Párrafo 7.27

7.27 “En las praderas del miedo, antes de llegar a las empalizadas que reducen la vida a una experiencia llena de complicidades trágicas, el suelo está regado por salivas de roedores que huyeron de una guerra entre la obsesión y el deseo.”

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COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Como Virgilio en la Divina Comedia, parece que el autor nos lleva de la mano en este párrafo y en el siguiente por un lugar de la infra-consciencia, y es tan terrible lo que vemos como en los círculos del infierno que describe Dante.

Puede que aquí habiten los tristes, los agresivos y viles, aquellos cuya voluntad se torció y los que retuvieron el movimiento del agua entre las dos puertas, descritos en párrafos anteriores. ¿Es el pecado de omisión por negarnos a actuar y la cobardía lo que puede llevarnos a este lugar? ¿Está describiendo el autor un estado pasivo y estático del ser humano? ¿Será este lugar un extremo al que podemos llegar si nos mantenemos lejos de la acción que nos acerca a los sueños?

¿De que se alimenta este espacio del miedo? La sociedad en la que vivimos inyecta temor a cada paso que damos y alienta a un movimiento frenético o hiperactividad que no esconde más que un atroz estatismo. Las experiencias del miedo tal vez se acumulen en una tierra nada fértil y queden como un poso resbaladizo para toda la humanidad.

Durante la vigilia gran parte de nuestra actividad mental está atrapada entre la obsesión y el deseo, con el añadido del miedo, de tal forma que nos coloca en un lugar muy lejano a la acción expansiva. Recorriendo los mismos caminos neuronales una y otra vez, evitando que ocurra cualquier cosa diferente a lo que hemos calculado, buscando afianzar y asegurar, uno puede arder y consumirse.
Salir del binomio obsesión-deseo es muy liberador, tanto, como salir de un infierno abrasador. Enfrentarse con valor al miedo seguramente difumine estas praderas en la lejanía o por lo menos deje de alimentarlas.

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6 Comentarios

  1. Coplilla
    16 noviembre, 2014

    Noté cómo se agarraba con sus uñas a mi pecho, y trepaba, a la garganta, y allí se quedaba quieta esperando a que amainara la tempestad de un muy recio sentimiento de abandono, o de olvido, o de desprecio urdida en alguna parte que no debía de estar lejos porque llegaba el bramido rugiente del tableteo de los disparos cruzados entre el querer y el no puedo.
    “Tienes que poder” me dije.
    “Tienes que querer” te reto.
    Y así estuvimos un rato entre ir y venir de truenos, y de rayos y centellas y de la furia del viento que arrancaba en sus embates algún que otro brote tierno de qué fuera qué pudiese, cuando aún estaba yo a tiempo de querer lo que pudiera no causarme sufrimiento, ponerme a salvo de ciertas cogitaciones inciertas meditadas a la sombra del engaño en que era presa.
    Hoy no sé si pude o quise, ni si amainó la tormenta, o si fueron las inciertas cogitaciones traviesas meditadas a la sombra del engaño que se aleja, lo que arrancó de mi pecho las garras de una dolencia que se bate en retirada ya cansada ya discreta sin dejar de sí más rastro que una ya imprecisa huella de algo que fue qué no quiso la vida que sucediera.

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  2. Atila
    18 noviembre, 2014

    Lo del miedo, me recuerda a la parábola de Los Talentos.
    Al que le dejaron uno lo enterró para que nadie se lo quitase, así no corría ningún riesgo y podía vivir tranquilo y entregarlo.
    Esto me recuera a los que quieren estar tranquilos porque la “paz” es lo primero y entonces no se meten en líos y cuando hay que hacer algo pues prefieren la omisión y teniendo oportunidades para solucionar miran para otro lado o alguien les dice:
    -Total no te lo van a agradecer, bastantes problemas ya tienes tu, no te metas en lios.
    Los muy tontos no saben que cuando ayudas, aprovechas la oportunidad de “ayudarte a ti” y lo haces para ti y te molesta que te den las gracias porque sabes que lo has hecho en tu provecho.
    Pues pobrecillos porque esos se irán a la oscuridad.

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  3. Mº de Magdala
    18 noviembre, 2014

    Gracias por el enlace.

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  4. Rafa
    19 noviembre, 2014

    ¡Alégrate, Florencia, porque eres tan grande
    que por mar y por tierra bates las alas,
    y por el infierno tu nombre se expande!

    Una de las más importantes simbologías de la Divina Comedia, es la clave del trés, en la que Dante aparece representando al Hombre, Beatriz la Fé, y Virgilio a la Razón.

    Como sabreis Dante describe en su obra, el devenir de la vida política de la ciudad de Florencia, y la degeneración moral a la que llega durante la época que le tocó vivir (él fué un güelfo blanco).

    De tal modo que el autor condena al infierno a bastantes de sus conciudadanos.

    En la época actual quizá haya un Dante que denuncie la corrupción a la que nos vemos sometidos, pero lo realmente doloroso, es que la obsesión ( la etimología de la palabra, es asedio), de la que nos habla el artículo de referencia, en este momento se considera un valor,

    Focalizándolo en determinados puntos, la obsesión por acumular poder, dinero, ideas y personas, se le ha dado en llamar ambición, y los ambiciosos a los que Dante hubiera condenado a terribles penas, son hoy los dirigentes de este mundo globalizado; y aunque estén condenados a un infierno personal, está maquillado de paraiso.

    Pero es que además, se pretende que la pulsión que nos impulse en la vida, sea el deseo.

    Si esto no dá miedo, como se dice popularmente, “Que venga Dios y lo vea”.

    Un abrazo

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