Párrafo 15.8

15.8 “Desde esta simple descripción se iluminan dos preguntas: ¿Cuántos hombres viven hipnotizados?, ¿cuántos hombres no? Si por medio de cada uno de los sentidos se puede condicionar la consciencia, y hasta controlar las respuestas y los grados de pensamiento subjetivo, si las imágenes sociales son iconos repetidos desde las pantallas, la moda, la publicidad y el arte, si los oídos escuchan ruidos maquinizados y para descansar los mismos ritmos binarios, si todas las personas huelen a esencia de flores de laboratorio conservadas en alcohol hasta el extremo de que llega a asquear el olor personal, si todos condicionan sus papilas a azúcares sintéticos cristalizados, si los humanos viven en habitáculos con paredes y suelos cableados y sometidos a las consecuencias de los campos magnéticos que crea el paso de los electrones, si todo esto se está produciendo y si alguien tuviera la capacidad y el poder de indizar imágenes, sonidos, colores, olores, sabores… una gran parte de la sociedad estaría condicionada en sus pensamientos, intereses y decisiones, estaría en un estado en el que se darían muchos requisitos para calificarlo de prehipnótico.”

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

En cuentos, leyendas y mitos se nos habla del Reino Dormido, de ese reino yermo y desolado, donde todo se paraliza desde el instante en que el hada, la madrastra, la diosa, irrumpe en la fiesta furiosa porque no ha sido invitada, porque no es la más bella, porque desde ese momento de ira, de reconvención, desde ese momento de maldad por parte del ser superior que se siente menospreciado, el Reino queda sumido en letargo. Las malezas crecen alrededor del castillo; los caminos se borran; el polvo desdibuja las formas, y se queda a la espera, a la espera ¿de qué? De alguien superior que nos redima; de alguien superior que nos dé su amor y con un beso devuelva la vida y despierte al dormido.

Pero el hada, la madrastra, la diosa, no han hecho otra cosa que dejar dormido al que satisfecho de su ser, de su poder, de su confort, no asume su responsabilidad, no quiere mirarse en ese espejo que, además de devolverle la imagen de su belleza, le muestra también su parte oscura, su Hécate en los infiernos, la parte oculta de su luna. Y no quiere, no quiere contemplarla, no quiere integrarla para llegar a su ser trinitario, que no tiene que ver con su antigua dualidad.

Todo duerme a la espera del héroe que redima, del príncipe que con su amor despierte a la bella.

Pero es que no es así. Es que Arturo tiene que amar y abrazar a su sombra, a ese temido Caballero Negro, y juntos empuñar la espada Excalibur, salida del agua, ir a la búsqueda del Grial, y así, Camelot, el Reino, también despertará y todos los caballeros, también.

Y nosotros despertaremos de este sueño hipnótico del que nos habla el Aventurero. Hipnos, el Sueño, es hermano de Tánatos, la Muerte, y hace mucho que nos tiene abrazados y sometidos, mucho tiempo en que nuestras decisiones son delegadas a otros: Nos basta una papeleta para que cedamos el poder a un mediocre. No sabemos si mueven nuestros hilos, si somos marionetas, ¿de quién, de quienes?, ¿para qué? Hemos delegado nuestra responsabilidad y dormimos.

No hay un sueño que nos enriquezca y nos permita evolucionar. Morfeo está encadenado, y mientras el Reino está yermo, las princesas en letargo, nuestro yo inoperante.

Pero nos basta con querer; nos basta con decirnos un «quiero y que sea desde ahora mismo» para romper trabas, desanudar el nudo de Gordio y alcanzar himalayas de nuestra evolución. Entonces Argos, el Vigilante, dejará salir a IO, nuestro yo profundo, de su cueva protectora para recorrer caminos que la llevarán, asumiendo retos, a ser la gran diosa Isis.

Ya es hora de que entre todos podamos romper iconos de modas, de sonidos mecanicistas, de danzas binarias, de perfumes y sabores sintéticos; hora es ya de que nos busquemos a nosotros mismos y a nuestro dios interior, también de pactar con el enemigo; que «nos amemos los unos a los otros como yo os he amado», y ya es hora también de que Moisés alcance la Tierra Prometida. Amén.

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3 Comentarios

  1. Loli
    27 diciembre, 2018

    Cuando en algún momento alguien formado en la denominada Medicina convencional, con años de experiencia en el ejercicio de su labor, se da cuenta y lo trasmite que nuestro organismo se puede abordar desde aspectos ligados lo que denominamos “mitos”, y que, además, ese descubrimiento no es nada metafórico, sino que responde a una realidad biológica mesurable y tangible, empiezan a chisporrotear en nuestra trilladas fórmulas de pensamiento, pequeñas lucecitas de ilusión que nos sorprenden.

    Quizás muchas veces las desechemos y las mandamos encerrar en el baúl de nuestro inconsciente, allá en las profundidades del aprisionado límbico, junto con las experiencias más reales y mágicas de nuestra niñez.

    Sin embargo, también es posible que no podamos deshacernos de su impronta, y algo nos impulse a seguir mirando desde cristales distintos a los que nos impone el consenso de muchas “razones pequeñitas” pero que se han llegado a creer “omnipotentes”, y de pronto, todo el relato sobre lo que supone que somos, empieza a desmoronarse.

    Cuando, desde la preparación basada en el “rigor científico” y la experiencia de su propio trabajo, alguien te muestra que en tu organismo puede existir el “concepto mítico del laberinto”, y en proporciones y localizaciones importantísimas para la vida, el corazón te da un vuelco, y todos los tediosos parámetros y definiciones que has tenido que colocar, de la manera en que has podido en tu cabeza, para archivarlos y administrarlos como “conocimiento”, de pronto parece que se empiezan a mover solos y a colocarse donde verdaderamente deben…

    Los tiempos en que las obsesiones se aplacan, cuando se intenta asumir el control desde la voluntad de aquello a lo tienes acceso, como es el caso de la respiración, a veces empiezan a aflorar sensaciones, recuerdos que no requieren de ninguna definición, de ninguna catalogación, de ningún juicio….salen y les contemplas…ya está, no pasa nada por ello.

    A veces, también, en cierto estado de sosiego, podría decirse que fuera como si cada órgano hubiese acumulado, registrado y archivado sus propias dosis de experiencias, de energías empaquetadas en forma bioquímica, pero que te reservan una sorpresa si eres capaz de romper los ruidos, y asumir el compromiso de aceptar tu estado….de mirarte desde la mayor serenidad posible…”escuchar el canto de las sirenas….y salir vivo de la experiencia”.

    El recorrido del aire dentro de nosotros, es un recorrido que seguramente podemos hacer consciente desde la atención, un recorrido que quizás, también, podemos untar de una intención firme que vaya más allá de las posibilidades físicas en las que nos encontremos cada uno.

    Impregnar la actitud de una voluntad de atención, de consciencia, no significa conseguirlo, me parece, pero de algún modo, y de alguna manera, estamos conformados para que aquello que aún no podemos hacer mesurable, sin embargo seamos sensibles a su acción.

    Impresionante comentario, Aventurero.

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  2. Rafa
    28 diciembre, 2018

    Ciertamente, gran parte de la sociedad se encuentra condicionada en sus pensamientos, intereses y decisiones.

    Es más opino que esto no es nuevo ni exclusivo de la esta epoca que nos toca vivir, y que cualquier adoctrinamiento o adiestramiento mecánico que induzca a la repetición te situa en un estado prehipnótico.

    No tenemos mas que observar las actitudes adormecidas que adoptan nuestros sentidos en multitud de situaciones.

    Ponemos el neocotex en modo hipnosis y simplemente seguimos el comportamiento que hemos aprendido o nos han enseñado.

    Por tanto un individuo con ciertas capacidades, puede dominar el pensamiento y la voluntad de otro u otros.
    Ejemplos de estos estados de hipnosis colectiva se han dado con trágicos resultados, en suicidios masivos por la simple orden del lider de sectas pseudoreligiosas en EEUU, en la Guayana etc… como tristemente recordareis.
    Otra evidencia más curiosa aún de este tipo de autosugestión la tenemos en movimientos como El Nazismo en Alemania, o el Socialismo de La Unión Soviética.

    Pero entiendo que también existen pruebas de autoconvencimiento social de determinadas situaciones mas sutiles, sin apenas propaganda.

    Por ejemplo, todos deseamos erradicar la pobreza de la faz de la tierra cuando somos preguntados, pero si se acerca por la calle alguien desastrado con ropa muy vieja, pensamos que puede perjudicarnos de alguna manera, aunque fuera San Dimas que hubiera bajado a la tierra,
    Sin embargo con mas facilidad, podría estafarnos un individuo con corbata elegantemente planchada y con impecable traje de Armany.

    De tal manera que si alguien nos los ponen delante, solo nos atraeran los iconos repetidos, escucharemos los sonidos maquinizados y oleremos las esencias de flores de laboratorio, pues tendremos la consciencia condicionada por unos sentidos alterados para solo ver, oir y oler lo que queremos.

    En definitiva nos colocamos en una situación hipnótica en la que nuestra consciencia reacciona siempre igual a los mismos estímulos, dando las mismas respuestas.
    Ademas de encontrarnos cómodos con esta situación porque las sociedad nos premia o castiga en consonacia de que la respuesta sea la esperada.

    ¿ Y como salir de esta situación ?., pues yo personalmente estoy en ello.

    Pero lo que si tengo claro, es que cuando en una habitación llena de gente, entra alguien que no tiene miedo a ser diferente, con una energía limpia, siempre sabes donde está, aunque no le estés mirando.

    Cuando vamos al teatro y nos presentan algo que altera nuestra consciencia e invita a la reflexión.

    Cuando estamos frente a alguien que pronuncia palabras nuevas, con mirada transparente, un científico o un poeta que de verdad los son, o leemos algún libro que nos genera cambios.

    Despertamos de nuestra hipnosis, nos produce alegría, y como dice un poeta amigo mio, te hace pensar ” Que no tiene límites tu cuerpo ni orillas el mar “.

    Un abrazo

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  3. Mandrágora
    30 diciembre, 2018

    Cabe preguntarse si ha habido algún momento en la historia en que no se hayan inducido creencias, hábitos y culturas para ejercer amplio control y dominio. Tan intencionado parece que se ha profesado el adoctrinamiento de todo lo que rodea la vida del individuo como este ha pasivizado su conducta y ha claudicado sometiéndose. Eso tiene un precio.

    Valores de toda la vida que han sido estandarte de generaciones, por colapso o esnobismo se están resquebrajando. Es momento ideal para abordar intentos que tengan que ver con un nuevo resurgimiento. La distorsión y el confusionismo propicia mucha locura y mucha frustración, también la posibilidad de beber de otros referentes que no sean los establecidos.

    Difícil es desoír lo que tan ampliamente sigue instalado; más fácil resulta cuando lo instalado empieza a ser cada vez más aberrante y caricaturesco. El histrionismo exagerado y la burda representación de lo que se nos ofrece, seguramente hace de elemento impulsor para fraguar distintas hormas; hormas que posteriormente habrán de desecharse como camisas de serpiente que se abandonan por el camino como sucedáneos que no sirven, hasta poder alimentar los sentidos y la mente de impulsos que tengan que ver con el encuentro de uno y, por tanto, de los demás.

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