Párrafo 18.1

18.1 «Matar es una responsabilidad que excede incluso a la suma de las consciencias ordinarias. Se puede matar de pensamiento, de palabra, de obra u omisión, y en cualquiera de sus modalidades se entra en la maléfica condición de la «acción » adelantada hace veintisiete siglos por el viejo Lao Tse. La Humanidad ha contraído el pecado de matar a todos aquellos en los que se percibiera el peligro de desestabilizar el modelo. Matar es atentar contra un misterio de desconocidas proporciones. Los grupos humanos, angustiados en torno a miedos comunes, han matado a los agresores, a los ladrones, a los poetas y a los santos, pero también a los que traían mensajes inoportunos. Bardos, trovadores y mensajeros han sido objetivo favorito de masas trabajadas, aunque los juglares inoportunos solo pretendieran regar con agua viva la tierra caliente.»

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

El homicidio es tan habitual para nuestra retina, en nuestro imaginario, en el universo de nuestra experiencia vital, que parecería que hubiésemos olvidado la trascendencia que tiene y el grado de estancamiento evolutivo, de karma, que genera en la tarea evolutiva asumida de forma colectiva por el ser humano. Sin embargo siempre quedarán en nuestra conciencia indicios, huellas de un conocimiento profundamente arraigado, que nos hará rebelarnos ante la idea de disponer libremente de la capacidad de eliminar la vida de un semejante, como tan simplistamente el actual estado de las cosas nos podría llevar a pensar. Nunca lograrán convencernos de que la “conveniencia” personal pueda llegar a ser el único motor de todo lo que sucede en el mundo.

Matar al mensajero. Y, lo que es más grave aún, matar al mensajero cuando las nuevas que trae son buenas. O, a la postre, liberadoras. Porque aunque seamos incapaces de recibirlas con albricias, porque cuestionan nuestro modus vivendi, nuestro estado, y evidencian nuestra complicidad con el “modelo”, deberíamos haber aprendido (o mejor dicho, no haber olvidado) a respetar la llegada de aquellos mensajes que pretenden revisar nuestra trayectoria vital y el sistema global donde se asienta. Es de malnacidos descargar la ira (por despecho, por envidia, por miedo o por frustración) y deshacernos del que abre puertas a caminos hacia la Verdad por el hecho de que nunca nos atreveremos a utilizarlos. Y porque no queremos que nadie los utilice jamás.

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5 Comentarios

  1. Loli
    22 septiembre, 2020

    «Matamos al mensajero…»

    Matamos a los poetas, a los bardos a los que cuestionan, a los filósofos, a los artistas, a los librepensadores a los científicos verdaderos a los danzarines que buscan el movimiento que fluye lejos de las histéricas medidas institucionales, a los que miran a las estrellas y no al dedo que las señala…¿con aviesas intenciones?

    Las estrellas, de donde venimos.

    Matamos al mensajero….desde la concepción del un ser humanos, «mensajeros» transfieren formas nuevas y distintas de mirar y transformar a este mundo nuestro, a través del recién estrenado código genético del ser que tendrá la oportunidad de materializarlos desde la concepción hasta su muerte.

    Pero no les dejamos hacerlo
    ….porque «matamos al mensajero»….y ¿las estrellas?…¿dónde van cuando no se las mira?.

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  2. susana
    23 septiembre, 2020

    Matar es atentar conta un misterio de desconocidas proporciones…es lo mas importante para mi. Y si el misterio esta en nosotros, y si en cada despertar creemos saber el debenir, sin presentir un nuevo y unico acontecer. estamos matando el ser. Porque cada uno en cada instante se puede acercar a ese desconocido nuevo y esencial modo de existencia .. habria que ir mas alla del pensamiento y lo mas en silencio y acompañar el fluir de las cosas.

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  3. Panacea
    27 septiembre, 2020

    Es curioso que en el modelo actual, cuando más posibilidades se atisban de poder crecer y posicionarse cada uno donde mejor considere —hablamos con respecto a tiempos en donde la esclavitud tanto física como psicológica imperaba por doquier—, es un tiempo de atonía en cualquier dirección donde se mire. Es un tiempo donde parecen estar esperando los iconos baluarte de todo ser humano para crecer y completarse, donde cada ser humano puede perfilarse hacia dónde considere y, sin embargo, el impulso de búsqueda y de crecimiento parecen estar cercenados en todos los ámbitos. Es un momento de auténtico fundamentalismo en las creencias; es un momento en donde el doctrinarismo ideológico es verdaderamente inquisitorial, el juicio de valor está servido y la ignorancia campa por sus respetos.

    Toda esta horma social en la que nos movemos tiene su epicentro en el constreñimiento conductista que dócilmente hemos ido asimilando desde nuestra tierna infancia y, lo que es más grave, hemos hecho carta de naturaleza desde una absoluta pasividad en la etapa ya de adultos, sin considerar que toda norma es contraria al misterio de cada uno, donde la sorpresa y la novedad deberían estar trufados en cada acto de nuestra vida cotidiana al ser condición necesaria de la naturaleza, donde no deberían caber la homogeneidad ni lo colectivo por ser dogma aprendido, por ser código de conducta establecido y por ser una alineación en toda regla.

    Y para que todo este dogmatismo cale y se afiance hay que matar, ¡claro que sí! No vamos a hablar del homicidio criminal, que por su obviedad no lo merece, es matar todo aquello que nos entra como presagio de algo diferente, de lo que percibes que desestabiliza…, en definitiva de todo aquello que por ser rompedor da miedo, y nos acomodamos, nos ausentamos, «es que no me di cuenta», «es que yo no estaba allí», «yo no sabía»…, y tantas y tantas retóricas justificativas para acomodarnos a una normalidad ya establecida que no causa problema y nos permite continuar en un anonimato frágil y a la baja.

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  4. Alicia Bermúdez
    27 septiembre, 2020

    Desde hace meses, quizás años, la actitud dialogante desapareció por completo de los comentarios de este blog.
    Aunque muy dialogante no lo fue nunca, en realidad; o sí lo fue en sus principios, cuando el blog arrancó y en poco tiempo las cosas se salieron de madre y se incurrió en excesos que echaron atrás a muchos comentaristas, y muy válidos e interesantes, de los de entonces.
    Me pregunto por qué no será posible un termino medio. Una forma de comunicar o de expresarse que deje un espacio en el que puedan caber opiniones distintas de las que cada cual manifestáis.
    Hacéis afirmaciones categóricas. No se percibe ningún pequeño resquicio por el que pueda atisbarse la esperanza de que supongáis, ni por un momento, no estar en posesión de la verdad.
    Impartís lecciones, cada cual la vuestra. Hay comentarios que resultan auténticas reprimendas Pero, ¿cómo aventurarse a matizar o a discrepar si se tiene la sensación de que la matización o discrepancia sería replicada como si se hubiese tratado de una agresión?
    Y, así, y al hilo del tema del que va este texto, habéis matado poco a poco el blog.
    Considero que para lección es suficiente el texto, y cada uno de los textos que componen el libro. Que pretendamos darnos lecciones los unos a los otros se me antoja – a lo mejor soy muy antojadiza – un despropósito.
    Creo que los textos (del libro) dan para plantearse muchas, infinidad de preguntas. No puedo entender cómo os las arregláis para encontrar respuestas, tan absolutas, con desparpajo tan encantador.
    O a lo mejor es que me da envidia, porque yo, la verdad, no sé hacerlo.
    Mira ya tengo, por si tenía pocas, una pregunta más que hacerme: ¿Por qué seré yo tan torpe que no sé hacer afirmaciones categóricas?

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  5. Panacea
    28 septiembre, 2020

    Alicia, ¿y no es reprimenda tu comentario? Me interesaría leer qué te sugiere este párrafo, que a todo el mundo le puede sugerir una opinión. Creo que ése es el sentido de este blog.

    Lo que consideras una afirmación categórica yo considero que puede ser el sentir de cada uno, y estoy de acuerdo en que sería más jugoso el intercambiar pareceres. Si no escribe más gente no creo que sea porque el tono sea categórico, sino porque no es fácil intervenir en este blog y creo que ha habido más dejadez que otra cosa, cuando yo considero -y esta sí que es mi opinión personal y tú dirás que categórica- que es un legado que se nos deja para nuestro aprendizaje. Yo aquí aprendo mucho y me sirve para cuestionarme y plantearme muchas cosas.

    Anímate que tu opinión nos aportará a todos.

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