Párrafo 5.8

5.8 “Ese mensaje que está impreso en la vida da forma al pulso. A menudo puede ser manipulado, escondido o evitado, dando lugar al sufrimiento en sus múltiples formas; entonces se va preñando de impurezas para dar a luz un hijo redondo con corazón monocorde: el tiempo”.

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Hoy sabemos gracias a la Biología que cada una de nuestras células contiene la totalidad del material genético; que en cada una de nuestras células está ya el germen de nuestra propia capacidad. Pero no solamente de nuestra capacidad: sabemos que el genoma retiene evidencias de su historia pasada, de la historia de la Humanidad, un relato que trasciende todo lo escrito por el hombre, e integra la biología, la cultura y nuestra historia en una narración única que representa el gran sueño de las Ciencia: comprender la naturaleza de la vida misma, acercarnos al origen de la vida y conocer la evolución de las especies.

¿Para qué sirve la evolución entonces? Mientras la razón no tenga la respuesta que la Ciencia no puede darle todavía, no seremos capaces de comprender el papel del Hombre. Pero existen otros caminos. Cada vez que damos sin querer en las teclas de la memoria que nos hacen generar experiencias distintas, experiencias que están latentes en nuestra genética, nos damos cuenta del potencial que esconde nuestros genes. Lo que hace falta es dar en esas teclas; y dar en esas teclas a través de la Ciencia, a través de la Poesía, a través de la Mística, para generar una actitud que configure un trabajo personal más cercano al ritmo de la plenitud que la razón no entiende.

Si sufres algún dolor es que estás en la superficie, decía un dominico.

Hacemos muchas cosas a lo largo del día, en un ritmo lleno de trabajo y ocupaciones que nos aturden y confunden, moviéndonos constantemente de un lado para otro, pero ¿sabemos exactamente hacia dónde vamos, por qué y para qué toda esta actividad?

Si miramos a nuestro alrededor, nos damos cuenta de que la mayoría de la gente se guía por una serie de prejuicios bien asentados, mientras la Ciencia, con cada nuevo descubrimiento nos muestra que la realidad es muy diferente de lo que dicta el sentido común. En la visión cuántica de la realidad, una partícula, mientras no es observada, estaría simultáneamente en todas las posiciones y tendría todas las velocidades. Si consideramos que la realidad auténtica es como esta partícula no observada, podríamos decir que el mundo que nos rodea en un estado concreto sería una visión engañosa de la realidad, la cual es básicamente inaccesible. Por tanto, el sufrimiento sería hacer una clasificación jerárquica de la realidad que nos rodea, mirar el mundo como si tuviésemos al alcance todo el conocimiento.

Si nos atamos a lo conocido nos empobrecemos. Y así, dar oportunidad a lo insospechado, ejercicio que hoy se hace poco, podría ser un impulso para acercarnos a una actitud vital menos dependiente de lo anecdótico y más cercana al impulso que dio origen a nuestro papel en la evolución.

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6 Comentarios

  1. Afrodita/Alicia
    31 marzo, 2013

    El tiempo, ese concepto que avanza despacio arrastrando en su caminar su propio andar pesado, cargado de cadenas, cuando lo que acontece se nos antoja ingrato; y tan ligero y silencioso, tan apenas leve soplo efímero en el que siquiera se repara, precisamente, cuando no lo pensamos.
    ¿Tienen algo en común, están emparentados ese tipo gordo y grosero que tanto se hace notar con sus múltiples ruidos y aquel otro liviano que parece empecinarse en pasar inadvertido?
    Pero les damos a los dos el mismo nombre e incluso creemos que les damos a los dos el mismo trato.
    Pero, no.
    Al gordo y grosero lo valoramos, lo buscamos en las manecillas y en el tic-tac de los relojes, lo tememos a veces y otras muchas tratamos de atraparlo.
    Al otro, al liviano, lo ignoramos y lo dejamos con absoluta indiferencia pasar de largo ocupados, como estamos (cuando lo estamos), en tan sólo disfrutar, aun sin tomar consciencia de ello, de que el gordo ni importa ni es en realidad nada, o nada al menos que tenga un peso específico en nuestra verdadera realidad que (en Realidad) le es tan ajena.
    ¿Será que nuestra verdadera realidad es que somos, cada uno, una partícula que, como comenta el aventurero, mientras no es observada está simultáneamente en todas las posiciones y tiene todas las velocidades?
    ¿Por qué entonces nos instalamos en nuestras posiciones y nos aferramos a nuestra lentitud en liberarnos de las cadenas que nos solemos colocar nosotros mismos con tanta destreza y tan prodigiosa celeridad?
    ¿Cuál es el verdadero; el bebé gordo que entre todos hemos parido y al que alimentamos y del que nos ocupamos, porque es “el nuestro” y nos pertenece, o el desconocido y no mensurable que nos ha parido y al que pertenecemos?
    ¿O es que ninguno de los dos existe y los hemos inventado?
    ¿Para que el uno nos sirva de lastre que al soltar nos catapulte a una Eternidad en la que tampoco hay un lugar para el otro?

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  2. Ana
    1 abril, 2013

    Pero el hijo es redondo, acabado y perfecto, homogéneo por todos los lados, en todos sitios igual: es el presente que produce una contradicción, porque damos por hecho que avanza (¿con respecto de qué?) y siempre es el mismo en cuanto a nuestra percepción, ya que siempre estamos en un presente. Homogéneo y perfecto, el tiempo nos aporta una noción de la verdad sujeta a su realidad inexorable, ley de leyes, parece someternos a procesos definidos por los sentidos y el pensamiento racional, mecánico. Pero es redondo, sólo una figura más entre otras muchas. Relativo. Tal vez, si caminásemos muy rápido el eterno horizonte desaparecería y veríamos, al fin, a qué le hemos estado dando tantas vueltas.

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  3. Nuba
    5 abril, 2013

    Es una sensación tan bonita la de tomar el pulso!
    Lo es.
    .. y descubres, y recuerdas que ninún médico te lo ha tomado jamás, pero tú si lo has tomado a otros, a tí misma ( con tres dedos, evitando el pulgar..).
    Es una de las muchas cosas que nos identifican, como la piel, como el pelo, como las uñas, o los lunares, o los dedos.. o la forma de correr o de fruncir el ceño..
    Pero el pulso es un ritmo, el ritmo más íntimo que “marca” nuestro territorio, y en ese espacio, despliega nuestra propia música.
    Los hay que tienen un corazón grande, que está pidiendo salir del pecho y a menudo se va de paseo por otros mundos
    Los hay con una calma tan suave que casi tienes que adivinar la cadencia del ritmo,..
    Los hay con arritmias casi crónicas, otros, tan adaptados, que solo laten de noche, cuando no hay batuta.. ¿como puede un corazón ser monocromático, en blanco y negro o gris, como puede estar desteñido un corazón? es eso del desencanto, la huida? Reniego.

    Permitidme la licencia:

    http://www.youtube.com/watch?v=BwuxavTsQuo

    Este un pulso que viene a mí de vez en cuando y volvió hoy.
    No se si quiere decir algo o sólo acompasar mi propio pulso y que pare de preguntarle al cielo porqué llora tanto. Pero si se que tiene un significado propio en mi “almario”.
    Podeis probar en el vuestro con el marcaje de este pulso en el deseo de “transformarle” en cucharadita de miel de romero. Contra la afonía.
    Aunque hasta que tengamos que nadar y bucear sigo encantada con seguir mojándome.

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  4. Atila
    5 abril, 2013

    Yo tengo un castillo(la palabra viene de casta) pero no puedo entrar porque las llaves estan en el fondo del mar.
    ¿Por favor Arcangel Natariel ayudame a buscarlas porque en ese casillo estan las memorias, recuerdos, retratos de mis antepasados y ademas lleva tanto tiempo cerrado que habra que ventilarlo, abrirlo, que entre aire fresco y nuevo, lavarlo con agua clara y limpia, quitar telarañas, sacar alimañas que estaran corrollendo objetos, muebles y cortinajes.
    Quiza asi cuando entre mis celulas, genes circularan por mis rios corporales en vez de estar quitos como las llaves en el fondo del mar: porque alli no sirven para nada, ni para nadie, quietas oxidandose cada vez mas.
    Y cuando entre en mi castillo con olor a fragancia del campo no tendre un hijo redondo pero si con un corazon vibrante.

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  5. José
    6 abril, 2013

    El pulso del silencio es el movimiento sin pausa, sin el ensordecedor sonar del tic tac. La musica mas alla de las partituras, el número irracional que no tiene periodos. Esa cantidad de cuestiones que, a lo largo de sus escritos, Perez de Carrera nos acerca al misterio. A algo siempre en movimiento, a algo que siempre fluye, que siempre cambia y que a la vez es eterno

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  6. Luz
    6 abril, 2013

    Me vuela del pasado a mi presente la imagen de aquél dibujo… ¡Claro, que recuerdo, aquel dibujo meticuloso, abstracto, de trazo seguro, limpio, perfecto… que me ha mantenido en el centro de la esfera permanentemente como un imán!… ¡Recordé todo en un instante! : “Son dos extraterrestres… ¡Me encanta!”– dije cuando lo vi.
    “Si, lo he tenido siempre como si fuera mi almohada donde apoyar la cabeza por las noches”… Recuerdo ahora de pronto…
    Recuerdo en otro chispazo, cómo sus imágenes, iba traduciendo día a día… contemplándolas como un mandala; como un sueño que se cuenta sin palabras… como un motor que me arrancaba de las bajadas, de las dudas y desventuras… como un cantar de trova que remueve en la esperanza del Destino, que no tino o atino.
    …Un dibujo…
    …Una noche, hace años, en un desespero, confieso, rompí aquella estampa. Recuerdo que traté de hacerla mil pedazos como si hubiese espampanado un cristal contra el suelo.
    Al día siguiente, pensé haber sustituido un beneficio por un maleficio; de haber roto un cordón umbilical… Busqué el mejor papel de entre mis papeles blancos; lo rescaté de la papelera, y lo recompuse con toda la paciencia del alma… no habían sido mis manos, ni mi deseo… Y así quedó, sin estar lejos de mi cama manteniendo sus cicatrices tras su lámina de cristal.
    …Un dibujo…
    ¿Maleficio?, no lo sé, pero pude restaurarlo sin dejar en blanco, ningún hueco.
    Me dice un proverbio ROM: “Lo que cuenta no es el destino, si no el camino que se recorre”. Quizás porque el tiempo, gordo o flaco no importe, y sólo dependa de cómo hayamos aprovechado su esencia.
    …Y ahora, saltándome una escena de una charla, de un Martes… que sentí fuerte, dramática, desesperada, angustiosa… me digo a mí misma:…” le recompuse trocito a trocito”…. ¿Lo que pase?, pues ¡me importa un soberano pimiento…! mi conciencia, mi mente y mi sentir, nadan plácidamente.
    …Y la Trenza, con su pañuelo rojo al cuello para evitar sus toses que las utiliza para pedirme chuches, la gitana, esta vez, me rechupetea la nariz; le ha gustado, pues. Es mi mejor crítica.

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