Párrafo 9.12

9.12 “Sin duda todo alimento es tóxico, todo producto que se administra al organismo tiene efectos secundarios, y aún no se ha llegado, al menos de forma colectiva, al viejo mito de la ingestión sagrada y sin residuos que propugnaba la piedra filosofal, pero el hombre debiera reflexionar en el carácter del combustible del que nutre su cuerpo. Sigue siendo un ser vivo, un resto animal o vegetal desde el que se está produciendo una transferencia de sustancias y de energía, tan esenciales para la continuación de la vida propia como para la valoración del sacrificio activo o pasivo de la vida del otro”.

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

A través de la búsqueda de la piedra filosofal, la alquimia pretendía la transmutación de elementos minerales tóxicos o impuros, en el que ellos consideraban más perfecto y de mayor pureza: el oro. El oro, simbolizado por el Sol, era para la alquimia el metal más puro en relación a su capacidad conductora y menor corruptibilidad. Para estos buscadores experimentales, todo en la naturaleza está además determinado por un factor común: la vida. Toda materia está viva y a su vez es la representación o está ligada a un elemento de carácter divino o etéreo. Para que se dé una transmutación material, debe existir una búsqueda de la sublimación espiritual que forma parte de la misma.

Quizá quepa preguntarse si la transformación de los tóxicos que ingerimos hacia estructuras bioquímicas más puras, es posible dentro de nuestro organismo. Nuestra supervivencia a día de hoy viene regida, en resumidas cuentas, por la necesidad de adquirir y quemar para nuestro funcionamiento un combustible de origen orgánico y vivo. No nos alimentamos de seres vivos muertos; sino que lo hacemos de seres vivos aún vivos. Este planteamiento que hace el autor, abre un debate en torno a lo que podemos considerar vida o no. La vida como tal podría ir más allá de la apariencia fenoménica de un organismo, y quizá sea posible considerar que está vivo si aún conserva algunas de sus funciones. Parece imprescindible pues, asumir como un verdadero sacrificio nuestra forma alimentaria, y en cierto modo, puede que nos genere aún una deuda como seres humanos y, por lo tanto, una responsabilidad en cuanto a la manera de relacionarnos con este hecho. En nuestra sociedad actual, el culto a la comida como degustación y embeleso de los sentidos, tan arraigado e incluso considerado como cultura, parece desviarse bastante del anterior planteamiento, resultando incluso obsceno el disfrute por el disfrute, cuando olvidamos que su origen está en el sacrificio de la vida de otro.

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3 Comentarios

  1. De la nada hasta el vacío
    4 octubre, 2015

    Caminar con pies descalzos en comitivas que arrastran las penas que ya no pueden ocultarse por más tiempo tras los párpados cansados en lágrimas que se embeben, se ensordecen, se corroen.

    ¿De envidia, de desventura, o de inmunda compasión?

    ¿Por los que, cuando supieron, cuando tuvieron enfrente los perfiles que marcaban las aristas de las causas diciendo que no temían, se escondieron tras las farsas que no fueron jamás dignas de guiarlos por las sendas que marcaban las porfías?

    ¿Los culpables inmolando, en su caminar cansino, en su deslizar moroso, en su sofocar nefasto su crítico sentimiento de dislate o de indolente despilfarrado agravante?

    La bondad o la belleza de que se cubren los pálidos arrumacos desprovistos de cualidad que les sirva… ¿de redención?, ¿de sorpresas que jamás dará la huida de los que se confiaron en dilapidar sus días abrazando los abruptos arrebatos que desvían los desvelos del que duerme a la sombra de no importa qué premuras o qué altivas pretensiones de acuciantes acicates que predigan que será retado el veto que cercena la codicia de tantos como ambicionan insuflar en sus pericias voluntad de ya más tarde, ya completada la vida, caminar sin inmutarse en busca de… su armonía?; ¿serán moneda de cambio con la que saldar la deuda que ya al nacer se asumía?

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  2. Atila
    7 octubre, 2015

    En una ocasión fuimos a Segovia para ver monumentos, iglesias y el templo templario, un conocido nuestro agarrado a su guía Michelin se relamía de comer el famoso cochinillo en Casa Cándido, cuando llegamos se empeño en ir a comer lo primero, el tal restaurante estaba lleno y Cándido el viejo hizo su show partiendo el tierno cochinillo, le gusto tanto que pidió otra ración, mientras tanto entraba una excursión de americanos jóvenes y una de las chicas al ver a los pobres cerditos en posición fetal esperando su turno, se puso a llorar y dijo que quería irse de allí. Salió el mismo Cándido a convencerla de que no se podía perder el delicioso bocado, unos se fueron con ella y o tros se quedaron.
    Cuando terminamos con las copitas-regalo, empezó a diluviar y casi era de noche. Decidimos volver y todo el camino hablo del famoso manjar y cuando le preguntamos que le había parecido el acueducto respondió:
    -¿Que Acueducto?
    Unos huyen cuando hay algo desagradable y otros no ven nada porque van a tiro hecho y lo que hay alrededor no lo ven.

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    • Ni Alfa ni Omega
      10 octubre, 2015

      ATILA, con este comentario sí que has pisado y sopesado bien el terreno. Así es, y sobre todo con el pobre cochinillo que no tiene la culpa.

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