Párrafo 15.25

15.25 “Cuando el pelícano hubo repartido los peces entre los que sacralizaban la vida y miraban hacia las sendas de la fe, dejó sus ojos en el quicio de la puerta sexta, vigilando la llave del arca áurea, y voló hacia el océano de mercurio, impasible a los cantos lastimeros de aquellos que inventaban sufrimientos. Los que inventaban necesidades, legiones de copistas, se habían resignado a recibir noticias de la vida colgados en alambres, y el morse transmitía que la resignación es arma del diablo y sella la cabeza y agrieta el corazón.”

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Las profundidades de los océanos guardan secretos que los peces conocen, del mismo modo que nuestras células bañadas por inmensos mares conocen todo nuestro potencial. Cada célula no sólo conoce sus propias funciones únicas sino que también sabe del resto del funcionamiento colectivo, y todas ellas se asocian en un poliedro de miles de caras que finalmente forman un individuo. El pelícano vigía sabe que todos los peces con los que carga no serán para él y eso alimenta su espíritu, el espíritu altruista de entregar la vida y todo lo que ella esconde.

Este texto nos rememora a Cristo, en su capacidad de Amor y entrega y pone en evidencia que la resignación es aliada del miedo qué, como en las películas, nos invita a cerrar los ojos. Esa misma resignación hace que el corazón se vaya agrietando por la sed no saciada de beber del misterio en el que nada la vida y hace que la cabeza invente sufrimientos con los que justificar la falta de aventura. Pero por suerte siempre hay seres capaces de zambullirse en el mercurio del tiempo y traer en sus gargantas sonidos de espacios nuevos que cuentan, cada noche cuando dormimos, que somos peces que buscan respirar el misterio que dio origen a nuestra vida.

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2 Comentarios

  1. Eolo
    24 abril, 2019

    Entre los antiguos brahamanes se entendía que la luz del cosmos no tomó forma material, como lo hicieron las otras seis bengalas. Para ellos sin esa séptima fuerza era imposible concebir el universo (interior), y aún cuando el pez como símbolo de la individualidad suprema, y la fe como motor de la transformación vital, formaban parte de la existencia transcendente, hay un último paso que queda representado en el texto en “los ojos (del pelícano) vigilando la llave del arca aúrea”.

    El séptimo arcano tiene que ver con la integración esencial y la disolución del Ego para adquirir la hiperconsciencia, un trayecto impensable al que luego se denominó “camino real”, del que nada se sabe y todo, en cambio, se revela. La moneda de cambio es desprenderse de la luz de hierro en su mortalidad, el tiempo y la mente.

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  2. Beucis
    27 abril, 2019

    El pelícano emprende el vuelo. El Cristo de la Era de los Peces ha cumplido su misión con los que sacralizan la vida y miran las sendas de la fe; con aquellos que no inventan sufrimientos, ni se resignan, ni quieren ser copistas con la cabeza sellada y con el corazón agrietado. Hombres que se sienten elegidos porque han querido y han sabido elegir un camino no fácil pero que les llevará a iniciar una evolución y un compromiso.

    El pelícano lanzó redes de donde escaparon peces que fueron devueltos a las aguas con memorias de sales profundas, y los peces que quedaron han sido repartidos entre los justos que siguieron el mensaje. Y es entonces cuando emprende el vuelo, cumplida su misión, impasible con los que quieren retenerlo. Y otro pelícano, el nuevo Cristo, irá guiando al hombre en esta Era que ha comenzado: Era de Acuario. Era de verdad, de transparencia, de aguas con sales cada vez más claras, más puras, y el hombre se irá haciendo más hombre, estará llegando cada vez más cerca de su dios interno.

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