Párrafo 16.15

16.15 “La mayoría de los laberintos trazados son juegos que intentan confundir o desorientar, y están construidos hacia un abanico múltiple de opciones que convergen o divergen formando enigmas analíticos conscientes. Sus diseñadores los recomendaban como artificios para convocar el adiestramiento del lóbulo cerebral izquierdo.”

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Parece que la palabra laberinto está relacionada con el concepto de labor o trabajo y también con la idea de labrar, trabajar la tierra. Existen laberintos históricos en muchas culturas tanto de oriente como de occidente y quizá el más conocido para nosotros es el mítico laberinto de Creta, inscrito en la historia del rey Minos, Dédalo y el Minotauro. También el de la catedral de Chartres.

Éste último tipo de laberinto es tan solo un camino o un espacio geométrico que se recorre hasta el centro. El camino está trazado y simplemente se recorre, no presenta encrucijadas en las que haya que elegir. Por tanto no es una prueba en la que podamos quedar atrapados. Se entra, se llega al centro y se sale, en el mejor de los casos. El laberinto no tiene porque ser únicamente un recorrido físico. Puede ser un recorrido gráfico que al realizar con la mente permite ejercitar determinadas funciones del cerebro.

El laberinto planteado como juego, por tanto, parece una herramienta de trabajo cuya idea podría ser la de compensar energéticamente nuestro cerebro. Al recorrer otros caminos o trazados diferentes e incluso inversos a los que obstinadamente recurrimos podríamos estar equilibrando energéticamente nuestro funcionamiento cerebral o descargando determinadas zonas. Son actividades neuronales opuestas a las que generan esos otros trazados de múltiples opciones que pretenden desorientarnos y que nos llevan a enigmas analíticos conscientes.

¿Se podrían considerar laberintos de trabajo situaciones mentales que se nos presentan en las que nos enfrentamos a nosotros mismos ante determinadas contradicciones, paradojas y cambios alternativos de argumentos? ¿Podrían ser estas situaciones que nos conducen forzosamente a caminos inexplorados, laberintos que nos ayudan en un trabajo de limpieza y equilibrio, como si estuviésemos labrando la tierra, desbrozando y preparando el terreno para una siembra? Me gustaría pensar que sí, y que de forma compleja pero lúdica forman parte de un ejercicio que nos prepara para la no resistencia mental hacia la evolución.

¿Son, en fin, los laberintos ejercicios que nos capacitan para una cierta iniciación?

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