Párrafo 14.26

14.26 “Para afrontar la poesía y el arte en todas sus dimensiones son requisitos, a más de inspiración y pedir ayuda a los estadios superiores de consciencia, disciplina, valentía y disponibilidad. Pero no es necesario el trabajo en estas cualidades para ser artista, porque todo el que es capaz de percibir una poesía y vibrar con ella se está convirtiendo en poeta, está levantando en sus propios espacios una torre holográfica más alta que Babel que eleva la mirada del mundo hasta contemplar el rastro de los pájaros de fuego. Es por ello por lo que un cuadro vive y se transforma y se pinta tantas veces como es contemplado por un alma sensible. Y es por ello por lo que cuando se escucha un canto esencial, es liberada la energía del sacro y se aviva el plancton de los océanos interiores y se traza una alianza hacia otra dimensión de la razón.”

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Ser capaces de dejar que emerjan nuevos hologramas en nuestra consciencia, eso, requiere valentía. Porque es como precipitarse al vacío, y más lejos de ser un acto suicida será un acto de renacimiento que engendrará algo nuevo. Un pequeño o un gran retazo de nueva realidad sin pervertir.

Todo el que se enfrenta con esta actitud ante una obra de arte estará participando del rito y siendo artista también.

Pero para la creación, debemos conocer el significado de las palabras, cultivarnos en ellas, limpiarlas, seguirlas a lo largo del tiempo, y así, trabajando con ellas, tener la libertad de llegar a rozar al menos algo de autenticidad en los mensajes. Pero no, ahora las palabras se descuidan, se pervierten, no se facilita el conocimiento de su significado real por desconocimiento y falta de estudio y así, con esta falta de atención al lenguaje se está dificultando la transparencia, la posibilidad de descubrir nuevas ideas-hologramas y el acercamiento a nuevos conceptos que hagan ampliar nuestra consciencia y nos acerquen a una necesaria esencialidad. ¿Cómo hacer poesía si no? ¿Cómo jugar con los conceptos si se ignora casi todo sobre la cultura, las raíces, la tradición y todo es dogma, dictado, norma y corsé, disfrazado de libertad, de diversidad, de vanguardia?

Es justo que sólo se pueda invocar a los cantos de los pájaros de fuego desde el conocimiento, la transparencia, el juego y la humildad, nunca desde la ignorancia, la falsedad, el prejuicio y la arrogancia, a los que estamos tan habituados hoy en día en el mundo de lo mediático y de lo cultural. Hay establecida una perversión de casi todo, una inversión de significados, un mundo al revés, una espejismo de libertad, un lenguaje pauperizado sin belleza ni cuidado.

Desde el cultivo primero y desde la potencia, el vigor y la valentía después, tenemos que entregarnos al arte como ménades con vibrantes tirsos, panderos y flautas, “abriéndonos las venas para los demás”, agitando las cabezas, bailando al son de los ritmos antiguos, volviéndonos locos para invocar los cantos de los pájaros, y así ahuyentar la mentira y el racionalismo y un sistema corrosivamente patriarcal que encarcela las vidas y hace perpetuar significados tergiversados, fijados como cimientos ideológicos, que no son reflejo ni del pasado ni del futuro.

Y así guiados siempre por el ritmo del tambor, podremos atisbar los rastros de los pájaros de fuego.

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3 Comentarios

  1. Beucis
    24 octubre, 2018

    Si nos situamos ante un cuadro de Velázquez, del Greco… y convocamos a las musas y, como Homero, rezamos «cántame musa»; si nos sentimos Fausto en el Reino de las Madres… «mal que me pese son las Madres…»; si queremos transitar senderos que nos lleven al amor, que nos lleven al encuentro con ese alma anhelada que nos espera; si hemos sido capaces de cercenar a Medusa, nuestra memoria pasiva, y de su sangre ver nacer a Pegaso, el caballo alado, y con su ayuda poder salir volando de ese laberinto como se nos ha dicho…
    Si somos capaces
    De conmovernos contemplando Las hilanderas, Las meninas…
    De movernos con Rachmaninov
    De emocionarnos cuando se nos dice: «aunque sepa los caminos yo nunca llegaré a Córdoba» o «Señor, ya me quitaste lo que yo más quería…»…
    Si somos capaces de eso, somos poetas, pintores, músicos, porque creamos cuando nos conmovemos y porque cada vez que leemos un poema, cantamos o contemplamos un cuadro, nos convertimos en poetas, compositores o pintores. Somos creadores de arte porque recibimos el mensaje por todos esos caminos secretos que nos conectan con entidades superiores. Y en ese viaje, Hermes, el Mensajero, nos prestará sus sandalias aladas, nos susurrará su mensaje, que irá cambiando —así se nos ha dicho—, él también cambiará, y por todo y sobre todo nosotros cambiaremos, porque hemos liberado energía del sacro y «se traza una alianza hacia otra dimensión de la razón».

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  2. Mandrágora
    24 octubre, 2018

    ¿Qué pasaría si cada uno de nosotros priorizáramos el cultivo de la sensibilidad por cada uno de los vectores que se nos pone a disposición, y tratáramos de buscar y aprender para engrandecernos como seres humanos, llamados a crear y sorprendernos ante lo que la vida es capaz de ofrecernos? Me imagino una sociedad, primero, más culta, mas armoniosa; segundo, menos domable, más crítica con la fatuidad y simpleza que nos inunda; más peculiar, única y, sobre todo, genuina, ante la globalidad banal de un pensamiento marcado por el adiestramiento al que se nos induce y desprovisto de la singularidad y riqueza que cada uno aportaría si no fuera por la homologación a la que se somete al niño desde sus primeras etapas.

    Una sociedad impulsada con mayor esponjamiento, eliminaría trabas y conductas arrastradas a las que ya de adultos toca dedicar grandes esfuerzos para llegar a ese punto de partida del que nunca debió dejarse, para desde ahí lograr conectar con esa otra realidad que no habría por qué emplearse porque ya está, forma parte esencial del hombre. Sería una ruta de obligado cumplimiento para dejar a cada ser, libre de expresión y facultado a sentir y ofrecer su propio lenguaje, expansionar y fortalecer la torre de Babel.

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  3. Rafa
    27 octubre, 2018

    Disciplina, valentía y disponibilidad, parecen las cualidades que debe tener un torero.

    Acabo de terminar un taller de teatro en verso, y he podido percibir de que manera autores clasicos como Lope de Vega o Calderón, no digamos Góngora, transforman la palabra y profundizan en ella para llegar a su esencia, (término que contiene la partícula es, esse, ser ).

    Pero para estos individuos, en primer lugar su vida era trabajo, una consagración a un constante cultivo, un acercamiento al conocer.

    Cuando expresan términos como ofrecer o hacer el amor, se refieren a un sentimiento universal y profundo; actualmente hemos prostituido la palabra de tal forma que hacer el amor, puede referirse al acto sexual muy adornado.

    Despues, o simultaneamente al trabajo personal, ponían su voluntad (disponibilidad) al servicio de lo desconocido, hasta liberar la gota de agua viva, esencial de su cueva sagrada (sacro), para hacer sonar las campanas de la noche.

    O como dice el comentario del aventurero “abrirnos las venas para los demas “, bailando al son de ritmos antiguos ( comentario sugerente y trabajado, enhorabuena).

    Un abrazo

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