Párrafo 15.1

15.1 “Solo puede existir lo que eres capaz de imaginar y solo existe lo que crees que existe. Este viejo axioma revela que el campo de la realidad está alumbrado por los prejuicios formativos y se puede romper por el nivel de disparate de la consciencia, por la capacidad de aventura o por la fe.”

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

+No nos queremos contentar con un espacio tan chato, tan límite, tan pobre. No debemos chapotear en un terreno cercado por nuestra pobre capacidad de imaginar. No podemos permitirnos ser necios y creer que «solo existe lo que crees que existe». No es posible estar satisfechos con una evolución de goteo, con ser masa amorfa en manos del poder; dejar que nos vapuleen, que nos hipnoticen, ser pasto de consignas, de doctrinas, de discípulos de iglesias y sectas que nos aseguren supervivencia. Queremos redimir a Esaú y no vendernos por un plato de lentejas, porque tenemos todo el derecho a la primogenitura y a que no se nos hurte la bendición del Padre. Queremos ser poetas y que por nuestros caminos inéditos vuelen los pájaros de fuego y oír sus cantos, nosotros y los otros. Disparar esa flecha a horizontes desconocidos, al arte: disparate que romperá prejuicios y axiomas podridos. Embarcarnos hacia aventuras desconocidas, anchas, que nos deberán hacer gigantes y tener fe, una inmensa fe, porque el puente entre nuestro estar y nuestro ser se hará cada vez más limpio, vibrante y fluido, y porque nos esperan cien pájaros volando y, sobre todo, porque queremos. Queremos ser Argonautas de nuevos espacios y escuchar mientras navegamos los cantos de los poetas, los cantos de Orfeo.

+La cárcel de la razón tiene infinidad de pasadizos de escapatoria, multitud de puertas de fuga ocultas, velados pasos francos a otras dimensiones de la existencia, pero no conseguimos verlos en medio de la extrema luminosidad artificial en la que habitamos, donde todo ha de estar nítidamente perfilado, referenciado, convalidado, verificado, consensuado. Solo a veces nos llegan atisbos de la magnificencia que se intuye al otro lado de los barrotes que aprisionan nuestra consciencia. También hay otras salidas que conducen a mazmorras frías y desoladas, y los carceleros —en cuya nómina figuramos nosotros mismos— hacen la vista gorda a este tipo de evasiones fallidas: estupefacientes, enajenación mental, suicidio… Trampas que se abren bajo los pies de los que huyen de “la realidad” desesperadamente.
Pero atreverse a imaginar mucho más de lo que palpamos y nos han contado, vivir la vida con la máxima intensidad dentro de la máxima pureza, zambullirse en la más preciosa esperanza sin nombre, hará que los candados y las puertas pierdan su consistencia, se desvanezcan: son meros tigres de papel.

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2 Comentarios

  1. Rafa
    5 noviembre, 2018

    He oido decir en repetidas ocasiones a un maestro que “La realidad es lo que vé el Rey”.
    pero a nadie de los allí presentes le oí peguntar a que rey se refería, algunos porque quizá lo supieran.

    Yo entiendo que me valdría la simbología del rey de bastos, representado con el basto floreado, que equivale al caduceo de mercurio o al báculo del papa.

    En fín alguien que ha recorrido el camino desde el sacro hasta colocarse la corona del rey, en la cavidad craneal.

    En cualquier caso, para ver más realidad debemos abandonar cualquier concepto o prejuicio fijado.

    Evidentemente alguien que imagina que existe más de lo que el cree, sigue siendo el mismo y limitado individuo cuya realidad es ahora lo que cree que existe y lo que imagina que existe.

    El problema de la realidad, es que está en nosotros, en nuestro consciente, pero sobre todo pugnando por salir de nuestro inconsciente.

    Para mí el teatro es un juego; para otros será una profesión, y para algunos, quizá los menos, una vocación.

    Pero para mí como digo, es un juego en el que jugamos a ser otros, en el que jugando, dejamos aflorar distintos personajes desde nosotros mismos, que nos enseñan sobre nuestra realidad de una manera no consciente, intentando dar solución a las distintas situaciones planteadas en un escenario.

    Del mismo modo, entiendo que los diversos avatares por los que pasamos en nuestra vida, no los debe intentar solucionar el mismo personaje de siempre, sino buscar al actor que desconocemos pero que también llevamos dentro para que las afronte.

    Siempre con la fé de que va a salir de nuesto fondo de armario el personaje adecuado, y siempre jugando de una manera muy seria.

    Un abrazo

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  2. Mandrágora
    8 noviembre, 2018

    Voy a pensar que soy capaz de actuar de otra manera:

    Me levanto por la mañana sabedora de que voy a hacer algo especial porque sé que soy especial y quiero sentirme especial. Me dispongo a hacer las cosas cotidianas a la búsqueda de aquella clave o sensación que lo haga distinto. Salgo a la calle pero no como todos los días…, ¿como si fuera a pasar algo que lo hiciera diferente a los demás? Por ejemplo. Y ya en el metro me topo con malas caras, malos modos, indiferencia,… ¡autismo existencial!: frustración. ¿Y qué hacer? Seguramente nada pero con la comprensión y todo el respeto, comprendiendo que la vida no es fácil para nadie y que al no ser capaz, no saber cambiar y darle un tratamiento diferente a la adversidad contextualizando las circunstancias y la contrariedad en lo que vale, uno se abriga en la pasividad de la victimización, en la tristeza y la pesadumbre; ¿pero cuántas personas albergan la capacidad de relativizar y de creer que por encima de lo que vemos y palpamos hay mucho más? ¿Que las más de las veces es una oportunidad de modificación, una llamada de atención a otra realidad si salimos airosos del embate? ¡Qué privilegiada me siento y qué humanidad me debo exigir! A lo mejor ahí comienza mi día especial

    Continúo mi camino hacia el trabajo. Allí…, uff, ¡qué fuera de lugar estoy! No me interesa, no me motiva, no me lo creo, pero ahí toca estar. El corporativismo insustancial, el esfuerzo abnegado por conseguir objetivos las más de las veces sin interés y sin calado alguno, tensiones, aburrimiento, unido a la relación cotidiana con los compañeros de viaje, es una coctelera que no invita a sentirse especial. ¿Y si el añadido especial fuera creer que el sitio y el contexto en el que se está es el idóneo para lograr transformar, para ser capaz de ofrecer dinámicas más amables, poder desarrollar relaciones emocionales que abran otros puentes y predicar desde el ejemplo lo que de verdad hay en uno? ¿No será un prejuicio formativo, que nos dice el autor, creer que lo válido es lo que a uno le interesa? ¿No será parte de esa aventura renunciar a lo que creemos, a lo que queremos, a lo que nos interesa, para dejar paso a lo que nos debemos, nos colocan, nos empujan y nos arrebatan? ¿No será necesario para entrar en esos otros campos de percepción renunciar al yo?

    Al final del día me vuelvo contenta a casa después de haber sentido que verdaderamente ha sido un día especial y que yo debo empezar a creerme que soy especial.

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