Párrafo 18.21

18.21 Los siete demonios que remachan los clavos en las cabezas de los monos sordos no traspasan la frontera tras la que la inteligencia contacta con el espíritu, pero tratan de suplantar la necesidad creativa de la inteligencia haciendo de la repetición un sacramento, buscando la sorpresa en el artificio del antagonismo evidente. Y las musas que transportan los dones de la poética están hastiadas de artistas aparentes que se alimentan de egocentrismo. Sus cómplices y protectores son los creadores de opinión pública, aquellos que vocean el catastrofismo como principal credo, los que montan orgías con kharma seco y desastres, los que orquestan, inventan y amplifican la morbosidad, silenciando o ignorando la fuerza que mueve el mundo.

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Obcecación, insistencia, convencimiento, repetición reiterativa de una misma idea vana, superficial, aderezado con un toque de humor facilón, es ahora el modus operandi de quienes quieren hacer creer a las inteligencias vagas que su grado de entendimiento es suficiente. Y así, manadas de simios con cierta capacidad idiomática, pasean perdidos, ciegos, sordos y mudos, por una realidad virtual que se limita al rostro y expresión de aquellos que les dicen, alabando como excelsas sus pobres virtudes atrofiadas. Unos a otros se dan la razón sin raciocinio que medie ni cuestione, ni se haga preguntas a pesar de escuchar en ocasiones los susurros de las musas. Miran el dedo que dice señalar la estrella conformándose con la opinión ajena, sin atreverse jamás a mirar por sí mismos, acaso por temor a ser deslumbrados…

Y allí permanecen en un falso regocijo pasajero, sin entender que sólo desde la verdadera admiración a aquello que brilla con luz propia, desde el asombro fascinador, se puede comenzar el camino hacia la propia y veraz llama de la in-te-li-gen-cia.

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2 Comentarios

  1. Loli
    16 febrero, 2021

    “….repetición reiterativa de una misma idea vana, superficial”, indica Aventurero en su comentario al texto.

    Conceptualización, objetivación, convertir en objetos, “cosificar”, términos que manejamos como indicadores de “calidad intelectiva”, aplaudidos en discursos, aunque éstos estén vacíos de contenidos, y utilizados cual comodines usurpando el verdadero motor, motivo, del hombre, su capacidad creadora.

    A lo mejor, únicamente, esa pasión por la aventura de intuirse verdadero creador, es la bendecida por la divinidad que alienta el fuego de esa transformación , que, quizás, Maya espere para su telar, y ,a lo mejor también, aguardando el tiempo en que el miedo, vuelva su rostro, rastro, ante el espejo del que huye, y deje de ser el obstáculo que no permite liberar encajes, puntillas y bordados luminosos.

    La repetición no admite entregarse a la experiencia propia, por eso el arte, seguramente, abomina de ella, mientras que, desde la actitud simiesca de cegar los sentidos llamados a la aventura, la imitación viste de originalidad las ocurrencias, y lo que es peor, pervierte el pensamiento y las ideas encarcelando su potencia en ideologías y doctrinas para perseguir a los verdaderos artistas….que, pese a todo, abren una y otra vez el pecho para escuchar el aire, ese que no puede ser “objeto”…ni “objetivo”.

    Lo que alienta nuestros corazones, puede ser algo que ya sepamos, que lo queramos conocer, a lo mejor depende de la aventura a la que estemos dispuestos a entregar nuestros corazones…. quizás….

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  2. Panacea
    19 febrero, 2021

    Resulta preocupante comprobar una y otra vez la ceguera y la opacidad que tenemos a la hora de matizar cuándo una obra, un mensaje, una música transmite arte y cuándo es un simulacro, una copia o simplemente dar gusto a los sentidos.

    Recuerdo una película, bellísima, con unas fotografías maravillosas, una puesta en escena en pleno desierto con unos atardeceres espectaculares, la música, los palacios, la riqueza y ornamentación de las vestimentas…, pero fuera de eso no había nada, era puro regalo visual. ¡Cuántas veces no caemos en ello! Es esa estética enseñada, bien hormada de acuerdo a lo aprendido y todo un mundo de valoraciones que ya tenemos prefijado. Pero, por el contrario, produce retraimiento, cuando no rechazo, aquello que por sorprender y no encajar en el esquema de lo que ya está considerado, no permite captar ese lenguaje que nos habla más allá de lo aparencial.

    Que se llamen artistas y sea fruto de una dinámica especulativa y racional, cuando no del egocentrismo que nos cita el autor, es lo habitual, puede ser hasta un trabajo laborioso y bien concienzudo, pero lo más preocupante es no saber distinguir; es ser consciente de que los canales no están lo suficientemente abiertos como para captar, para conectar con lo que es auténtico, cuándo se produce un encuentro más allá de los sentidos y me atrevería a decir un encuentro sensorial, que transciende, y en cambio seguir sumergidos en la orquestación de lo que nos dicen que es artístico y digno de ensalzar .

    Todavía seguimos bebiendo de fuentes tóxicas y aunque racionalmente produzca rebeldía el saberlo, es un camino a recorrer hasta conectar con esa sensibilidad que nos hace reconocer y no nos confunde, por mucho que otros lo quieran.

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