Párrafo 15.10

15.10 “Pero aun así el hombre vive a más niveles de los que cree e incluso quiere vivir, y las microexplosiones de información y experiencia anónima sólo necesitan una mirada sin sombra para que surja la transparencia.”

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Que la realidad supera a la ficción es una expresión de uso común extendida, que hace referencia a cómo en la vida se suceden acontecimientos que jamás habrían podido ser imaginados. Si atendemos a la reflexión que en el capitulo X de su República, hace Platón al respecto de las artes imitativas, concretamente de la pintura en este caso, podemos sustraer que la realidad, tal como la concebimos, tal como la percibimos, tal como la miramos, es una ficción en sí misma, pues no sería más que la recreación aparencial de una verdad existente, viva, integrada en lo aparencial, pero que escapa a nuestra percepción.
Cito textualmente :

Si contemplas una cama de costado o de frente o de cualquier otro modo, ¿difiere en algo de sí misma o no difiere en nada, aunque parece diversa? Y lo mismo con lo demás.
-Parece diferir, pero no difiere en nada.
Examina ahora esto: ¿qué es lo que persigue la pintura con respecto a cada objeto, imitar a lo que es tal como es o a lo que parece tal como aparece? O sea, ¿es imitación de la realidad o de la apariencia?
-De la apariencia.
-En tal caso, el arte mimético está sin duda lejos de la verdad, según parece…

Quizá el mundo de las ideas como verdad al que se refiere Platón, no esté tan fuera ni tan lejos de lo real.

Por lo tanto, si de la recreación mimética de la realidad, que es ya en sí misma una falsa en tanto que limitada expresión de la verdad; si de esta imitación verosímil no puede alcanzarse esa verdad, quizá la imaginación y el pensamiento fantástico puedan en mayor grado, dar muestras de aquello que no reconocemos habitualmente: como ya se ha desarrollado en capítulos anteriores, nuestra visión cotidiana se acerca mucho a un estado hipnótico, y está muy conducida a observar de manera localizada, acotada, parámetros de la realidad, construyendo un relato pobre en cuanto a que limitado de lo observado, asumiéndolo como verdad.

Si fuera pues, cierto, que lo fantástico amplia las fronteras de la realidad, ¿podría ser el arte no pretendidamente mimético, una vía “real” y cierta de aproximación a la verdad? Los griegos clásicos consideraban que para representar la verdad de la realidad era necesario mostrar una perfección ideal, acorde a unas proporciones armónicas, el triunfo de Apolo frente a Dionisos. Pero,¿es esa la verdad de la que habla el autor en este caso? ¿Es la verdad necesariamente ideal en cuanto a perfecta? ¿Puede por contraposición la verdad ser un ente dinámico, cambiante? ¿Estaríamos hablando quizá de dos conceptos de verdad distintos o podemos hallar puntos de encuentro? En cuanto a la definición de realidad al menos sí los hay.

Citemos a este respecto ahora a otro autor, el neurólogo Semir Zeki, en una de sus investigaciones titulada “…sobre arte y el cerebro”:

En términos neurológicos, el verdadero arte podría definirse como aquel que muestra más facetas de la realidad y de la mejor manera posible, en vez de su apariencia, por lo que satisface al cerebro en su búsqueda de caracteres esenciales.

¿Puede la actitud artística, exploradora en esencia, desarrollar las capacidades cerebrales hacia una mayor percepción de nuestros sentidos, aletargados e hipnotizados en su día a día, que permita percibir con mayor nitidez aquellos niveles de experiencia que no creemos estar viviendo, a los que se refiere el autor de nuestro libro?

El cerebro sigue siendo un gran desconocido pero, si se sabe algo de él es, sobre todo, a través de su parte visual. Construimos nuestro mundo a partir de imágenes, y nuestras percepciones sensitivas y emocionales se traducen así mismo en imágenes. Algunas no están tan claras, muchas quizá se deban a esas “experiencias anónimas” que puede que no decodifiquemos sencillamente porque no alcancemos a verlas, porque nuestro ojo no resulte capaz de hacerlo. Pero, ¿y si hay otros sentidos que “ven” a mayor distancia que el ojo? Puede que la mirada a la que se refiera el autor no sea específicamente a través de la visón orgánica, y sean otras las sombras a eliminar, despejando necesariamente aquello que provoca la sombra. Pueden ser pensamientos preconcebidos, o realidades materiales sutiles, densidades energéticas que quizá estén impidiendo la fluidez en la transmisión eléctrica del mensaje, esas “explosiones de información”. ¿Podría estar la respuesta en el cerebro, en el cuerpo, o en la energía que genera el pensar rompiendo fronteras que limitan la imaginación? ¿Será esto el soñar despiertos?
Aire y agua, cinceles de nuestra geografía vital, dibujando rastros de luz creada.

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2 Comentarios

  1. Beucis
    9 enero, 2019

    Queremos creernos pobres, sin apenas posibilidades, cómodos con un estar poco exigente y poco responsable, con sombras que nos inundan de nieblas y que impiden que ese otro mundo de ideas, de luz, del que nos comenta el Aventurero, pueda llegarnos y nuestra caverna pueda iluminarse con destellos que pugnan por llegarnos, porque así lo quieren otros que saben, porque también lo queremos nosotros aunque no lo reconozcamos.

    Necesitamos asombrarnos, tener límpida la mirada; necesitamos evolucionar hacia la transparencia, salir de esa cueva de la supervivencia donde nos hacinamos, donde incómodos nos comportamos como el faquir sobre su lecho de púas sufriendo pero sin querer abandonarlo por miedo a lo desconocido.

    Necesitamos ir hacia la transparencia, evolucionar y, sobre todo, creérnoslo, tener fe en nuestras capacidades y saber que los Reyes-Sacerdotes, los Magos es lo que nos traen como presentes por estas fechas en los que adoramos al Dios Sol que nace. Oro, incieso y mirra, tres planos que nos conforman, tres realidades distintas pero que son una en nuestra esencialidad; tres caminos distintos que confluyen, y así, dotados de esta grandeza por descubrir, salir de la cueva y bañarnos de toda esa luz de la que nos habla el Aventurero, de la que nos habla Platón y cantar conmovidos con Goethe «…¡luz, más luz!».

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  2. Panacea
    10 enero, 2019

    En alguna ocasión el autor ha hecho mención a que el Zen lleva al límite a la persona para que se produzca una explosión controlada. Por otra parte, nos dice que los miedos tienen que ver con que no hayamos recuperado las memorias genéticas que llevamos acumuladas a lo largo de la vida y que llegar a la frontera de nuestra capacidad actual es a lo que deberíamos intentar llegar. Y hasta en alguna ocasión ha hablado de morir y volver a nacer.

    Esa nueva mirada sin sombra para que surja la transparencia ¿tendrá que ver con ese estado de alteración de la consciencia que puede producirse cuando se llega al límite de lo conocido? Límite de lo conocido ¿para morir y nacer a un nuevo estado? Un límite marcado por los miedos y las experiencias anteriores pero que desde la sensatez de la búsqueda y el anhelo no siempre consciente a lograr mayores cotas de felicidad, pueden hacer prevalecer esas microexplosiones que recolocan el nuevo puzzle.

    Mejor olvidarse del paraguas racional y conservador, contaminado las más de las veces de recorridos ya sabidos, y muchas veces manidos, para abrazar ese posicionamiento que nos abre a otras miradas y otras percepciones, asumiendo el miedo a caerse y no levantar. ¡Total, nada!

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