Párrafo 18.23

18.23 «Los monos sordos convocan encantamientos ayudados de un sinfín de trucos tecnológicos y no escuchan los cánticos de las madres de la inteligencia. Puede que la tecnología se adelante socialmente al desarrollo de capacidades que alientan en el intelecto, ningún descubrimiento debiera ser tratado como atentado sacrílego al purismo confuso, pero debería entenderse la voluntad consciente de usar la técnica en su sentido más transparente, despotenciando la complicidad y reverenciando pactos entre ideogramas contrapuestos.»

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

En los mitos egipcios vemos monos tapándose los ojos, la boca, los oídos. No oyen, no ven, no hablan. Son portadores de saberes en latencia. Son hombres al comienzo de su andadura. Convocando trucos, encantamientos, prisioneros de la tecnología, no escuchan los cánticos de las Madres que protegen la Inteligencia; cánticos de transcendencia que van a ayudar nuestra evolución. Pero esos monos sordos somos nosotros cuando desoímos el canto difícil del báculo de Brahma, del pontífice, de Hermes ayudando la búsqueda de nuestra esencialidad, ayudando a cruzar ese puente dodecanato entre llaves, clavículas que protegen y que impulsan, monos sordos a la inspiración de las Madres que solo quieren mostrar su ser tecnológico, que podrán alumbrar rayos x, telefonía, imágenes distantes al conjuro de un botón que va a ilustrar su globalidad, pero no se involucran en un trabajo bien hecho, en lo duro del oficio sacro (sacrificio) para alcanzar el sacramento (momento sacro) de lo conseguido con esfuerzo.

Tecnología, mecanocracia, que huye del trabajo de lo artesano mientras no consigue lo artístico, la inspiración de las Musas, de las Madres. Y así como Homero cantando a la Musa, tener la certeza que vamos a dejar de ser monos para, vencida la memoria pasiva, Medusa, veamos brotar de su sangre a Pegaso, Clavileño… Y por los aires, como debe ser, llegaremos a hombres cada vez más cambiados.

Tecnología, sí, como vehículo, como paso, como camino, en su sentido más transparente, que nos potencie y nos lleve a pactar con lo desconocido que espera.

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2 Comentarios

  1. Rafa
    24 febrero, 2021

    Se ha escrito mucho sobre el libre albedrio, basicamente es la capacidad según la cual las personas tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones.
    El punto de vista ético sobre esto supondría que los individuos son responsables de sus propias acciones.

    La tecnología es una aplicación de la ciencia y una decisión del hombre hacia el impulso del descubrimiento de sus capacidades intelectuales.
    Pero el descubrimiento tecnológico como su utilización, deben ser consecuencia de la responsabilidad que suponen.

    Internet se está convirtiendo a través de las redes sociales las mas de las veces, en un campo para la incomunicación y la confusíon.

    Un instrumento que nace como adelanto al desarrollo de la necesidad y la capacidad de mayor comunicación del ser humano; los monos sordos a través de twiter, fake news, noticias cargadas de ego, otras contradictorias, lo están haciendo pasar por fuente de verdades absolutas, como un medio de cambiar voluntades.

    Afortunadamente existen casos de entendimiento de la voluntad consciente de usar la técnica en sentido transparente, y quizá Alexander Fleming si levantara la cabeza, podría ver como el invento de la penicilina ha sido la mayoría de las veces bien y responsablemente utilizada.

    Un abrazo

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  2. Loli
    28 febrero, 2021

    Los médicos, pocos, que basan su especialidad, investigación y desarrollo de su profesión en la etapa de la ancianidad, han llegado a conclusiones muy interesantes, y hasta fascinantes.

    Un buen profesional en esta rama sabe que en determinados momentos, cercanos ya a la frontera del tiempo, y si la persona no ha abusado de drogas, estimulantes, hipnóticos o sedantes a lo largo de su vida, su organismo está preparado para activar una serie de glándulas latentes, a nivel de neocórtex seguramente, que producen hormonas de perfil “opiáceo”, como denominación general, para explicar, tanto por su composición, como por sus acciones, los efectos que sobre un organismo que parece “desactivarse”, produce.

    Se conoce, por ejemplo, que con la atención debida en esa andadura del “anciano”, y conociendo estos procesos glandulares, se pueden aliviar, sin intervenciones agresivas, y hasta simplemente acompañar con atención, las situaciones de insuficiencia respiratoria, dolor, e incluso de alteraciones de consciencia que en el proceso cercano a la muerte de un anciano se pueden producir.

    Inclusive distinguir problemas cognoscitivos debidos al deterioro por edad, de aquellas situaciones que algunas veces se meten todas en el mismo “fondo de saco” de “demencias seniles”, pero que a los que están atentos a la persona, por cuidado o cercanía familiar en el tiempo, sorprenden en su brillantez, claridad e inclusive vivencias visuales, auditivas…que clínicamente, también, se meten en el mismo “fondo de saco” de “delirios” debidos a la “demencia por edad”, cuando a lo mejor, o seguramente, no lo son, aunque se solapen con otras que si respondan a esa denominación en sus manifestaciones.

    En definitiva, todo ello se puede comprobar, y se ha hecho, pero no se ha incentivado su desarrollo, la dedicación, observación y estudio que requiere una especialidad de este tipo, al fin y al cabo se trata de “viejos”….y la medicación infinita es más fácil, que pensar que nos están contando muchas cosas, sin las palabras a las que estamos acostumbrados.

    En los ancianos, como, a lo mejor, en otras tantas alteraciones consideradas como patológicas y tratadas, a veces desde la propia niñez, a golpe de medicación, sin más, sin profundizar en lo que se puede estar manifestando desde esa corteza nueva que quiere empezar a lanzar los destellos de otras estrellas, a través de sutiles mensajeros en forma de “pares”.

    La cuestión, quizás, no es que se esté desarrollando la tecnología, sino en còmo se está imponiendo su aplicación, ya que puede suponer una limitación importante al acceso en un futuro próximo, al desarrollo, y a dar la importancia que tiene ese desarrollo, de esas glándulas neocorticoidales que parecen hacer su aparición, o su exposición más explícita en determinados momentos de la vida del hombre, sobre todo en aquellos en los que se aproxima a fronteras donde la línea de la vida conocida se difumina.

    Una tecnología aditiva, que grava el trabajo y el movimiento en el crecimiento de uno mismo y de la sociedad, y lanza a los hombres a una situación hipnótica de dependencia, lastra y bloquea los receptores celulares preparados ya, seguramente, para la llegada de nuevas formas arquitectónicas de mensajes, que, no pueden, finalmente, materializarse de forma efectiva, o se descomponen en el camino, a lo mejor.

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