Párrafo 17.27

17.27 «Hay espíritus malignos que frecuentan los cementerios de ideas que enterraron los eruditos. Se despiertan, y sus espectros confunden a los que se sienten poderosos y acechan durante siete años a los que se duermen delante de los televisores.»

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

La erudición, entendida como mera acumulación de datos, dista mucho del conocimiento. Dejaría un cementerio de ocurrencias, más que de auténticas ideas. Esta maraña de datos, a modo de doctrina, invadiría las mentes de los que se sienten poderosos, alimentando aún más sus ansias de poder, y también las de los aletargados, que se conforman con asumir el modelo sin cuestionarse absolutamente nada. Entenderíamos así esos “espíritus malignos” como verdaderos portadores del mal.
Pero cabría preguntarnos qué entendemos por bien y mal. Si concebimos el mal como un elemento que no te permite quedarte parado, sino que te obliga siempre, aunque te resistas, a mover ficha, entonces la lectura cambiaría. Concebir el mal como un impulso necesario para la evolución, permite otra lectura muy diferente de las experiencias. Entonces vemos los matices que plantea el autor cuando dice que “ confunden” a los poderosos y “acechan” a los aletargados. El mal se convierte así en una herramienta del bien, cuando la finalidad última es la evolución.

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1 Comentario

  1. Loli
    23 julio, 2020

    Parece que la vida no admite parar.

    ¿Es posible que el espacio que no vemos, del que sin embargo quizás si respiremos, esté lleno de lugares estancados donde ha quedado todo lo que no se ha transformado?.

    ¿Sería posible que esos espacios también tuvieran sus propias leyes, que formen parte de la Naturaleza, donde estamos incluidos?.

    Tengo la sensación que cuando no ejercemos la vida, nuestra propia biología se convierte en compartimentos estancos, en habitaciones oscuras, donde lo que está pendiente de «redención», pero se ha olvidado de ello, encuentra un lugar en donde seguir creyendo que vive….

    Pensamientos, acciones u omisiones que pensamos no son nuestros, sí que lo sean probablemente, la individualidad y la colectividad parece que son dos conceptos o realidades cuya naturaleza desconocemos.

    Da miedo la incertidumbre, pero parece que solo el movimiento es posible en el acto de vivir, todo lo demás serán formas de dibujar esos «cementerios», incluyendo nuestra propia biología, quizás, de los que habla el autor, donde todo lo que se «estancó», creerá que sigue «viviendo», aunque no sea así.

    Identidades que no son tal, lugares de acumulación, que, sin embargo, buscan el resquicio para ponerse en movimiento….¿será nuestra biología, también, un espacio de capacidad transformativa?, aquello que quedo acumulado en aires invisibles, ¿necesitará de esa transformación para ponerse en movimiento?.

    ¿Cuánta y hasta donde llega nuestra responsabilidad dormida y aletargada?…siete años de acecho…de nuevo…siete.

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