Párrafo 17.24

17.24 «Se podría decir que solo puede ser bueno aquel al que su intelecto permite el suficiente discernimiento. Así pues, la bondad sería consecuencia del desarrollo de la inteligencia. La estructura ética se va simplificando a medida que se conquistan nuevas funciones, se despejan las trabas que obligaban a los miedos a protegerse tras la complicidad social establecida.»

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Aún no sé si es válido el corolario lógico que el texto me sugiere, a saber: cuanto menos le permita discernir a un individuo su intelecto, más malo tenderá a ser ese individuo. Si la bondad es consecuencia del desarrollo de la inteligencia, también, a la inversa, lo es la maldad. De ahí que ignorancia y maldad sean lo mismo.

Es aparentemente demasiado socialmente injusto este silogismo. ¿Son más perversos los que pertenecen a las capas menos favorecidas de la sociedad, los que han tenido menos posibilidades de formación? No. No, a pesar de que, en el fondo, sea esta una idea hipócritamente muy extendida. Porque el concepto de maldad no debería identificarse con el de malevolencia, sino solo con falta de bondad, con la existencia de trabas para la evolución. Y porque en realidad lo que aquí llamo ignorancia no es mero desconocimiento, no es mera falta de información. La ignorancia, desde este punto de vista, sería la incapacidad real para discernir (en sus diferentes y variados grados), pero negándose a asumir dicha limitación. La ignorancia sería una especie de íntima reafirmación en el desconocimiento, que estaría evidenciando un oscuro acto de soberbia: el de atreverse a suplantar a la sabiduría, y por lo tanto a la bondad.

De ahí que existan las leyes: ante la eventual incapacidad de discernimiento por arrogante obstinación en la ignorancia de cualquier individuo, necesitamos establecer de manera colegiada (cómplice) un juicio de valor, una norma, una “inteligencia social” en definitiva, que esté por encima de la capacidad de discernimiento de los individuos. Aunque para cada dilema y en cada momento la verdadera Ley puede que sea muy otra.

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2 Comentarios

  1. Rafa
    22 junio, 2020

    El término discernimiento que se forma con el sufijo latino mentum, es un medio para acceder al conocimiento y la verdad.

    Se puede discernir bien o mal, es decir acertando o equivocándose hasta que aciertas, pero lo importante es no dejar de discernir, de esto voy a citar algunos ejemplos a mi modo de ver representativos.

    En nuestra situación actual de confinamiento por llamarlo de algún modo, todos estamos pensando mucho, pero casi nadie bien.

    Casi todos estamos saliendo de casa con un lema (panfleto), debajo del brazo.

    Existen opiniones de todo tipo, Krisnamurti dice…., Ortega y Gasset hablaba que…., a favor o en contra del gobierno y de como cada uno hubiera arreglado la pandemia antes y mejor…..

    Pero la verdadera reflexion sobre uno mismo y los otros a traves de la observacion sin juicio previo (oportunidad de aprender) yo creo que se ha hecho muy poco, porque la mayoria, las mas de las veces nos hemos protegido detras de la complicidad social establecida, y porque no se puede acertar dando a entender la seguridad de que estas acertado, es una limitacion al desarrollo de la inteligencia.

    Por si fuera poco hay limitaciones impuestas . Ahora que salimos a la calle, la imposicion de la mascarilla para no tener miedo al otro, el no aprender de su rostro y sobre todo de su sonrisa, hace que la mascarilla nos fuerce a utilizar otra máscara mas.

    Otra limitación al desarrollo de nuestra inteligencia, o si preferis la opotunidad de volvernos buenos, que yo creo que lo estamos deseando.

    Un abrazo

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  2. Panacea
    28 junio, 2020

    Partamos de la base de que en cada uno habita lo que llaman el Árbol del bien y del mal, esto es, en cada uno de nosotros se da la dualidad, los dos polos opuestos, la contradicción. Nacemos con una carga a transformar y ser redimidos y, por tanto, con la oportunidad de desarrollo hasta lograr la culminación. Parece ser todo un privilegio.

    El mal o la adversidad como compañeros de viaje no nos puede permitir estigmatizarnos como personas buenas o malas, no se nos puede tildar de nada puesto que el esquema en el que se bautiza a cada uno y se le etiqueta es en sí una falacia; cada ser humano habita con los dos polos simultáneamente. Otra cosa bien distinta es de qué manera lo trabajemos o qué elección hagamos desde nuestro libre albedrío para salir más limpios de esta vida corporizada o emponzoñarnos más y más.

    La negatividad, el mal y todo lo que conlleva las carencias de las que partimos es, por otra parte, toda una oportunidad que se nos brinda para abrir campo en cualquier sentido: desde una mayor inteligencia, un mayor discernimiento, una capacidad evolutiva, que se traduce en ser cada vez más finos en nuestros sentimientos y forma de actuar.

    Quizás el gran logro importante del que debiéramos partir es el de no alejarnos y repeler como algo desechable todo aquello que repudiamos desde nuestro código de conducta establecido y no queremos se nos relacione, para ir liberando toda esa grandeza que alberga en cada uno de nosotros.

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