Párrafo 5.21

5.21 “La bioquímica es una reacción secuencial, por tanto sujeta a la existencia del tiempo, y el tiempo a su vez sólo es perceptible desde una disposición de vigilia vectorializada. Cuando se paraliza la atención hacia puntos calientes de la razón o se activan las sinergias entre cerebro y acción, el tiempo se escapa como lluvia entre las manos. Se trata el tiempo con la resignación de algo común, inmutable, como un dios redondo que traza rayas sexagesimales sobre una impasibilidad beatíficamente cruel, y sin embargo es una hoguera que alberga y quema a distinta velocidad todas las vidas, que asume las diferentes variantes de alianzas de todas las materias, que soporta infinitas varas de medir, cada una de ellas irracional y matemáticamente indivisible”.

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

¿Puede cambiar el universo con una simple mirada? John Archibald Wheeler, uno de los físicos más importantes del siglo pasado, nos enseño que cada uno de nosotros puede cambiar la historia misma del Cosmos; dicha afirmación surge de un experimento teórico que mide la luz de una estrella distante que viaja hacia la Tierra y que pasa cerca de una galaxia “enorme” que curva la luz. Sin entrar en más detalles, la manera en que decidamos medir la luz (es una manera vaga de hablar), determinara el camino que seguirá el fotón alrededor de dicha galaxia miles de millones de años después de que el fotón haya pasado por allí (la acción del observador incide en el resultado).

Esta discusión sobre las observaciones y la realidad, ¿supone que no existe realidad alguna? ¿Qué existe pero no puede ser conocida? ¿La voluntad del observador hará que el fotón elija un camino u otro dependiendo de la voluntad del observador? La multitud de preguntas que nos podemos plantear indica la complejidad del problema, no sólo en referencia a la física, sino también a la filosofía. Una discusión similar sobre el principio de complementariedad y su compatibilidad con el “materialismo dialéctico”, costó la cárcel y la muerte a un cierto número de físicos en la Unión Soviética durante los años 40.

Esta misma cuestión, extendida a nuestra biología, presenta un universo conducido a la existencia por algo que también rige la vida misma, donde el mecanismo que puso en marcha el Cosmos se muestra en nuestra bioquímica todo el tiempo.

Aún estamos lejos de responder todas las preguntas que plantea la ciencia y la biología en particular (ni tan siquiera somos capaces de predecir la estructura dimensional de una proteína a partir de su secuencia).

La vida es tan inconmensurablemente grande y profunda como el abismo de estrellas que hay encima de nosotros. Sólo podemos mirarla a través de la pequeña mirilla de nuestra propia existencia, aunque con ella podemos sentir más de lo que vemos. Tenemos que absorber ordenadamente todo lo que sea reconocible sin dejar de admirar serenamente lo irreconocible. Tanto lo más pequeño como lo más grande ha de sernos próximo y valioso.

La tarea, pues, no es tanto ver lo que nadie aún ha visto, como pensar lo que todavía nadie ha pensado sobre aquello que todos ven.

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7 Comentarios

  1. Enrique
    30 junio, 2013

    El tiempo solo es un mensaje: todo lo que nace muere. ¿Para qué nacer si la eternidad existe? ¿Por qué nacer si no hay nada eterno? En uno y otro caso el tiempo es una imperfección, o una rebeldía ante lo inevitable. O puede que sea el motor de lo eterno, el pulso que lo alimenta en su devenir, la condición necesaria para que lo eterno cambie.

    El tiempo es el precio que hay que pagar por la razón y la razón el requisito necesario para aumentar la consciencia. Un requisito que pasa por los sentidos, por esos sensores de todo lo que vibra.

    Un animal, eso me han dicho, no tiene razón y por lo tanto no conoce el tiempo. Recibe y ejecuta lo que corresponde. Su consciencia es simple, limitada y automática. Y esto podría extenderse a la maquinaria bioquímica, e incluso al átomo más humilde.

    Pero el átomo es incierto y existe en todos los estados posibles hasta que hay alguien con consciencia que lo mira con la intención de fijarlo; alguien que, pretendiendo entender, lo coloca en una situación determinada. Una situación que altera todas las geometrías.

    El número pi es irracional; señala el número de veces que la longitud de una circunferencia contiene su diámetro. La raíz de dos también es irracional, expresa el valor de la hipotenusa de un triángulo rectángulo cuyos catetos son iguales y miden la unidad. El número áureo también es irracional, indica una proporción que se obtiene al dividir un segmento de un forma determinada y exclusiva.

    Los irracionales son números que indican vínculos indisolubles entre las cosas. Basta con citarlos para representar lo que describen. Serían algo así como la esencia de cada objeto. Se podría pensar en un mundo de relaciones, como si nada existiera por sí solo, sino en relación con otra cosa.

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  2. Ulises
    30 junio, 2013

    La existencia de los relojes nos hace pensar que el tiempo fluye siempre a la misma velocidad. Pero, a pesar de lo que marquen los relojes, todos hemos tenido la sensación de que en determinadas circunstancias, o en determinados estados de ánimo, el tiempo podía pasar muy deprisa o muy despacio. Es llamativa, por ejemplo, la sensación tan distinta que tienen un niño y un adulto sobre el transcurrir del tiempo. Para un niño, un año es una eternidad, para su abuelo, el tiempo pasa volando.
    Pero, con independencia de que el tiempo transcurra más deprisa o más despacio, nos es imposible concebir un mundo en el que no haya tiempo. Cuando nos dicen que el espacio y el tiempo solo existen en el mundo material en que vivimos, y que fuera del mismo, en el mundo del espíritu, no hay ni espacio ni tiempo, debo confesar que soy incapaz de imaginarme cómo debe ser la vida en ese mundo. Un mundo en el que no habrá ni días ni noches, ni amaneceres ni anocheceres, ni sol de día ni luna de noche, en donde nadie ni envejecerá ni morirá.
    Las personas que han superado estados de muerte clínica y que han llegado a vislumbrar algo sobre ese mundo, nos dicen que es algo maravilloso. Yo así lo creo, pero para poderlo creer tengo que dejar de lado a mi razón y a todas las experiencias de mi vida.
    Lo que está claro es que el tiempo de que disponemos en este mundo, tanto si discurre más deprisa o más despacio, es limitado. Y nuestro gran reto es aprovecharlo lo mejor posible.

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  3. Atila
    3 julio, 2013

    Su adolescencia no fue facil, es cuando juzgas a tus padres y otras muchas cosas. El ultimo domingo fueron al Retiro y ahi estaba el “Angel caido”.
    Aquel dia no le apetecio ir al recreo, tener que dar coba a la dueña de la cuerda para poder saltar y siempre temia no serlo.
    A ella le gustaba inventar historias y no aprenderse de memoria lo de los reyes godos que tenian unos nombres muy raros y otras materias aburridisimas, asi que les dijo a sus compañeras que se quedaba en la clase estudiando pero despues de varios dias aparecio ua monja.
    -¿Que hace aqui en vez de ir al recreo con sus cmpañeras de clase?
    -Pues pensar.
    – Y en que piensa?
    -Pues en mis cosas.
    -Lo de pensar es muy peligroso porque puede venir el demonio a tentarla, asi que dejese de tontunas y vaya al recreo.
    Precisamente estaba pensando que si hubiera gente que se apoyase en su Angel de la Guardia el “Angel Caido podria cambiar y que sus alas en vez de ser de marmol podrian volar.
    Precsamente estaba pensando que si muchas personas acudieran a su

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  4. Trenzaluz
    4 julio, 2013

    Si que las rutas metabólicas son segmentos ordenados, secuenciales.
    Pero hay rutas metabólicas que comparten espacios diferentes;
    hay rutas que se completan entre células diferentes;
    hay rutas que se ramifican dando varios resultados distintos: sincrónicos o no sincrónicos;
    rutas metabólicas circulares o/y serpenteantes, en espiral y/o lineales.
    Algunas se detienen a la expectativa de lo que necesitan las células, mientras otras necesitan obligatoriamente llegar a su término.
    Son secuenciales y marcadas por tantas formas de tiempos y de espacios que en el fondo, el tiempo, se especula como un resultado teóricamente aparente,
    porque depende vitalmente, a su vez, de muchos muchos factores.
    Instantes que son a su vez, fractales de fractales de…. si se describen con coherencia;
    porque dependen en cada ser vivo, entre otras cosas, de una luz fotónica, que recibida como presente, se formó hace millones de años en un corazón estelar.
    Una secuencia fotónica, junto con muchas más cosas, variable y nueva a cada instante… y por eso las velocidades se alteran, se densifican o se dispersan.
    …Lo que hace que el tiempo solo sea un espacio sujeto a una sensación vital más, que hace que las vibraciones cálidas y joviales pasen en un suspiro, mientras las que son frías, amorfas y lánguidas, se perpetúen.
    Es por eso que un genio pintara relojes deformes, no convencionales, acomodados a espacios angulosos; quizás porque el tiempo solamente sea una sensación adaptada a la materia y no al revés. Que solo sea un formulismo social, para sincronizar vivencias; por eso para mí, canas y arrugas, me cuenten otras cosas que no dice el paso de un tiempo…

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  5. Afrodita
    5 julio, 2013

    Y se llevó de su mano el tiempo qué no fue grato, qué de congoja y disgusto que dejó un regusto amargo y un eco de rencor sordo y un rescoldo del agravio que se obstinara en negarse a que el qué vendrá anegase de devenir el olvido y de qué fuera el presagio.
    Y trajo por trueque otra — su otra mano que ignoraba qué la primera había hecho y lo que se había llevado — nueva razón que rezando en palabras que no saben qué decir cuando se entonan y se pronuncian callando, buenas nuevas que anunciaban que el dolor era pasado.
    Y se quedó allí tan quieto, inmóvil sólo pasando de largo a pasitos cortos por las gentes esperando que diese la vuelta entera y volviese donde andando lo esperase el qué pasara si no se hubiesen parado a mirarse en los espejos que reflejan el qué tiene de venidero el entonces y de pasado el acaso.
    Y se rompió en tantos trozos, tantos fragmentos sesgados de través en el recuerdo y de canto en el mal paso que torciera su camino por venir a darle amparo, que ya no quedó del tiempo más que la sombra en pedazos del antes que no sería y el después que fue a velarlo.

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  6. Beucis
    6 julio, 2013

    Nuestro caminar desde el nacimiento a la muerte, no es, no puede ser regular y rítmico, porque nuestro existir, nuestro estar, es distinto en cada momento; porque la gravidez, la densidad de nuestros sentimientos y haceres, de nuestro oficio de vivir, pesan, imprimen al reloj que nos referencia un latir pesado y rutinario del que creemos no podemos librarnos. Somos dogmáticos y aceptamos un viaje por el existir previsible y sin sorpresas; un viaje que queremos sin aventuras, bien sujeto a esa subsistencia que nos hemos encargado de tener apresada.

    En este transcurso queremos un tiempo enjaulado en gruesa esfera, atrapado por barrotes carcelarios y marcando cruel, paso a paso, la llegada al final, la llegada a la última estación.

    El dios bifronte Jano contempla desde las dos orillas al viajero: pasado y futuro, nacimiento y muerte, Eros y Thanatos; los dos Juanes, el de la memoria del agua y el de la combustión purificadora y la unción del aceite (extremaunción, sacramento que imprime carácter).

    Los diferentes mitos contemplan al tiempo, Cronos, sin fijarlo en el presente, enmarcado entre dos puertas, fluido, sin detenerse, sin querer que lo detengan. No podemos ni debemos atraparle. Deberíamos querer ser energía que fluye por un presente sin trabas, sin parada y fonda, sin repeticiones, sin mirada atrás, quemándonos en sus hogueras, albergando distintas velocidades, aliándonos, aceptando distintas varas de medir.

    Esto es posible haciendo un pacto con nuestra voluntad con mayúscula, pidiendo desde el sacrificio: “¡hágase mi Voluntad!”, tratando desde la convocación ver nuestro estar atado a Cronos, destrabarse, y, liberado del Titán que engulle, abrir el camino a la consciencia, a la felicidad, a nuestro Ser.

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  7. José
    6 julio, 2013

    El tiempo, el tiempo que contamos, es otra trampa de nuestra civilización. El tiempo se mide en horas de trabajo, en horas de ocio, en años que pasan. Sin más vector que la “desgracia” de la muerte, la sequedad de lo que llamamos amor y la lisonja del dolor. Embebemos el destino, saturamos el vientre de muerte. Matamos el tiempo.

    Pero el tiempo es el más allá. El tiempo esta en el cielo, en la tierra y en los mares. Esta en el giro de la tierra, en la curvatura de la luz, en los eclipses, en las mareas, en la luna. En lo que avistamos a lo lejos: En la gravedad que nos atrae y que nos lanza.

    El tiempo esta en Mercurio, en Marte, en Venus: Esta en el movimiento, en la transformación, en nuestra transformación.

    El tiempo no es finito, como tampoco el espacio finito

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