre es un ser escondido en sí mismo”.

    El autor, tambien nos habla de aceptar la lejanía de la propia esencia, y ahí fallo yo bastante, porque si pienso que está muy lejos, me desanimo; prefiero pensar que está a la vuelta de la esquina ( eso me dá alegria ), por lo que en realidad, debo de estar muy lejos.

    Un abrazo

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