Párrafo 5.11

5.11 “Cuando la persona sufre, se deja influir por un sentimiento colectivista de falsa redención. Se busca un sentido utilitarista de la herida como crisis salvadora, y esa necesidad permanente de justificación puede llegar a levantar la bandera de la pena como una euforia de salvación. Así, sufrir se puede convertir en un deporte practicado por los resignados, que creen estar haciendo recaer en ellos el martirio por todas las culpas, mientras se evaden de la obligación esencial de la felicidad y la risa en la entrega”.

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

No hay que indagar demasiado para entender de dónde viene este culto al sufrimiento con el que convivimos.

Una doctrina religiosa que promete recompensa a cambio de sacrificio acaba generando sufridores; personas cuyo espacio en el cielo aumenta a medida que aumenta su dolor en la tierra. Especuladores del Más allá.

Pensaréis que sólo hablo de devotas religiosas octogenarias, pero si echamos un vistazo a nuestro comportamiento veremos que hay una parte en la que todos somos esa señora mayor de misa de doce.

Hacemos del sufrimiento un estilo de vida, más que nada porque es fácil ser una víctima. Como víctimas tenemos la excusa perfecta para todo. Para no movernos, para no responsabilizarnos, para someter a los demás, para quedarnos acurrucaditos en sólo un centímetro de nuestras kilométricas posibilidades. Y para huir de, como dice el autor, nuestra “obligación esencial de la felicidad”.

En esta sociedad, cuando queremos ganarnos el respeto de alguien debemos demostrar que hemos sufrido; que nuestra vida ha sido lo suficientemente difícil como para merecer un premio. Es una moneda de cambio consensuada por todos. Es la recompensa exigida a cambio de nuestro sufrimiento, como si tuviera que haber una, como si los demás y el Destino mismo nos debieran algo a cambio de nuestro dolor, cuando a menudo ese dolor forma parte de una elección vital y no de una circunstancia inevitable.

La infelicidad de hoy no es la antesala de la felicidad de mañana.

Y ya que no sabemos nada de lo que pasa después de la muerte, yo no me arriesgaría a hipotecar nuestra vida en la tierra a cambio de un posible ático en el cielo.

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6 Comentarios

  1. Atila
    24 abril, 2013

    He oído muchas veces la frase: “Unos nacen con estrella y otros nacemos estrellados”
    Resulta que los estrellados se lo han ganado a pulso y además están siempre sufrientes, por otro lado no se les puede dar disgustos” bastantes problemas tengo yo como para ocuparme de los de los demás”, tampoco pueden ir a ver a nadie que esta enfermo o tullido porque se deprimen.
    En una ocasión habia varias sufridoras y después de criticar a alguien bastante y que había tenido un éxito profesional, una dio un suspiro y dijo:
    No critiquemos mas porque en el fondo es una buena persona.
    Y yo pensaba: Una buena persona es la que hace cosas buenas y los que no las hacen pues no son unos malvados pero no son buenos tampoco.
    Un familiar muy próximo me sirvió mucho en la vida. Se pasaba la vida sufriendo: Si nos veía montar en bici se lamentaba que nunca pudo tener una, si mi hermano tenia un balón lo mismo y después su mujer cuando estaba triasteis le comentaba todos sus éxitos y que no tenia razón para estar así. Había sido numero uno en una oposicion muy importante y el mas joven de España etc
    Un buen día le dije a la consoladora:
    -Mira no pierdas el tiempo porque lo que el quiere no es consuelo, ni consejos sino que lo acompañes en su sufrimiento.
    Hay veces que sufres un poco porque cuando te desvías de todo lo aprendido y los esquemas inculcados resulta que ya no eres la misma, naturalmente peor, y cuando te saltas los esquemas es que te has vuelto r ara y eso es que te están lavando el coco, sufres un poquito y tu por dentro te sientesmejor que nunca simplemente te ries.

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  2. SARA
    25 abril, 2013

    No sé Atila, cada uno cuenta la película desde su lugar y quizá resulta fácil juzgar el sufrimiento de otros, sobre todo porque lo hacemos desde nuestros propios parámetros. Y entonces nos parece incomprensible que alguien que aparentemente tiene esto y aquello pueda sufrir. Quizá no se trate de lo que tienes o no tienes, de lo que alcances o no, si no más bien de si todo eso se corresponde contigo.

    Creo que acercarse a la verdad, en el mundo en que vivimos, y no sufrir es incompatible……. No entendemos casi nada y queremos entender. Sólo ya esa situación es fuente de frustración como poco…..

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  3. Beucis
    25 abril, 2013

    El querer conocer; saber sobre nosotros y sobre los demás, para así poder actuar, no deja de ser una trampa con la que justificamos nuestro inmovilismo, y el no afrontar nuestra responsabilidad. Nos quedamos quietos, castrados por el miedo, prisioneros del tiempo y del espacio, envueltos en lo turbio de unas aguas empantanadas; retenidos por el sufrimiento.

    El sufrir es el premio y la justificación del que no se arriesga; del que no apuesta por la aventura; del que no se permite firmar un cheque en blanco, un pasaporte para atravesar el espejo y entrar, como Alicia , en el País de las Maravillas, y poder ser héroes, liberadores del tiempo,– prisionero de su herencia, de la infinitas secuencias, del Eterno Retorno que horrorizaba a Nietzsche–.

    Liberar el tiempo para apostar por la evolución, por la felicidad, es nuestro reto y no hacer apostolado del sufrimiento, del taponamiento de energía, de instalarnos en la comodidad del dolor y de la pena que nos justifica, y nos hace iconos y sacerdotes de una religión llorosa, seguida por muchos devotos de lo razonable y del entendimiento fácil

    Pero la ignorancia, el miedo, siguen ahí; y no nos engañemos, ahí seguirán y pueden taponar las salidas de emergencia a nuestra energía presa. Caídos en ese pozo; caídos en un sueño hipnótico; en la tierra baldía que nos narran las gestas, deberemos apostar y elegir echar a andar, mirar hacia arriba del pozo, salir volando del laberinto, despertar del sueño a la Bella del cuento, despertar del sueño a Arturo, y asumir nuestra responsabilidad para borrar los rastros, las huellas que nos atan al sufrimiento, y libres poder alcanzar la felicidad; conquistar la consciencia

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  4. Ángela
    25 abril, 2013

    Gracias Beucis.

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  5. Alicia Bermúdez
    27 abril, 2013

    Los días que lleva publicado este texto, una, ahí, bloqueada, sin una idea en la cabeza que ser capaz de plasmar y, “bueno, esta semana no dejaré ningún comentario”.
    Hoy, sin embargo, y no porque tenga la mente mucho más clara, se me ocurre algo.
    Voy al veterinario con mi gato y entre los animales dolientes había un galgo. Pregunto a las personas que están con él qué le pasa, porque veo que lleva en las patas delanteras una especie de zapatitos, y cuentan que lo encontraron desangrándose con las manos amputadas.
    Es un hecho de tantos como dan muestra de la capacidad de crueldad de los humanos.
    ¿Qué lugar queda para la felicidad en un mundo así?
    Y los abortos. Y los bebés encontrados en contenedores…
    Ciertamente existe un sufrimiento que, bueno, más bien incitan a sentir un cierto desprecio por el presunto sufriente; los típicos “me dijo”, “yo le dije”, y retahílas de quejas y quejumbrosidades con que las personas se dan cuerda así mismas para ir de mártires y afear las conductas de los “que no me dan lo que me merezco ni lo que espero de ellos”…
    Pero, el sufrimiento que causa el saber que la crueldad existe, ¿cómo se gestiona?, ¿dónde o cómo se busca el consuelo?
    Así que, cuando leo escritos que parecen emanados de mentes que me parecen tan ajenas al mundo tangible como los que me encuentro algunas veces, no puedo evitar el sentirme bastante… irritada, por expresarlo con una cierta mesura.
    Donde he escrito “mundo tangible” hubiese escrito “mundo real”, pero, por aquello de que la realidad es engañosa… (Esto va con un poquito de sarcasmo).
    En fin; he logrado esta semana también escribir un comentario.
    Y ahora, un ruego: si a alguno de los que me leáis se os pasa por la cabeza una réplica en tono buenista, que por favor se la calle. Que no estoy yo hoy para filigranas.

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  6. Rafa
    27 abril, 2013

    Cuando el sufrimiento se manifiesta de forma inconsciente, se traduce en agotamiento o cansancio,
    cuando es consciente en dolor o infelicidad.

    Ante esta posición, podemos adoptar dos posturas:

    Resignarnos y aceptar las adversidades y el sufrimiento que producen, hasta convertirlo en un deporte,

    o cambiar y entrar en crisis

    La crisis, si es profunda, está sujeta forzosamente a evolución y lleva aparejada un grado de incertidumbre; de otra manera solo produciría cambios automáticos .

    Pero si son cambios profundos ,traen consecuencias trascendentales, más allá de la crisis.

    Para generar estos cambios, lo primero que habría que cambiar es el estado que ha producido la crisis, para lo que tendríamos que efectuar un acto de entrega a ese nuevo estado que descono cemos.

    Yo pienso que la mejor manera de entregarse, con la felicidad y la risa, es ver como una oportunidad el olvidarse de uno mismo, (de lo que muchas veces estamos deseando), y dejar que aparezca el otro.

    El poeta, el artista, el brillante actor que es el principal agonista de nuestra vida, que a lo mejor también es suya.

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