Párrafo 7.13

7.13. “En realidad, la acumulación de datos del pasado, desordenados y no secuenciados a pesar del esfuerzo analítico del intelecto, no siempre es un buen instrumento para impulsar la consciencia evolutiva del hombre, y en más ocasiones de las convenientes se convierte en una muralla contra la que se estrellan los deseos de libertad. Es algo que ata al hombre a su pasado y que podría ser denominado genéricamente como ‘memoria pasiva”.

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

La mayor parte de nuestro tiempo vivimos atrapados por nuestro pasado. Por las experiencias del pasado. Todo lo que nuestra mente ha archivado está de alguna manera más presente en nuestras vidas que el presente mismo. Todo lo que hemos acumulado, nos atemoriza o nos empodera y está condicionando nuestras decisiones y nuestra actitud ante la vida.

La capacidad analítica de nuestra mente racional es claramente ineficaz para hacerse cargo de todas esas acumulaciones de datos del pasado, y sin embargo seguimos empeñados en servirnos de ella. Es impotente para extraer de ese pasado los elementos constructivos que podrían ser útiles para enfrentarnos con más sabiduría a cada nuevo presente porque, además de que, como dice el autor, son datos que no están organizados de acuerdo a nuestra lógica, siempre de índole funcional, tiene que habérselas con datos cargados de una energía emocional excesivamente densa, que altera profundamente la racionalidad y la sensatez de todo el proceso.

¿Hay herramientas para borrar las memorias que nos lastran y que impiden que caminemos con más alegría y libertad?
Vivir sin mirar atrás, sin revisar el pasado continuamente, sin acumular pasado pesado, puede impulsarnos a vivir las experiencias que nos esperan de tal manera que limpiemos a través de ellas las deudas, traumas, faltas y omisiones que no cumplimos; creando una memoria limpia, sin posos que lastren, sin necesidad de ir al psicoanalista, sin convertirnos en estatuas de sal.

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4 Comentarios

  1. Afrodita
    6 julio, 2014

    En el paraíso, antes del pecado original y de ser expulsados…
    Porque hubo un tiempo, ¿o no?, en que los que habitaban en él vivían felices y sin preocupaciones ni problemas, pero luego algo pasó, lo de meterse a investigar y complicarse la vida probando el fruto del árbol de la fruta del bien y del mal. Y la cosa pues se fastidió y, hala, apáñatelas…
    Una lástima, sí, pero… ¿y antes?
    ¿Qué posibilidad tenía el Hombre de apreciar, sin existir con qué compararla, la medida de su felicidad?
    O la medida de su bondad o de cualquier otra cualidad ni la medida de su mezquindad o de su envidia o de cualquier otro defecto.
    Quiero decir que para que la evolución pueda darse es imprescindible tener consciencia y hacer valoración de los propios actos y de los actos ajenos. Y para eso es irrenunciable la memoria.
    Sin memoria y sin la subjetividad con que se sufren los errores y se celebran los aciertos el mundo de los sentimientos sería plano y, quizás, ni el pensamiento existiría.
    ¿Y para qué serviría un mundo vacío de pensamiento ni para qué estaríamos sirviendo nosotros en tal mundo?
    Todo cuanto existe sobre la corteza de la Tierra y bajo el azul del cielo, desde la filosofía o las ciencias o el arte más sublime hasta las guerras y los odios o las iras o las venganzas o las atrocidades más lamentables y vergonzosas y humillantes (de gran calado o de insignificante enjundia, pelearse por un territorio o por un jersey en las rebajas que “yo lo vi primero”), es deudor en su pequeñez o en su grandeza del conflicto (que antes de la expulsión ni estaba ni se le esperaba) que tiene lugar dentro del Hombre y que, eso no, no sé centrar si se ubica en la consciencia o en la conciencia o en una especie de concatenación o de trasvase entre la una y la otra.
    ¿Y es eso malo?
    Quizá sí, sería mucho más deseable un mundo sin adversidad ni sufrimiento.
    ¿Hubiera sido mejor mantenerse eternamente en el desconocimiento del bien y del mal?
    Quizás sí. Pero, ¿y qué?
    O que alguien intente prolongar indefinidamente la situación más placentera que sea capaz de imaginar y verá cómo le termina picando todo el cuerpo y… “¡no puedo más!”.
    Así que, sugiero humildemente, no denostemos tanto a la memoria ni le saquemos tantos defectos. Ni nos lamentemos de que esté salpicada de detallitos (o detellazos) que no nos gustan.
    La quemadura de cigarrillo en un vestido (ayer sin ir más lejos le hice un agujero a una blusa) me hace caer en la cuenta de “caray, con lo bonito que era”. Y de que a ver si soy más cuidadosa la próxima vez.

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  2. Atila
    9 julio, 2014

    Y en el ensueño , estaba en una playa de arena blanca finísima con ligeros destellos, todo su cuerpo salvo la cabeza recibía su calor, no sabia cuanto tiempo llevaba allí pero empezó a notar que su respiración iba al compas de las olas: espaciada, profunda y suave, cada vez mas lenta, se reconcilio entonces con esas memoras pasivas que detenían su entrega, también con los que la habían herido y con sus errores pasados dejo de lamerse sus heridas. Pensó que para que ir a una playa si la tenia en su propio lecho, tampoco necesitaría una tienda ni una enramada porque podría detener el tiempo y la noche y el frio ya no aparecerían .

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  3. Rafa
    12 julio, 2014

    Solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado.

    Friedrich Nietzsche.

    O como dice Woody Allen

    Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida.

    Un abrazo

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  4. mj
    12 julio, 2014

    Pues sin negar la parte de razón de todos. Me quedo con el presente porque es donde únicamente habito.

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