Párrafo 16.4

16.4 “En esta fase de iluminación malva, la visión interna puede reconocer las geometrías que describen las estructuras de una naturaleza sutil sobre la que se organiza el plano poroso manifestado en forma de cuerpo físico.”

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

En esta iluminación malva, nuestra visión interna con los sentidos amortiguados, la razón limpia y circunscrita a ser instrumento imprescindible pero no meta primordial, la consciencia emprende un camino que la conduce a la felicidad. Se va a poder reconocer esa otra naturaleza en la que se dibuja lo que después sabremos que es la iniciación de la creación en el cuerpo físico; creación perfectamente diseñada en otros planos superiores. Nuestro ser se abre, todavía imperfecto, en el plano poroso de la materia. Estamos todavía en el capítulo de nuestra iniciación, en un trabajo de evolución. El siete, ese número que se abre en un trabajo, eslabón de trabajo, y que una vez concluido este va abriéndose sucesivamente a nuevos horizontes que alcanzados tampoco se cerrarán, forman una cadena que parece infinita. Nos espera el ocho. Ese octavo día de la Creación, lleno de dificultades y que como nudo de Gordio deberemos desentrañar, trabajar, deshacer, nunca cortar, porque el camino fácil lleva a metas tempranas que pronto se acaban. Hay que seguir la enseñanza de Dionisos el dios, nunca el emprendido por Alejandro.

Harum al Raschid, el califa sufí de Las mil noches y una noche, enseñó a su amada Scherezade a llegar al nueve, número perfecto, soslayando el trabajo ingrato del ocho. No fue una buena enseñanza; también los sabios se desvían. Al nueve tenemos que llegar con trabajo, ascesis, humildad, cayendo, levantándonos y siguiendo… Y alcanzada la iluminación malva, la que llega de fuera y atraviesa el neocórtex, se reconocerán las estructuras sutiles que se manifiestan como cuerpo físico.
«¡Hágase la Luz…!», y la Luz fue hecha.
«Y en el principio fue el Verbo…», y el Verbo se hace carne y habitó entre nosotros.

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2 Comentarios

  1. Rafa
    23 mayo, 2019

    Parece ser que el universo no se repite nunca, pero construye en formas geométricas repetidas que describen estructuras sutiles.

    La concha del caracol es una espiral, y tambien la forman las galaxias organizando las estrellas, o el brecol.

    La naturaleza sutil se manifiesta por lo tanto en una geometría que se ha dado en denominar sagrada, que solo los que alcanzan la visión interna de su universo pueden reconocerla en el plano poroso manifestado en forma de cuerpo físico.

    Existe un color que se percibe en la fotorrecepción simultanea de los conos azules y rojos del ojo humano.

    Este un color que guarda una variedad cromática que se encuentra en denominaciones como púrpura violeta, violeta espectral, azul purpura, lavanda, magenta oscuro o malva.

    Tiene una simbología infinita pero a través de la historia, el púrpura se considera un color que imprime dignidad, que está cerca de nuestra visión “espiritual”.

    Se ha usado en los tintes que se daban a los emperadores romanos, y mas tarde en los hábitos cardenalicios y papales.

    En cualquier caso, como yo no he llegado a la fase de iluminación malva, si alguno de los lectores lo ha hecho, podríamos seguir hablando.

    Un abrazo

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  2. Panacea
    23 mayo, 2019

    Como nos dice en el párrafo anterior, la iluminación es la luz que entra por el neocórtex, la luz interior. Dos planos, dos contrastes que, desde la persistencia infatigable y la fe en que nada es imposible, responde al reclamo de algo que habita en el hombre más allá de la superficie tangible y manifestada, con vocación de perdurar y, como tantas veces se nos dice, con decisión de cumplir tu destino.

    Dejar que las experiencias de lo superior vayan penetrando en la certidumbre que habitualmente sostiene la temporalidad, implica el paulatino desplazamiento y pérdida de vigor hasta lograr ese estado de vacío, al que tanto nos aferramos por querer seguir sentirnos protegidos por lo conocido, generalmente alimentado desde los sentidos.

    Renunciar a ese plano poroso manifestado para incorporar lo que nos llega como mensajes irrefutables desde la iluminación malva, se me antoja como la razón de vivir para alcanzar la purificación necesaria que aúne los dos planos, los dos contrastes.

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