Párrafo 5.1

5.1 “Cuando se habla de descifrar el código genético, se está transmitiendo la idea de que la Humanidad está a punto de descubrir todos los secretos de la vida, la niebla se disipa, los misterios se esconden silenciosos en sus viejas arcas y los popes dejan de cantar culpas para entonar disculpas”.

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Un robot es una máquina automática provista de sensores, un microprocesador y un programa. Los sensores se ocupan de medir ciertos parámetros del entorno (luminosidad, temperatura, proximidad, etcétera) y, de acuerdo con los valores obtenidos, el robot ejecuta una u otra acción. Se les llama pomposamente máquinas inteligentes, porque toman decisiones; pero no hacen otra cosa que llevar a cabo órdenes para responder a situaciones ya previstas de antemano. Si un parámetro no está contemplado el robot no reacciona. Si se conocen el programa y los datos que recoge del ambiente se sabe cómo va a comportarse en cada momento. Es más, los sensores se pueden perfeccionar y las instrucciones se pueden modificar para que el robot sea cada vez más inteligente y eficaz.

Algo parecido es lo que se tiene en mente o se quiere transmitir cuando los medios de comunicación pregonan lo cerca que estamos de descifrar el código genético y los enormes beneficios que esto puede reportar. Pero orgánico no es lo mismo que mecánico. Lo mecánico implica la existencia de una maquinaria, de una sucesión de causas y efectos encadenados. Las combinaciones pueden ser múltiples pero finitas y explicables si de dispone de tiempo y potencia de cálculo. Lo mecánico puede ser complicado pero no es complejo.

Lo orgánico, lo vivo, sí lo es. Intervienen en ello múltiples variables y relaciones, muchas de ellas desconocidas. Parece predecible hasta cierto punto pero siempre nos sorprende. Se pueden describir y conocer algunos de sus componentes, e incluso explicar cómo se comportan por separado o en conjunción con otros, pero nunca se conoce del todo.

Hubo un tiempo en que se afirmaba que solo la vida era capaz de producir vida, que no era posible ni podía explicarse sin la existencia de un impulso vital. Ahora parece que se busca lo contrario: llegar a explicar cómo la vida pudo surgir de lo inerte, de lo mineral. Y se saben muchas cosas y se especula sobre muchas otras, que van dando forma a una posible explicación. Y, aunque todavía no se ha fabricado vida a partir de la electricidad, el barro y una sopa primigenia con los componentes adecuados, ya se comparte la idea de que no es necesario lo divino para dar cuenta de lo humano. Forma parte del nuevo paradigma en el que no caben ni la magia, ni el misterio ni la espiritualidad.

Una de las cosas que maravilla del código genético es su aparente simplicidad, que describo con múltiples imprecisiones (que me perdonen los especialistas): la herencia se almacena en los cromosomas, los cromosomas consisten en largos filamentos de ADN, el ADN es una larga molécula que se construye encadenando nucleótidos, cada nucleótido porta una base nitrogenada de entre cuatro posibles, adenina, guanina, citosina y timina. Según se van encadenando nucleótidos se va escribiendo un mensaje, el de sus bases nitrogenadas, por ejemplo AATCCCATTTGGA… En este mensaje, cada tres bases nitrogenadas codifican un aminoácido. Uniendo aminoácidos se forman las proteínas. Leyendo unas u otras zonas del ADN se obtiene el código, las instrucciones, necesarias para fabricar unas proteínas u otras. La lectura consiste en fabricar una imagen complementaria, el ARN mensajero, de los fragmentos seleccionados, el ARN traslada esta información a los ribosomas… Etcétera.

Todo encajaba, todo tenía una explicación molecular, se había encontrado la sucesión de causas y efectos capaz de justificar lo vivo. Sin embargo, a medida que se sabía más, las cosas eran menos sencillas: más del 90% del ADN no codifica proteínas, en la historia de la vida es muy posible que el ARN fuera anterior al ADN y no simplemente su copia, las mitocondrias tienen su propia maquinaria genética, independientemente de los cromosomas de la célula y así sucesivamente.

Parece que, más que descifrar un código lo que se ha descubierto es que este código existe, que sabemos reconocer las letras y que incluso podemos leer algunas palabras o frases con sentido, pero desconocemos el argumento de la obra. Sin embargo, ya nos atrevemos a corregir el estilo o a incorporar nuevos capítulos, espero que no cambiemos el desenlace.

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10 Comentarios

  1. IS
    10 febrero, 2013

    Totalmente de acuerdo con el comentario del aventurero.

    El científico es consciente de la enormidad de lo que ignora nuestra civilización. Vive en frontera de lo conocido y desde ahí puede vislumbrar la inmensidad de lo todavía ignorado.

    Decía Aurobindo algo así como que la consciencia de la actual imposibilidad, es el principio de todas las posibilidades. Y así es. Nada se puede aprender, nada se puede avanzar desde la estúpida certeza de que Todo (con mayúsculas) ya lo conocemos. Sin embargo, todas las civilizaciones a lo largo de la historia se han considerado la cúspide del conocimiento humano.

    Curioso que el científico sea consciente de todo lo que desconoce, mientras el ignorante piense que todo lo sabe. Que saludable sería que en nuestras sociedades se instalara algo de ese espíritu del científico. Ese que hace que sabedores de nuestra ignorancia no paremos de hacernos preguntas y de intentar responderlas. Cada respuesta abre nuevas interrogantes y así hasta el infinito y más allá. En una sociedad así no sería posible ese Barcenismo casposo en el que estamos instalados.

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  2. Diodoro
    10 febrero, 2013

    Sencillo paradigma del autor, largo reconocimiento del/os Aventurero/os/as. En el principio todo era más sencillo y nadie se daba a explicar la vida, sólo a tratar de entender sus epifenómenos. Nos creemos ahora en la posesión de las últimas llaves para desentrañar los mecanismos que la hacen posible, y hemos perdido la creencia en los epifenómenos asumidos como manifestaciones. Seguimos en la bísqueda; alguna vez llegaremos. Por cierto Bárcenas es también un congénere instalado en las mismas dubitaciones que resuelve en la inmediatez de sus acciones.
    El/los Aventurero/os/as han reducido una semana la cadencia publicatoria, pero se ha reducido la participación casi a la mitad. O sea, vamos deprisa, pero entendemos menos, una bonita metáfora de lo que se trata.

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  3. Manolo
    13 febrero, 2013

    Magnífico comentario del Aventurero. Describe muy bien, en línea con el párrafo de esta semana, cómo se ha ido gestando la creencia de que nuestra ciencia “puede con todo”.

    También creo, como dice IS, que el científico es consciente de mucho de lo que ignora. Pero por alguna extraña razón le puede más ver el vaso medio lleno que verlo medio vacío. Por otra parte parece que la ciencia está avanzando mucho, y especialmente en el campo de la genética, con lo cual tiene sentido ver las cosas con ese optimismo.

    El problema surge cuando al impulso científico se le une la actitud ideológica. Es decir, cuando la sensación de que estamos desentrañando un montón de enigmas se utiliza para alimentar la postura de que somos capaces de explicarlo todo y, lo que es aún más peligroso, de que somos o seremos capaces de “recrear” todo. Cuando queremos utilizar el impulso científico para respaldar la convicción de que “no necesitamos a Dios”, que con nosotros mismos nos apañamos de sobra.

    Supongo que nadie sabe si Dios existe o no, pero de ahí a creer que todos los misterios del Universo y de la Vida son explicables desde nuestra capacidad intelectual, que si todavía hay cosas sin explicar, tranquilos que ya llegaremos… va un abismo.

    No es fácil ni frecuente escuchar en los medios de comunicación a científicos diciendo que, quizás, haya una gran parte del Universo y de la Realidad que NUNCA llegaremos a entender y que, por tanto, con verdades a medias como estamos, y quizás estemos siempre, SIEMPRE estaremos manejando conclusiones falsas. Y no oír esto resulta sospechoso.

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  4. Ni ALFA, ni OMEGA
    13 febrero, 2013

    Creo que Manolo, cuyo comentario es perfectamente asumible, se queda corto al evaluar la capacidad humana de ir descubriendo e interpretando las realidades vitales. Baste nomás recordar/evaluar lo que en tiempos remotos de la pre antiguedad podrían elucubrar los hombres ante los fenómenos circunstantes. Comparado con lo que hoy se conoce, o se intuye y comprueba a veces que se conoce, media el abismo de al menos 4,5 millones de años. Sólo en los últimos 500, desde el Renacimiento hasta aquí, acelerados por los últimnos 240, desde los cambios de regímenes gobernantes, la velocidad de captación, explicación y entendimiento de tales fenómenos es impresionante. Y eso sin mencionar a los sabios de la antigüedad que sentaron los principios básicos del conocimiento actual, a veces incluso hasta 6.000 años antes de Cristo. Manolo en cambio, prefiere afirmar que “Siempre estaremos manejando conclusiones falsas”. Debería pues explicar mejor esa aseveración determinante del “que me quede como estoy”. Y mejor aún, cuáles son para él tales conclusiones falsas, falseadas y demás. Uno puede entender la relatividad del conocimiento humano, sus distorsiones, navegaciones en torno o fuera de, y hasta los asentamientos de teorías que en tiempos mediados desaparecen o se esfuman en el aire de otras más acertadas, por ahora. ¿Pero eso de siempre? Y en todo caso ¿por qué no atribuír también tal limitación a los textos que aquí mismo se comentan como definitivos?

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  5. Nuba
    13 febrero, 2013

    El código!

    Una estructura ordenada, empaquetada, acompañada de miles de inicios y terminaciones, seguida de silencios, continuada por otras muchas letras repetitivas; Aquí en este gen el mismo orden de 4 signos, allí, en el otro, el mensaje tapado porque no debe ser descubierto..

    Formas? miles de millones!. La madre; helicoidal, espiral, una escalera al cielo y al infierno. Después figuras de sombrero, “mixturas” con otras moléculas a la vez dictadas por las mismas letras. CUATRO. Con ellas, todos los seres, nos hacemos.

    Si pudiéramos escuchar a las moléculas, a la vez que leyéramos ese código sonaría una música, un sólo en contadas ocasiones, las más conservadas. Es más frecuente encontrar algún cuarteto, quinteto.. y por supuesto toda una sinfonía que siempre es “tocada” por una orquesta entera en la cual muchos de los músicos están fuera del auditorio y mandan sus arpegios ( luces, sombras, nubes, noche, túnel, montaña, comida, frío, risa, dolor) para se se incluyan en la partitura y se graben a la vez que se lee el mensaje ( a la vez que se siente “ese sonido”).
    Sonido con marcados ritmos, con batuta, con dirección.

    Cuando leemos los mensajes, encontramos algunos significados que podemos contrastar, si, por supuesto. Y vamos avanzando en el conocimiento de miles de mapas que hace muy poco nos eran desconocidos. A los que nos es dado ese saber, a los que nos mueve la pasión por descubrirnos de esa forma nos parece siempre poco lo que desciframos y mucho lo encriptado, pero somos conscientes de los pasos de gigantes que vamos dando con mucho esfuerzo, apenas sin dinero, con toda la ilusión.

    Estamos acostumbrados a que se critique todo: desde nuestra pretendida soberbia o ateísmo hasta nuestra vehemencia, pasando por que se nos supone un grupo y somos muchos grupos, que evidentemente nos tomamos las palabras sin sentido como lo que son, puro garabato.
    …………………………………………….
    Si alguien sabe de códigos de un tipo, es el que los intenta leer o descifrar cada día. Por eso sabemos que jamás leeremos mensajes que nos valgan a todos.
    ……………………………………………..
    Esas letras no dicen nada sin su mensaje. El mensajero interior es metamórfico. A veces sólo está ahí para que le lean, otras veces se mueve de un lugar a otro, otras, abre su cola como la del macho “Ave del paraíso” para significarse y procrear y otras muchas otras se convierte en actor principal que corta, pega, entra , sale, con una actividad de catálisis sin “centro activo conocido”, porque no actúa sólo sino acoplado.

    Ya me silencio, como muchos de los mensajes de ese código que está en cada ser con potencial de vida.
    Solo somos eso, una potencia, algo por hacer, algo con posibilidad. La mía en este momento me pregunta algo. Así, de pronto:
    ¿ y si hubiera un sólo mensaje único en el DNA, ¿único y común?
    ¿que diría, que me diría, que nos diría? ¿ que es lo que está en la memoria de las células?

    LLÉVAME DONDE NO MUERA

    ¿ es eso la vida?
    ¿Hay alguien al otro lado que también lo escuchó? ¿ quien se lo dijo? los pájaros, las nubes, el árbol, el amado?

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  6. Rafa
    15 febrero, 2013

    Parece ser que el código genético, nos habla de la capacidad de las células para trasmitir características biológicas entre los seres humanos.

    Pero limitar la vida a la biología, sería muy incompleto, precisamente porque dá la sensación de que la misma vida nos invita a trascender esa biología.

    La genética, palabra que deriva de génesis (origen), quizá encierra muchos aspectos desconocidos para nosotros. Más parece que la vida es un pretexto para desarrollar capacidades de las que no somos conscientes.

    Quizás muy al contrario de lo que en este momento sostienen los científicos; que el ADN, determina nuestros comportamientos y caracter, el acercamiento a este misterio diario que nos proporciona la vida nos conforme permanentemente, expanda la visión de lo que llamamos realidad y puede que esto incida en nuestro código genético, y modifique a la vez nuestro destino.

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  7. Icono-Plasta
    15 febrero, 2013

    O sea, la evolución marca tendencias, según Rafa, y me consta, y así podrá incidir en nuestro propio ADN, que, justamente, ha llegado hasta nosotros para ser descifrado en un momento dado de la historia colectiva de la humanidad. ¿Hasta cuando se mantendrá tal cual?

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  8. Alicia
    16 febrero, 2013

    En el ADN estará todo, sí, todo lo que heredamos y se hace nuestro desde el momento en que nos engendran. Pero, ¿y antes?
    ¿Tiene tal vez nuestro espíritu su propio ADN?
    Quiero decir, algo esencial y único e irrepetible que está ya ahí, antes de que tengamos el cuerpo que nos hace humanos; algo que a su vez se ha ido impregnando de todo aquello con lo que ha ido entrando en contacto a lo largo de su existir.
    Y, si ese algo previo al cuerpo que tomaremos al nacer tiene su propia sabiduría, quizás busque y elija a los que serán nuestros progenitores atendiendo a las características de los respectivos ADNs que, de alguna manera, mejor vayan a ir a conjugarse y a encajar con las aspiraciones que acompañan a nuestra voluntad de nacer.
    Así que, sí; a mi modo de entender (y entendido a mi manera, claro está, con todo cuanto se le pueda objetar) el ADN no es que “marque tendencia”, pero sí que ejerce o hace el papel de “complemento” muy adecuado o conveniente para los fines del espíritu.
    Y quizá el ser humanos es tan sólo un tramo muy pequeño de un camino muy largo. Y quizás nuestras vidas y todas sus circunstancias y risas y lloros y tensiones y sufrimientos y elucubraciones sean tan sólo una circunstancia y una pequeña anécdota que vista desde fuera, desde las respectivas eternidades de los ocasionales vivientes, no dé para más de lo que en el aquí y en el ahora y en el “tiempo real” y mensurable del que disponemos y marcan las manecillas de los relojes está dando, cada día, un dolorcillo aquí o allá o cualquier contrariedad sin importancia.
    Pero, mientras tanto, hay que ver cuánto pataleamos.

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    • Inés
      17 febrero, 2013

      Alicia,

      Estaba leyendo ahora mismo un examen de literatura de bachillerato que llegó a mis manos y me he encontrado con este poema. Transcribo:

      “¡Nostalgia de los arcángeles!
      Yo era…
      Miradme.
      Vestido como en el mundo,
      ya no se me ven las alas.
      Nadie sabe cómo fui.
      No me conocen.
      Por las calles, ¿quién se acuerda?
      Zapatos son mis sandalias.
      Mi túnica, pantalones
      y chaqueta inglesa.

      Dime quién soy.

      Y, sin embargo, yo era…
      Miradme.”
      – R. Alberti-

      Creo que tiene mucha relación con lo que escribes sobre el texto.
      Es tan bello y tan revelador!

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  9. ROMA
    5 abril, 2013

    Decir que en el ADN está todo ¿no sería como decir que el mundo es una obra acabada o completa?. Si el proceso está en expansión, si no ha terminado todavía, quizás aún han de manifestarse los planos superiores de consciencia en la estructura física material de la tierra y, por lo tanto, en las células de nuestro cuerpo. Intuyo que se sigue sabiendo muy poco de genética, de la herencia o de la no herencia, del orígen de la vida, de lo que habita la materia que no es materia, de lo que anima la vida que no es sólo biología. Si la consciencia es Dios, estaría muy bien buscarlo, además, con el microscopio.

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