Párrafo 17.13

17.13 “Por eso, mientras el ser humano se distraiga en conceptos duales como inocencia y culpa, no estará sustentando en el amor el paso firme por el camino de la fe. En la inocencia y la culpa han basado casi todas las doctrinas la influencia y el dominio ejercidos en torno a la conducta y la norma”.

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

La necesidad de justificar nuestros actos en vez de asumir nuestra responsabilidad, o el hecho de sentirnos culpables ante unarealidad que ya no podemos cambiar, no parece que ayude en absoluto a modificar el equívoco cometido, sino a entretenernos en el proceso y tal vez, por ello, no remedar nunca el error. ¿Qué más da ser inocentes o culpables, si los conceptos de inocencia y culpa no los entendemos en toda su magnitud?. ¡Si hay millones de matices de la realidad que ni siquiera percibimos, y además parece que estamos dotados de un inconsciente que omite todo aquello que no podemos admitir! Es evidente que nos enredamos en estos conceptos porque queremos ser inocentes, pero,¿no sería más sencillo y corto el camino de reconocer que somos culpables, y desde esa culpabilidad lanzar un vector esperanzador, sabiendo que todo acto es modificable a través de la fe? La fe en que un acto puede ser redimido. Pero la redención hay que ganársela, asumiendo en primer lugar la responsabilidad de tus actos. Sin justificación, ni evasión, ni consenso mutuo. A pelo. Asumir que somos responsables de todo lo que nos sucede, adquiere una madurez difícil de asumir desde nuestro estado. Y de esto se han aprovechado casi todas las doctrinas religiosas, basándose fundamentalmente en el miedo al castigo, porque una muchedumbre atenazada es más fácil de dominar. Desde estas murallas inexpugnables construidas en torno a la razón, es ciertamente difícil cualquier nuevo planteamiento.

Al final del párrafo 17.5, el autor nos presenta los conceptos de inocencia y culpa: “los dos parámetros heredados de ideogramas religiosos que basamentan el mundo civil, están escondiendo el rayo liberador de la responsabilidad”. De esta manera nos está recordando un camino muy claro: responsabilidad en primer lugar, fe como vector de transformación y amor como único sustento en que apoyarnos.

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4 Comentarios

  1. Rafa
    6 abril, 2020

    La Bondad y la Maldad, para el Universo cristiano.

    La Justicia y la Injusticia, en la Lex romana.

    La Belleza y la Fealdad en la Filosofía griega.

    «Ni el más valiente de nosotros tiene rara vez la valentía de admitir lo que en definitiva sabe».

    Friedrich Nietzsche ( Apolo y Dionisos )

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  2. Loli
    7 abril, 2020

    «…rayo liberador de la responsabilidad», centrándome en esta frase, Aventurero, me da la sensación de que es libertad pueda venir desde que al asumir la responsabilidad, muchas veces en un acto de fe, o más bien de valor, desde el estado en algunos debemos asumirla, pueda llevar implícita un aumento, o un vector hacia ello, de la consciencia….aunque no podamos percibirlo, o notarlo.

    El mantenerlo, el afianzarlo, es lo más costoso, quizás

    Un abrazo

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  3. Beucis
    7 abril, 2020

    Un mismo hecho percibido escalonadamente y a ráfagas por los distintos sentidos nos muestran una realidad imperfecta y poliédrica que se faja todo lo posible para no dejar pasar mensajes incontrolados de otros estadios de evolución. Y no lo consigue. Tenemos que beber del árbol de la ciencia del bien y del mal, tenemos que asentarnos en la dualidad difícilmente conquistada, discernir, juzgar, escoger entre esto y aquello, y así iremos creciendo y así fundiremos nuestros dos segmentos del cerebro, con tanta dificultad delineados, para conseguir ese estado trinitario, meta de nuestra búsqueda.

    Deberíamos tener claro que chapotear en lo bueno y en lo malo, en la inocencia y la culpa es el gran obstáculo para nuestro trabajo, una gran trampa con la que todas las doctrinas, todas las iglesias, han aprisionado al hombre y han roto el puente que la fe tiende entre el estar y el ser. Eludiendo la responsabilidad estrechamos los grilletes que impiden nuestra evolución.

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  4. Panacea
    10 abril, 2020

    Quisiera referirme al comentario hecho por el Aventurero cuando se refiere a si no sería más sencillo y corto el camino de reconocer que somos culpables…, etcétera. Yo no creo que en el texto del autor pueda caber la culpabilidad ni siquiera como punto de partida; tampoco creo que pueda lanzarse un vector esperanzador desde la culpabilidad. Es como socavar un agujero para luego intentar salir de él. Pienso cada vez más en la adversidad, con todos sus matices, como instrumento y medio necesario para la transformación y logro de una felicidad a alcanzar. Quizás vaya más en la línea de abrazar e integrar lo no deseado como parte de esa unidad que conforma un todo —y nosotros somos parte de ese todo—, a ese continuo seccionar y fragmentar configurándolo en función de la valoración previa que nos hagamos.

    Convivir con lo que se podría manifestar como rechazable, adverso y a veces me pregunto cómo digerir lo abyecto, sería como incorporar los diferentes estadios que pueden darse en el camino evolutivo del ser humano no como algo a suprimir, sino a cambiar, a modificar y a transcender. Si se fuera capaz de incorporar las diferentes fases oscuras que nos acompañan a cada uno como múltiples caras de un poliedro que ahí están pero no dejamos que se muestre, la tolerancia y el amor del que nos habla el autor en su comentario lo vería ligado a aquello que en ocasiones ha citado de «soñar al otro», es decir, verlo en sus múltiples capacidades, no en nuestra carroñera visión como ser inferior.

    Viene a colación una cita que sobre este tema ha desarrollado mucho más ampliamente Aurobindo:

    «…tanto el éxito como el fracaso pierden sus actuales significados. No puede haber fracaso, pues cuanto suceda es la intención del Amo de los mundos, no final sino un paso en su camino…». «…el fracaso se produce como rectificación y se acepta con calma, sin desánimo ni fluctuación de la voluntad. Al fin se descubre que el fracaso no existe como tal, y el alma se deleita pasiva o activamente en todos los sucesos como pasos y formulaciones de la Voluntad divina».

    «Y tanto con los sucesos como con las personas, la igualdad procura un cambio integral de la visión y de la actitud. El primer resultado es procurar una creciente caridad y tolerancia interior hacia todas las personas, ideas, criterios y acciones, pues eso se ve en el sentido de que Dios está en todos los seres y cada uno actúa de acuerdo a su naturaleza y sus formulaciones actuales».

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