Párrafo 7.22

7.22 “No hay pregonero más rabioso que el miedo, al que exhiben como un sabio porque está en silencio, y no hay mentiras más negras que aquellas que se copian como propias de los libros de consejas”.

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Resulta difícil añadir más al párrafo anterior por miedo, en parte, a caer en alguna, si no en las dos, de las posibles actitudes que el autor evidencia. La primera: la que aparenta conocimiento desde el silencio o la no manifestación sobre un tema, evitando así confirmar su ignorancia. Cosa que por otro lado me parece más loable e inteligente que aparentar saber lo que se desconoce, aunque sé que me aventuro en el diagnóstico. Y la segunda: la que peca quizá de un exceso de conclusiones precipitadas sobre asuntos de un nivel, profundidad o sutileza tales, que sólo aquel que alcanza un grado evolutivo alto pueda realmente saber de lo que habla, e incluso ejercer tal u otra actitud.

Ambas situaciones son manifestaciones del miedo que en ocasiones sufrimos los seres humanos ante nuestra propia ignorancia: por un lado tratamos de ocultarla y por otro buscamos certezas de otros y las hacemos nuestras para de nuevo esconder la sensación de incertidumbre, con la que, en general, vivimos bastante incómodos. Pero, ¿por qué es tan constante dicha sensación, y por qué la tememos tanto? ¿Por qué existe, socialmente hablando, la necesidad de eliminarla, de luchar contra ella como si fuera un mal? Puede que efectivamente vivir en la duda nos inmovilice en muchos casos, pero lo contrario, es decir, mostrar siempre una fachada de seguridad oculta igualmente temores y miedos. Ambas cosas nos inmovilizan, consiguen que nos quedemos como estamos. Y esto sólo sirve a quien busca el ejercicio del poder sobre otros. Esto permite que aquel que no es capaz de enfrentarse con valor a sus propios miedos, a sus dudas, a sus decisiones, busque la mejor opción de tal modo fuera de él, que al final la decisión la han tomado otros en su lugar. Reflexionar sobre esto, sobre los miedos y sus múltiples apariencias, hace que observe o me plantee cuantos de ellos vienen conducidos o fomentados por un orden social aceptado por todos. Por un orden social que no busca evolución del individuo sino su estatismo e inmovilidad, la perpetuación de su estado, de su pensamiento, de su emotividad, de sus relaciones interpersonales, laborales… Pero, ¿hasta qué punto estamos dispuestos realmente a decidir por nosotros mismos, a asumir verdaderamente la responsabilidad que ello conlleva? ¿Nos hemos planteado alguna vez en qué consiste eso, en sus consecuencias? ¿Hemos pensado alguna vez en lo que podría consistir la verdadera Libertad?

De modo que, así, de nuevo con cierto reparo por el hecho mismo de haber comentado, y habiendo surgido un pareado inesperado, nada puedo ya añadir al párrafo señalado, esperando, eso sí, de su agrado el resultado, aunque de seriedad pueda, en ocasiones, haberse tintoreado… Grata aventura nos brinda su autor, que da cabida incluso a cierto buen humor, empezando por supuesto por reír de la ignorancia de este humilde servidor que, si no con conocimiento, sí con ferviente ilusión busca desentrañar misterios de entre sus líneas.

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13 Comentarios

  1. Afrodita
    12 octubre, 2014

    No siempre que se oculta la ignorancia es por miedo a mostrarla, que a veces lo que ocurre es que no se encuentra ni tan sólo la forma de expresarla en palabras.
    O puede ser muy sencillo, limitándose a un escueto y rotundo “no entiendo nada”.
    Tengo el libro de las 49 respuestas. El autor me lo regaló, en mano, y me dedicó el ejemplar a mí, de su puño y con su letra.
    Debajo de su nombre escribió “Mayo del año de gracia 2004”.
    No escribió el día, pero debió de ser antes del 24 porque ese día, el 24 de mayo de 2004, en el reverso de la página 111 (que está en blanco) escribí, de puño y letra míos, las líneas siguientes:
    “Me parece un sarcasmo que pongas para Alicia cuando podías suponer que no entendería absolutamente nada”.
    En párrafo siguiente, tras un punto y aparte, añado:
    “No sé qué sentido pueda tener escribir un libro en un lenguaje tan incomprensible”.
    Y, después de otro punto y aparte:
    “En fin tú sabrás; yo aquí lo dejo harta, furiosa y desesperada”.
    Y debajo escribí en números 24-5-04
    No me limité a cerrar el libro. Me alargué a, literalmente, destrozarlo.
    Había páginas desgarradas, rasgadas, del libro por toda la habitación.
    Pero no me conformé con eso, que en cuanto tuve ocasión se lo espeté al autor en persona, y en tono (por decirlo suave) bastante airado.
    Ya ha llovido, como suele decirse.
    Conservo el libro, sin embargo. Recogí las páginas del suelo, las coloqué por orden, y como resultaba imposible volver a encuadernarlo lo “amordacé” con dos gomas elásticas. Y lo guardé, en un baulito pequeño que tengo y en el que (creo) conservaré mientras viva unos pocos objetos sin ningún valor económico a los que tengo cariño.
    Años después, hará tres o cuatro, fui a la Casa del Libro y compré otro.
    Me sentí muy feliz, emocionada, aquel día de mayo porque él me lo regalaba, porque él me lo dedicaba y porque —pensaba (siempre he sido ridículamente ingenua) — que encontraría, eso, respuestas.
    Hoy, cuando sigo sin encontrar respuestas a nada (a todo lo que no logro entender ni del mundo ni de la vida ni de los que la vivimos) a la única conclusión a la que llego es a que a los humanos nos está vedado por nuestra propia naturaleza, tan humana, el comprender algo que no esté configurado por nuestra propia razón; o tal vez configurando nuestra propia razón.
    Pienso, también, que si el autor hubiese querido que lo entendiésemos lo hubiera escrito en otro lenguaje y en otros términos; pero estaría siendo otro libro y no el que es.
    Pienso — me voy a permitir el decirlo — que fue un error por parte de quien tuviese la idea el someterlo a la prueba de ser comentado; y que también fue un error por parte de los que en algún momento participamos el someternos al reto de “pues habrá que decir algo”.
    Creo, que tras mucho devanar de sesos, quien se empeña en decir termina diciendo…
    Pero, ¿qué?
    Todo lo que he leído en los comentarios a lo largo de años, lo que yo misma he escrito comentando alguna vez, ha estado (en mi modesta y personal percepción) indefectiblemente teñido de (iba a escribir “vanidad”, pero voy a dejarlo en “pudor”), de miedo, en definitiva, a de alguna manera no “ser”, no estar existiendo, quizá porque nos hace sentirnos existentes es que otros se enteren de que estamos.
    Nunca he leído un comentario en el que alguien haya escrito que no sabe qué decir.
    Nos hemos limitado, todos, a ilustrar con nuestras interpretaciones a los demás.

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    • Ni ALFA, ni OMEGA
      12 octubre, 2014

      Bravo Afrodita: Ya sabes, esa muchacha que se fue a bañar al mar y salió alzada en una concha marina. Creo que hoy has cruzado la primera página de las “49…” otra vez por primera de vuelta. Pero te das a ti misma pocas ganas interpretativas, te cierras a dejarte llevar y que las frase se te cuelen por el cuerpo nudo. Así es la cosa, uno se rebela por el no entendimiento, pero las cosas leídas siguen por allí, y poco a poco penetran en la piel con olor a mar que las sazona. No está nada mal.

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  2. Afrodita
    13 octubre, 2014

    Tampoco a mí me parece nada mal el comentario tuyo, ni ALFA ni OMEGA.
    No entiendo muy bien las frases, ni la forma en que está redactado; pero agradezco el… iba a escribir “sarcasmo” pero como ya lo escribí en algún párrafo anterior ahora diré “ironía”, aunque desde luego no es lo mismo y no le llega a lo otro a la suela del zapato.
    Agradezco el tono irónico que se desprende de tus palabras porque tiendo a pensar que detrás de todo lo que no es neutro late, de alguna forma, un sentimiento.
    Y me felicito a mí misma por haber propiciado el que las escribas; tengo la sensación de que al leerme, y al tú escribir, te has sentido un poquito… bueno, calificarlo de “feliz” podría ser excesivo, pero un poquito contento.
    Está bien eso de proporcionar una, aunque sea pequeña y no (a mi criterio) precisamente edificante, alegría.
    Puede que tengas razón en lo de “pero las cosas leídas siguen por allí, y poco a poco penetran en la piel”. Siempre se supone de la letra impresa que está ahí para ser digerida y asimilada cuando, en realidad, por qué habría de ser digerida y asimilada más o mejor que cualesquiera otras circunstancias que nos golpean a diario, en plena cara, y seguimos nuestro camino sin hacer de ello demasiado drama.
    Así que sí; irán de a poquitos penetrando en la piel y haciéndose uno con el uno que cada cual somos más allá de lo que imaginamos ser.
    Lástima que cuando esa “unicidad” (no sé si se dice así o me lo estoy inventando) esté lograda ya no seremos, nadie, el mismo en el que nos reconocíamos cuando la buscábamos.
    Y a lo mejor rellena un gran vacío, que no es que lo dude, pero no el vacío que padecimos cuando humanos.
    Quiero aprovechar, ya que me he puesto (y que quizás es para lo único que a decir verdad me he puesto), para corregir una errata de mi comentario anterior, que donde pone “quizá porque nos hace sentirnos existentes es que otros se enteren de que estamos” debería poner “quizá porque lo que nos hace sentirnos existentes es que otros se enteren de que estamos”.

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    • Ni ALFA, ni OMEGA
      13 octubre, 2014

      No está mal Afrodita, pero te noto desilusionada, caiducha, resistente a que te penetre la dicha. Esto es como todo, si esperas que la varita mágica de Mary Popins te convierta de sopetón…, vas a tener que esperar mucho, pero a veces sucede, justamente con eso de que vas acumulando posibilidades esperanzadas y de pronto, ¡zas!, caes en el asunto y te conviertes, cambias, prosperas. Pero tienes que empujar por algún lado. Por eso, lo de que si alguien se entera que estamos nos sentimos existentes no es buen camino, debe ser al revés. Ahí noto una contradicción en ti misma. Cada flor florece por sí, porque tiene ese don, aunque los pajaritos y abejitas la ayuden.

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  3. Mariana
    13 octubre, 2014

    El corazón un canto que no sabe escuchar a su cantero,
    puño cerrado que sangra prisionero, alambrado por yoes viejos.
    Muertos, que quieren ser eternos en una eterna noche,
    despliegan su poder para arruinar los sueños,
    aumentan la pendiente que camina el viajero
    y llevan a la luz a un punto ciego.
    Quieren parar el tiempo.
    Quieren borrar del aire los colores que no vemos.
    Pero hay una Ley escrita escondida en las almas,
    una Voluntad en sombra que lame las heridas
    y quiere ser también reconocida,
    que quiere resisitir,
    que quiere renunciar a la ignorancia.
    Y, como ha dicho el poeta, la oscuridad menguará
    y se deslizará como un manto
    por el cuerpo reclinado de un dios.

    (Yo, en mi oscuridad, elijo al poeta).
    Un abrazo.

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  4. Mariana
    13 octubre, 2014

    Perdón, quería poner también: “Una voluntad que quiere no pensar”.

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  5. Rafa
    13 octubre, 2014

    Las dos maneras de contemplar la vida en el tercer tiempo, autoafirmación y autonegación, cierran la puerta a inscribir en el cerebro el interrogante de la ignorancia…….. Se Pierde la noción de que lo ignorado supera con creces a lo conocido,aunque con ello se pretenda entender el todo. Ni siquiera se asume que cuando alguien nace cambia el mundo, y cuando alguien muere también.

    Recibir la experiencia de los que nos precedieron debiera ser culto recomendado o cultura. Acaparar los miedo amontonados por los barrenderos ciegos solo parece conducir a estacar los ojos con alambradas, a taponar los oidos con inicuos refranes, a cargar las manos con pesados guantes de plomo o a convocar el hambre sin que haya alimentos.

    (Bailando con los hilos de Maya)
    De Eduardo Perez de Carrera en Las 49 respuestas…..

    Como tu bien dices, Afrodita si entendiéramos a la perfección este libro, tendríamos que cambiar poco, puede que el autor lo escribiera, no para entenderlo, sino para que hiciéramos con él un trabajo como el que tú seguramente estás haciendo.

    Y con relación a lo que comentas, “sobre el pues habrá que decir algo”,como decía Pio Baroja.

    “Yo creo que para ser escritor basta con tener algo que decir, en frases propias o ajenas.”

    Hoy, personalmente si te sirve de consuelo, que no creo, (tengo muchos miedos).

    Un abrazo

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    • Afrodita
      13 octubre, 2014

      Esta frase:
      “Yo creo que para ser escritor basta con tener algo que decir, en frases propias o ajenas.”
      ¿No es radicalmente opuesta a la que leemos en este texto 7.22?
      Prefiero la del texto.
      Si lo que se dice no es original – nacido de uno mismo, quiero decir, que no necesariamente asombroso o brillante – no tiene sentido repetirlo.

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  6. Rafa
    13 octubre, 2014

    Afrodita, buenas tardes,

    Estoy de acuerdo contigo; eso es lo que quiere decir Baroja con la frase “Tener algo que decir”, la mayoría de los escritores, escriben sin tener nada trascendente que decir, y para tener algo que decir, antes se necesita como mínimo una reflexión.

    Yo tengo la seguridad, de que Cervantes, ya había escrito El Quijote, antes de que viera la luz.

    No se si sabrás que la palabra Brahmán, significa el que sabe leer, por tanto el que lee, no solo los libros, sinó también a las personas y al mundo y la palabra elector (no solo el votante, sino el que elige) que viene de leer, se entiende que el que no sabe leer, de verdad, no puede elegir.

    Un abrazo

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  7. Mandrágora
    16 octubre, 2014

    En este caso los tres caminos ciertos y simultáneos que llevan al miedo yo diría que son el desconocimiento, la agresividad y luego, como consecuencia, la envidia. Son tres patas que se retroalimentan dejando paso a comportamientos muy estereotipados y conductas prefijadas, donde quien lidera es el que mejor argumenta y, de paso, reconforta y tranquiliza las mentes. Pero al igual que en el párrafo anterior aparecía como necesario la consecución de los tres caminos, en este caso habría que ir a la disolución de todo aquello que fortifica comportamientos defensivos, por mucho que aglutine a ejércitos de desamparados.

    Seguramente habría que practicar el silencio como herramienta de búsqueda y encuentro, como vehículo expansivo y de bienestar, pero esa sombra atenazante que corroe y está presente, amenazando cada amago de libertad que se intenta para que continúes anclado donde estás, más vale gritar hasta enloquecer.

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  8. Beucis
    16 octubre, 2014

    TEXTO 7. 22

    Llevamos tiempo; bastante tiempo, leyendo y adentrándonos en los mensajes de este libro de las “ 49 Respuestas a la Aventura del Pensamiento”. Siempre nos topamos en él con el miedo, tanto si leemos transversalmente, buscando en los diferentes capítulos, como si vas siguiendo el camino obligado.
    El miedo está ahí callado, oscuro, disfrazado con ropajes de falsa sabiduría, como ratón agazapado. Nos persigue, se nos muestra continuamente. Parece que es inevitable que chapoteemos con él y que merme nuestras respuestas y capacidades.
    Es un reto que debemos vencer con valor si queremos seguir nuestra evolución. No creernos prudentes, sabios; no esgrimir que lo que vemos en el entorno del que más sabe no nos gusta, y abandonamos por eso nuestra tarea; no criticar a “ la col por las hojitas de alrededor” ; no disfrazarnos de doctrinas puristas y de bienhacer. Frente a aparentes anarquías de conducta, no juzgar.
    Porque lo que tenemos es miedo a los caminos difíciles, sin señales para la razón que quiere controlar; tenemos miedo a la entrega, a la responsabilidad. Somos ignorantes y queremos seguir sin que nada nos sobresalte; con la supervivencia asegurada.
    Y cuesta. Cuesta mucho. El precio es la enfermedad; la pereza; la depresión, esa caída en el pozo que nos jugamos en el camino de la Oca.
    Y sólo adorando a nuestro yo interno, como nos dice el mandamiento, podremos salir volando.

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    • Ni ALFA, ni OMEGA
      16 octubre, 2014

      ¡Viva el miedo, manque pierda!

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    • Afrodita
      19 octubre, 2014

      Sí, Beucis; está bastante claro que para ti la propia evolución es lo más importante. Por eso cuidas tanto de la tuya.
      Intervenciones así me clarifican algunas dudas.
      Entiendo estupendamente, por ejemplo, qué tipo de personas me da miedo.
      Claro que, hay otras que (por lo que saco en claro de sus intervenciones) no me dan menos.
      Ni Alfa ni Omega; por si lo lees, no lo digo (curiosamente) por ti.

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