Párrafo 14.25

14.25 “El arte es una intromisión en el imposible concepto de crear. Es la valentía de un intruso que no se conforma con los lenguajes revelados por la Historia conocida. Es una capacidad escondida con frecuencia por el miedo al desnudo que emana de la sensibilidad, pero común a todos los seres humanos. Y es quizás uno de los pocos instrumentos descubiertos por el hombre para renunciar a refugiarse en la parte más reptil de su cerebro. Una extraña llamada a situar los sentidos en la frontera de la consciencia”.

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Es muy posible que el arte y el lenguaje, dos de los rasgos distintivos de los humanos, surgieran juntos. Tanto uno como el otro se construyen con símbolos. Y se podría especular acerca de si estos símbolos son una invención o un descubrimiento. Y, si fuera así, si no hay nada que se inventa, sino que todo se descubre, crear sería recordar aquello que todavía no ha sucedido.
Formas, geometrías, sonidos, ritmos, movimientos y posturas que representan realidades intuidas o posibles. De entre todos los caminos, el artista busca los que no se han transitado. El artista se aventura.
Cuentan los textos de biología que, en los millones de neuronas del neocórtex reside la capacidad de razonar y del pensamiento abstracto. Y también de controlar la conducta y gestionar las emociones y los impulsos. Es, al parecer, la gran adquisición de la especie humana, lo más desarrollado. Un enorme laberinto de pliegues, surcos y circunvalaciones, en el que se construye la realidad y se toman las decisiones.
Pero, el neocórtex se alimenta de lo que le llega de fuera, y todo lo que construye no es más que un holograma, una imagen proyectada, de una realidad más amplia. Lo que piensa, lo que recuerda, aquello de lo que es consciente, no deja de ser una realidad imaginada. Una imagen, que llega a ser más nítida cuando se ilumina desde la perspectiva adecuada.

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3 Comentarios

  1. Rafa
    21 octubre, 2018

    El espacio entre lo consciente y lo inconsciente; esa frontera en la que se produce el miedo a tener emociones y sensaciones no controladas por nuestro pensamiento.

    Por eso tenemos miedo al desnudo, porque nos muestra a un desconocido, a alguien que actua por nosotros; pero el arte no es racional, el arte no puede pensarse.

    Como nadie va a explicar un cuadro de Picasso o un poema de Mandelstan ?.

    El arte no tiene que ver con la facilidad ni la comodidad, ni siquiera con el buen gusto.

    A veces nace del desgarro, es un intruso que muchas veces apela a la parte de nosotros mismos que nos causa dolor.

    Que no espera la aprobación de los demás, y tiene que ver con la esperanza de ser libres.

    Quizá porque el verdadero arte, el más auténtico, es el arte de vivir.

    Un abrazo

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  2. Mandrágora
    21 octubre, 2018

    De la lectura de este párrafo cabe la reflexión si no sería un ejercicio de obligado cumplimiento el trabajar, insistir e ir fortaleciendo la búsqueda para lograr el encuentro de esa consciencia que parece que nos libera, nos catapulta y nos hace sentir que otro mundo es posible. La sorpresa del encuentro a veces se muestra y hace acto de presencia, pero las más de las veces parece recordarnos la opaca maleza existente que dificulta ese algo nuevo que inoportuna y no siempre apetece. ¿Es que es una inoportunidad o debería ser un estado contagioso y predispuesto?

    A lo mejor ahí sí debería hablarse de la educación, que tan ampliamente ha tratado el Aventurero en el párrafo anterior, como una herramienta valiosa que al profundizar e ir desarrollando permite adquirir matices cada vez más sutiles, elevarnos a mayor dimensión, desarrollar otra capacidad de ver, así como el discernimiento de lo que es fatuo e impostado de aquello que hace sentirse en estado de gracia.

    Dejar la posibilidad a que los pulmones se llenen de mensajes que nos hagan crecer a ese otro universo es ir modelando una forma de vida, es sentir que se está en marcha y afinar cada vez más la percepción hacia lo que en el fondo parece todos nos debemos.

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  3. Beucis
    24 octubre, 2018

    El hombre desde siempre ha querido crear, ser como Dios. Lo quiso Dédalo pretendiendo dar vida a sus robots, también Leonardo y el rabino creador del Golem, su sombra desprovista de alma; también Frankenstein, el doctor Jeckyll… Todos fracasaron, toparon con lo imposible. Solo podemos sentirnos creadores, solo podemos sentirnos casi dioses cuando acertamos a ser valientes y pretendemos acercarnos a lenguajes desconocidos; cuando queremos caminar otros senderos; cuando queremos ascender cumbres; cuando nos convocamos y pedimos a las musas que nos envíen su mensaje; cuando nos creemos capaces de transcender nuestro cerebro reptil, y así que nuestros sentidos se despojen como la serpiente de sus camisas, ya purificados y en la frontera de la consciencia, dejen de arrastrarse y elevándose escuchen los cantos de los pájaros de fuego.

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