Párrafo 5.14

5.14 “En la cabeza de cualquier inocente de nuestro tiempo resonará esta cascada de preguntas, reclamando el espacio de una vida responsable. El cuerpo entero se estremecerá ante miles de posibilidades sin estrenar, y cualquier hombre que viva la crisis se sentirá grueso por dentro, como ocupado por una densidad enferma, y el mito de siempre se está bien donde no estoy yo empezará a sentirse por dentro como si algo te hubiese obligado a actuar de impostor de ti mismo. Pero parece que ya empiezan a decir los biólogos que todas las posibilidades que encierra el arca del genoma están disponibles, y todos los territorios inexplorados que rodean la frontera de la ignorancia están abiertos a dar la bienvenida a todo aventurero que sienta que nacer y vivir no es un acto rutinario de naturaleza casual y confusa”.

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

El lema mejor esgrimido por los inocentes es “pero si yo no fui, pero si yo no iba, pero si fue sin querer, pero si yo, pero…” Ah, haber elegido “muerte”.
La autocomplacencia de dejar que nuestra percepción sensitiva sea el juez que dictamine la repercusión de nuestros actos, nos hace poner nuestra capacidad de libertad al servicio de la ignorancia, pura contradicción. Ya que asumimos nuestra percepción como la totalidad misma de la realidad, descartando la inmensidad fenoménica en la que estamos y en la que somos. Solo el conocimiento nos hará libres, pero antes de alcanzar semejante cumbre habrá que asumir que el partido de ping-pong que disputamos entre inocencia y culpa debe resolverse en otro sentido que en el de poner lo antes posible la pelota en el lado de la inocencia y al instante mirar cómo te compadece el rebaño. Hay que intentar no dejarse abatir por esta dicotomía e ir hacia la capacidad de respuesta, hacia la responsabilidad. Tenemos que responder ante la multitud de señales, mensajes y situaciones por la que constantemente estamos pasando. No importa que no se sea consciente todavía de la repercusión de todas las acciones que uno toma y los demás toman, pero hay que querer acercarse a ese propósito para abrir los ojos y empezar a ver que “siempre íbamos y que siempre vamos” y que no podemos sentir que a nuestro alrededor la realidad es un atrezzo en el que las personas son mera figuración.

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14 Comentarios

  1. Rafa
    12 mayo, 2013

    Decía Soren Kierkegaard, que

    ” Se peca, cuando delante de Dios y desesperadamente no se quiere ser uno mismo, o cuando, también de un manera desesperada y delante de Dios, se quiere ser uno mismo”.

    También decía que pasamos por alto que lo contrario del pecado, no es la virtud, si nó la fé (el acercamiento a nuestro ser real).

    Esto es lo grave; esa terquedad nuestra, que estúpida o insolentemente, se mantiene ignorante o pretende ignorar que el yo humano, le debe al dios de cada uno una obediencia profundísima.

    Hay individuos que poseen un oido especialmente fino para captar y cumplir con prontitud la menor señal de la voluntad divina en cualquiera, de sus designios, respecto a nosotros,

    y otros estamos más sordos a esa llamada, quizá simplemente porque no tenemos la humildad suficiente para terminar de creernos que nuestro ser, estaría encantado simplemente con que aceptáramos la ayuda que nos ofrece.

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    • Inés
      13 mayo, 2013

      Tienes razón.

      En realidad nacimos para recordar a ese alma que llevamos dentro y por eso todos los demás desdoblamientos resultan de nuestra ignorancia en el olvido de reconocer quienes somos.
      Muchas veces lo exterior y lo interior se “confabulan” por si nos quedara alguna duda y si nos dejáramos ser sería todo mucho más fácil, más rodado.
      Resulta sin embargo que parece que nos gustara seguir agarrados a las máscaras que nos ponemos, y en el fondo es sólo miedo.
      Miedo a caminar si la superfice por la que tenemos que pasar exige que hagamos algún tipo de equilibrio, y en esta palabra se incluye la renuncia a lo fácil, el ímpetu de nadar como sea que se presente la corriente, que no siempre es un remanso..
      Después, también relacionado con el mismo sentimiento, está el miedo ese estúpido -por irreal- a no ser aceptados por el resto -como si el resto fuera exclusivamente el entorno más próximo, y el miedo a mirar a los infiernos que nadie quiere ver, o el estúpido miedo impuesto por una moral antinatural que no se de donde ha salido, de que el disfrute de lo que se nos da de forma gratuíta es “malo”, de que hay que sufrir obligatoriamente.
      La naturaleza exterior con la de dentro, la luz, de la que nadie parece querer saber nada, las buenas ondas que percibimos en algunos de esos otros , que no todo es tan negro y cuando es negro, negro es, pues atravesémoslo negro si se tercia, que ya volverá a colorearse.
      Ese miedo que lleva al descreimiento de que no merecemos ser felices y aquí, en este libro ya todo está dicho, se nos dan una serie de pautas tan claritas… ( recuerdo ahora la conexión de estas pausas imposibles con los mensajes de otro capitulo, en especial el 16.3)

      Si miramos atrás o a mundos paralelos a los nuestros, es claro que la vida no es fácil, y también que es mas fácil para unos que para otros y también que cada cual hace lo que puede o lo que quiere …todo según mire la vida.
      Muchos dicen yo “vivo” con esto quieren decir que sobreviven , pero en esa su supervivencia sin compromiso, se llevan por delante vidas de los otros.
      Sin embargo eso no es ninguna excusa para cualquier nacido que conoce su rumbo. Tampoco significa una renuncia, o ser ” muy poco práctico” por no respirar el aire que otros pretenden que tu inspires, porque si uno ya ha aprendido a filtrar los aires….
      Con esto quiero decir que cada cual debería saber que es lo que le hace bien e ir a por ello!! sin mas tonterías, porque estar bien es la única manera de no hacer daño a los demás. Estoy tan segura..

      Es cierto lo que dice aquí el autor: La vida no es un juego. ( ni un despecho diría yo) debe ser una trayectoria apasionada en la responsabilidad y la adaptación. Y adaptarse supone no sólo ocupar el pequeño espacio que se dio como herencia, sino descubrir qué es lo mejor que sabes hacer – siempre mucho más de una cosa- multiplicar con los otros ese don, recibir el don que los otros te dan y además todo esto hacerlo con viento, sol, nubes, lluvia, truenos y tsunamis mientras quede un aliento.

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    • Luz
      13 mayo, 2013

      ¡¡¡Qué bonito , Rafa!!!, me suenas a una sensibilidad y sencillez preciosa y a ¡nada más…!

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      • Luz
        13 mayo, 2013

        …Me refiero desde el punto de vista conceptual-intelectivo.

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    • José
      13 mayo, 2013

      Yo tambien, de acuerdo, con Luz he sentido vibrar sinceridad en tu escrito. Gracias

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  2. Salva-sea-la-Parte
    14 mayo, 2013

    Nada más cierto que lo dicho aquí, y allí, por el autor, y reafirmado por el comentario inicial de El Aventurero vario, lástima que se vaya por el cerro de las úbedas psicológicas.
    Lo siento, pero tuve ilustre profesora que en 3º de básica sudaca lo contaba. ¡Qué le vamos a hacer!
    También me lo contaba un profe privata de captación plástica quie sabía de que iba el asunto.
    Mucha gente por nuestros caminos temporles, como los TEMP del ordenata, te lo sueltan, pero andas muy despistado en la matraca habitual de la superviviencia, y no coordinas, hasta que de pronto, zas, te encuentras con un catalizador y lo recuperas.
    Bueno, más o menos.

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  3. Sara
    15 mayo, 2013

    Estamos ensimismados con nuestras quejas, nuestros problemas… tan ocupados nos tienen que vivimos orbitándolos, y que no nos vayan a despertar de esa rutina hipnótica , no vayamos a darnos cuenta que a lo mejor estamos aquí para algo más y tengamos que renunciar a la inocencia de nuestro ombligo que tanto nos amparaba….

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  4. Beucis
    16 mayo, 2013

    Millones de mensajes que pasan por nuestros pulmones y elegimos siempre el mismo. Nos atrae lo conocido; lo sabido; el navegar siempre el mismo río; sin sorpresas, sin aventura. Preferimos la aburrida rutina sin sobresaltos, a escudriñar nuevas bahías y lejanos puertos desconocidos; desconocidos y temerosos, sí, pero también estimulantes y prometedores y que nos ayudan a agrandar nuestras posibilidades; a ser capaces de asomarnos a fronteras cada vez mas amplias, que limitan mundos ignorados.

    Nuestra densidad, nuestra oscuridad, protegida porque la conocemos, porque nos da seguridad, nos va paralizando cada vez más. Es el Golem que el rabino de la judería de Praga, crea, protege y utiliza. Es el Caballero Oscuro, antagonista, anverso de Arturo el rey. Es Mr. Hyde . Es la sombra detestada de Zaratustra. Todo lo que lastra y a lo que no nos enfrentamos por miedo. Todo lo que tenemos que purificar e integrar. Necesitamos todo este potencial que impulsará e incidirá en el genoma y con esa fuerza renovada, no asustarnos de los territorios inexplorados, adentrarnos, estar abiertos a la ignorancia que se nos abre, que nos estimula. Y así, aprender a saber nacer, a saber vivir.

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  5. Alicia/Afrodita
    18 mayo, 2013

    Nadie sabemos qué debemos hacer con nuestra vida, ni para qué dedicación nos eligió el destino, o si era el “yo” el que debía elegir al destino. Pero entre tanto vivimos en un constante debatir, en cada instante, de a cuál de los dos toca la baza en el instante siguiente; y sin saber, también a cada instante, si nos precipitamos o nos rezagamos o si lo torcimos o nos hizo trampa.
    Pero actuamos, no queda más remedio, aunque la opción que tomemos sea hacernos un ovillo y esperar a aclararnos estaremos actuando y teniendo una responsabilidad (aunque la desconozcamos) en lo que sucedió o dejó de suceder por causa de nuestro aovillamiento.
    Incluso cuando afirmamos saber qué queremos y a qué queremos dedicar nuestra vida y nuestro afán, ¿somos conscientes de si lo que nos mueve es la voluntad y no sólo el deseo?
    Estamos educados a que cualquier propósito llevado a cabo se materialice en algún resultado perceptible a simple vista, o a simple oído, o a simple tacto, o a simple gusto o a simple olfato, por los demás. Y a lo mejor no nos lo creemos del todo, a lo mejor tenemos una vaga sensación de que “hacemos” cosas que quedan fuera del ámbito de las percepciones inmediatas; pero, a ese tipo de cosas, les reconocemos tan poquita utilidad…
    El hacer o no hacer solemos valorarlo en función de qué reporta a los aspectos prácticos de la vida, y centrarlo en la subsistencia, en el permanecer y en el dejar constancia de que somos — no qué somos, que suele no proceder ni el plantearse, y si se plantea no debe cometerse la grosería, o la frivolidad, de expresarlo — lo que se espera de nosotros y de que estamos en el lugar que nos corresponde.
    Y todos nuestros actos quedan así sometidos a criterios de algo que se parece mucho a la productividad, porque todos nuestros actos han de representar un lucro (material o espiritual) o una posibilidad de trueque; y si no es así, en nuestro cada día, nos iremos a la cama por la noche con la desazón de “hoy no he hecho nada”.
    Así que todo esfuerzo suele aplicarse a la actividad laboral cabalmente desempeñada, a la profesionalidad, a que el hogar esté en orden si se es ama de casa, a que las multas estén debidamente puestas (e impuestas) si se es guardián de la ORA, a que el reo esté correcta y puntualmente ejecutado si se es verdugo…
    Y, caramba; después de tanto trajín se tiene derecho al esparcimiento.
    Y el ocio se suele emplear en desvivirse buscando formas nuevas con que matar el tedio.
    ¿Qué tiempo queda para buscar a ese “uno mismo” que cada cual tiene la sensación de llevar dentro? ¿Qué tiempo para dedicarlo a ese “uno mismo” con el que tanto terror daría encontrarse?

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  6. José
    18 mayo, 2013

    Es un mundo tan amplio el que nos insinúa Perez de Carrera. Beucis lo dice poeticamente. Si tocamos una aldaba se abrirán miles de puertas.

    Me lleva todo esto a tantas reflexiones. Se me abre el abanico de la Voluntad y de la acción de la voluntad individual. Veo un mar en el que me quiero sumergir. Buscar y buscar. Un anhelo de dejar de filtrar, como hace el saber habitual, y perderme sin más rumbo que el anhelar cambiar.

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  7. Mandrágora
    18 mayo, 2013

    ¿Qué nos hace actuar de modo diferente a lo que parece que somos?

    A lo largo de los múltiples fragmentos que este blog nos ha ido mostrando, con harta frecuencia aparece esa música de fondo expuesta de múltiples maneras: el miedo, el miedo a lo desconocido, a la aventura, a resucitar la memoria, a la búsqueda de una identidad superior, al encuentro de la libertad, «a todas esas escondidas posibilidades»… Y ahora, en este fragmento, se nos habla del impostor.

    La dualidad, en la que también se nos reitera estamos inmersos, aparece también como punto de partida, como condición sine qua non para emprender todo camino de superación. Todo ello me hace reflexionar y me lleva a la imagen de, como si en nosotros, en el interior de cada uno se hallara una especie de golem, colocado intencionadamente y con particulares características según cada uno, a la espera de ser transformado, de ser purificado para, una vez ensamblado, poder facilitar el encuentro a «esas escondidas posibilidades». El golem como pretexto a ese esfuerzo, a ese sacrifico y empeño por lograrlo, necesario para resucitar las posibilidades que están esperando.

    En ese caso, si realmente fuera así, el eterno monstruo debería ser bendecido como causante de una resurrección provocada y que gracias a ella se pueda encaminar hacia esas otras posibilidades que están esperando.
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    • Alicia
      19 mayo, 2013

      A mí me parece que cada persona somos tres — ¿como la Trinidad?, no; pero si tres —: el que de verdad somos, el que creemos ser, y el que supone quien nos observa, o nos piensa o nos imagina.
      Lo digo por tu pregunta “¿Qué nos hace actuar de modo diferente a lo que parece que somos?”.
      A mi vez me pregunto si a lo que parece a los otros que somos o a lo que nos parece que somos a nosotros mismos.
      Qué parecemos a los demás es más complicado de saber, supongo, y tan sólo nos cabe imaginar cómo nos percibirán a partir de cómo a base de cuidado y de esmero nos mostramos. Unas personas se esfuerzan por ser consideradas bondadosas, otras simpáticas, otras seguras de sí mismas, otras… pues lo que sea. Y aunque siempre aparecerán fisuras, o los otros nos encontrarán fisuras en función de lo perspicaces que a su vez sean, esos otros seguirán su camino, algo decepcionados tal vez si es que los defraudamos, pero lo seguirán sin más problema (salvo los suyos propios, claro) porque no es de ellos la responsabilidad de resolvernos. Aunque a lo mejor — pienso — quizás un poco sí, pero responsabilidad pequeña.
      Cada cual sí tenemos la responsabilidad, grande e ineludible, de resolvernos.
      Tal vez ese sea el motivo de la tan denostada dualidad, el “eterno monstruo” que como tú muy bien dices es (en mi opinión) algo a lo que deberíamos dar gracias por estar representando la constante búsqueda del verdadero ser que habita en cada uno de nosotros.
      Creo que en cualquier manifestación del arte afloran mucho esa manifestación de la dualidad y ese empecinamiento del verdadero ser oculto por hacerse un hueco. Sin la dualidad me temo que el mundo de los humanos sería plano, sin rasgos ni matices, y un aburrimiento insufrible.
      Pero creo también que un error al que no podemos sustraernos, porque va también en la esencia de la naturaleza humana, es imaginar que esa resolución del “yo” va a alcanzarla la persona que somos, con el cuerpo que tenemos, y habitando dentro de él.
      Y a lo mejor la misión del cuerpo es justamente actuar de tirano, generar la lucha y el conflicto que servirán de impulso para, ya en otra parte y sin este cuerpo, recoger, de alguna manera, unos frutos que desde “nuestro aquí” se nos antojan (no sin una cierta razón muy humana) ajenos y lejanos.
      Porque el cuerpo es muy (con perdón) cabrón y egoísta y lo quiere todo para sí; y estar presente y vivir en su carne la gloria de la resurrección que tu mencionas. Pero, luego, fuera de él, quizás lo que resulte muy ajeno y lejano sea lo que experimentamos mientras estuvimos en él; y que nos cause risa tanto como nos hizo pelear y batallar y padecer.
      Son estas, Mandrágora, reflexiones surgidas a raíz de tu comentario. Prueba, tal vez, de que un poquito sí que nos resolvemos los unos a los otros.
      Y quiero darte las gracias por ello.

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  8. Mandrágora
    20 mayo, 2013

    Gracias Alicia por tu análisis, pero creo que el cuerpo es instrumento necesario para doblegar ese dominio que entiendo de tu comentario. Posiblemente el sometimiento en el que vivimos habite más en nuestra mente y nuestros esquemas, y el cuerpo, con todas sus desarmonías, sea un resultado transitorio a superar donde nos muestra las carencias que acumulamos. No creo que sea necesario abandonarlo para conquistar y ver otras luces.

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  9. Alicia
    24 mayo, 2013

    Hace un rato he intentado aquí y no he podido, y llevo así desde ayer.
    Terminé poniéndolo en mi blog. Pego el enlace por si entra
    http://lopezdelamanzanara.blogspot.com.es/2013/05/otro-comentario-en-texto-514.html

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