Párrafo 17.6

17.6 «La responsabilidad es probablemente la gran herencia de aquella voluntad que anunció el paradigma vocacional de nacer. El sentimiento de responsabilidad es escaso, probablemente siempre ha sido ocultado, el hombre huye de él y emplea parte de sus habilidades en afilar herramientas que le ayuden a no sentirse culpable de sus pensamientos, comportamientos u omisiones. Puede que la primera herramienta que descubrió un cerebro defensivo fuera la justificación. Esa peculiaridad errática del comportamiento consiste en desviar la justicia hacia el lado del “yo”, haciendo gala de parcialidad razonada y convincente que va descargando el peso de la culpa hasta incluso convertirla en virtud. La segunda es la conveniencia; desde ella se trata de establecer un acuerdo reiterado, consensuado y aparentemente discutido en un círculo cercano y afín, estableciendo la validez de un hecho reprobable en base a los intereses a los que sirve. Y ello teniendo en cuenta que si los fines no se consiguen, la culpabilidad queda tapada por el velo de la intención. Pero quizás la herramienta más poderosa, el detergente mágico que limpia las manchas de la culpa, dentro y fuera de la consciencia individual, es la conveniencia general, el bien común. Es un ardid desde el que alguien se viste o es vestido con el hábito de la sabiduría, y por un extraño conjuro (suele estar amparado por el consenso masivo) se convierte en el garante de la verdad, con licencia y atribuciones para mover la frontera que separa el bien del mal.»

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Cabría preguntarse qué o quién es “aquella voluntad que anuncia el paradigma vocacional de nacer”. ¿Es una Voluntad con mayúsculas, a la que podemos llamar Dios, o esa voluntad es una versión mejorada de nosotros mismos? El adjetivo que la precede nos hace pensar en una voluntad o lejana, o antigua. ¿Es nuestro Ser superior quien decide nacer? Lo que parece claro es que nacer es una vocación, en su doble acepción de llamada o inspiración procedente de Dios, o procedente del interior de una persona, para dedicarse a una determinada forma de vida. Nacer es una decisión que conlleva una extremada responsabilidad. Y parece que el ser humano, que antes de nacer asumió esa responsabilidad (inherente al hecho de nacer), una vez nacido la elude de diversas maneras: mediante la justificación de sus actos, pensamientos u omisiones, o mediante la conveniencia personal o común. El deseo de inocencia hace insoportable la culpa, y los ardides para esquivarla son infinitos. El hombre se pasa la mayor parte de su vida inventando escapatorias, en vez de asumir la responsabilidad de haber nacido. Y el alcance de esa responsabilidad es abrumador. Creo que el hecho de vivir lleva asociado inevitablemente la mancha. Esto nos conduce a la idea del pecado original. Somos culpables porque es imposible ser inocentes. La condición humana lo imposibilita. Así que el camino más corto sería asumir la condición de culpable, a sabiendas de que la inocencia en este estado, es imposible. Cada palabra, cada acto, cada pensamiento y cada omisión, queda grabado para siempre. Y desde la incapacidad de hacer bien cada una de estas cosas, creo que lo más fácil es asumir de nuevo esa responsabilidad coyuntural al hecho de nacer. Probablemente la vida no sea otra cosa más que ir limpiando de manchas el camino transitado.

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3 Comentarios

  1. Rafa
    19 febrero, 2020

    Probablemente el bien común no existe y la concepción individual que han formulado con el consenso masivo de bien común, determinados individuos (Hitler, Stalin, Napoleón ) nos ha llevado a caóticas situaciones.

    Lo que si entiendo existe para mí es el mal común, esto es; a partir de una consciencia individual limitada y patológica, se crean situaciones artificiales que se contagian y trasmiten con facilidad, porque ocultan deseos e intereses que de alguna manera reconocemos todos como propios, nos solidarizamos y admitimos como grandes verdades.

    Y ahí es donde deberíamos destapar nuestra responsablidad.

    Pero para mí la verdadera responsabilidad reside en buscarla a través de cada uno nuestros pensamientos, comportamientos u omisiones.

    Los individuos que no tienen la posibilidad de maestros (de toda naturaleza ), que les guien de alguna manera (emocional, sensitiva o intelectualmente ) en el sentido de actuar en distintas situaciones que se nos plantean, acaban o acabamos siendo víctimas de nuestros estados.

    Apelar a la responsabilidad de haber nacido, cuando elegimos pareja, trabajo, en la relación con nuestros hijos o padres, no nos sirve de mucho aunque sea consustancial a nosotros y suene rimbombante, y exige un trabajo muchas veces de desgaste emocional e intelectual, que a muchos nos cuesta determinar.

    Lo único que se me ocurre, es que debemos afrontar cada situación con la mayor limpieza posible, intentando engañarnos cuanto menos mejor, entendiendo que las equivocaciones forman parte de nosotros, y a partir de ahí, dejar el resto del trabajo a los dioses que nos ocupan.

    O como dicen en mi pueblo.

    » Que salga el sol por Antequera».

    Un abrazo

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  2. Nuba
    22 febrero, 2020

    Hace años, reflexionando sobre estos textos, los pocos que respondemos, hemos entendido dos cosas:
    1.- Que el autor nada tiene que ver con los aventureros/eras.
    2.- Que aquí cada cual respeta las opiniones de los otros- «siempre que no falten respeto a los comentarios».
    De acuerdo.
    Coincido con el excepticismo que se expresa.. y este concreto capítulo se me había olvidado, pero me meto, porque llevo recientemente planteándome eso de la » consciencia colectiva» que cada vez más me parece una falacia… de psicólogos de los entresiglos últimos pasados y que no se corresponde con la realidad, y mucho menos con la que se respira, cuando jamás pensé que se escucharían tantos psicopatas, aceleradas, verborreicos, radicales en el peor sentido de la palabra etc.. que el H. ridiculus que son.. y con el que una no comparte nada, ni la raza ni la especie.. mucho menos esa pretendida consciencia colectiva,, nada menos que se sigue llamando H. sapiens.sapiens.. y mucho peor, alguien… siempre en impersonal… nos ha llamado la sociedad del conocimiento… cuando lo sabemos todo!! ay si ese tal Nietzsche a quien tanto gustaís levantara la cabeza.!!
    Hemos sustituído los dioses de todas las religiones por el «homodeus» de Harari..( Yuval Noha ) que lo que dice es que hay que preparar a nuestros niños para que aprendan a clonar seres o a robotizar almas.. pues si nó, vendrá China o los Rusos y lo harán.. enfín, homosexual y vegano..- ( que en pincipio todo perfecto) y sin embargo, es uno de los más influentes vendedores de humo..capitalista y tecnócrata y guerrero del planeta, jaztándose en el foro de Davos.. que da mucho miedo.
    ——————————
    Voy con el comentario del Aventurero, desde mi punto de vista, con algunas humildes discrepancias:

    1.- Yo -torpe de mí- nunca he sentido a mi «ser superior» pero lo que sigo tratando de entender y de aprender es con mi alma. Ni más ni menos o así yo – de pueblo- la entiendo y no está por encima de mí mí entendida como parte, y en esa parte, un cuerpecillo que va oxidándose–una cabeza- que tiene que discernir. Entonces a ese being que dicen los ingleses yo lo siento dentro, no fuera.

    2.- ¿Nacer es una decisión? Ninguno de los nacidos – ni siquiera los de probeta, los de vientres del alquiler..( te recomiendo Aventurero que si te apetece, veas la última película de Nadine Labaki ( que sólo ha hecho trés) pero que aquí duele lo que trae, llamada, Cafaranaum.. que no tiene el significado de esa región Galilea, sino tb un significado en su lengua , diferente.
    Me parece un reflejo que apoya que ni tu ni yo ni nuestros hijos eligieron nacer, fuimos los padres los que decidimos hacerlo posible. Pero si te refieres a la metáfora de nacer, una vez nacidos.. eso que sería renacer, habiendo pasado por experiencias de muerte, como por otra parte experiencian todos los otros seres que no somos nosotros, entonces estaríamos más de acuerdo.

    3.- Por último, aventurero, en mi materia, en mis genes, unidos a los de la vida, los de los árboles, las flores, mi territorio, mis músicas, mi lengua, la de mis ancestros y con ellos , luego, todos los seres de la tierra..
    Una, aún sin conciencia colectiva del tipo sapiens.. sí que tiene memoria: una memoria humildemente mística, y es siempre una memoria – que a veces me genera nostalgia- de la luz, esa, primigenia y final .. ese fractal en medio del cual aleteamos,…
    Y sin embargo, NO TENGO CULPA HEREDADA de ningún pecado original . No la tengo, ni yo ni tú ni nadie.
    ¿culpa heredada? Cada ser que nace es puro, aunque tenga una enfermedad genetica incurable, aunque nazca para morir prematuramente, aunque le arranquen antes de nacer, nacemos puros todos los seres de la tierra!!!
    Lo que sí es que estamos pecando los unos contra todos los demás.. es decir en el principio no, pero estamos PECANDO EN EL FINAL DEL GENOCIDIO CANIBAL AL QUE SOMETEMOS A NUESTROS HERMANOS Y HERMANAS.. jamás pecamos en el principio.. ni siquiera los machos imperialistas y elististas que siempre han estado exclavizando.
    Me parece genial limpiar manchas, pero mucho mejor es crear y restaurar la vida.. escucharla, a esa naturaleza que con lo machacada que está aún florece. Una no tiene ninguna mancha que limpiar, pero el que crea que la tiene, que la limpie que necesitamos más que nunca seres puros y sin mancha, por dentro.
    ( si no fuera porque llevamos años hablándonos, me hubiera ofendido el comentario del aventurero. No es así, os respeto. Que tampoco te ofenda el mío. Saludos.

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  3. Panacea
    24 febrero, 2020

    Si nos referimos al final, el bien común como plataforma consensuada, nos obliga a cuestionar de dónde partimos, qué está bien o qué está mal desde los primeros referentes: la educación. La deseducación implica plantearse, que no erradicar, la validez de lo que hacemos, esto es, matizar primero y seleccionar qué es lo adecuado en cada momento y qué no tiene por qué serlo o sí en la siguiente circunstancia; no hay metodología porque no hay doctrina. Sería volver la mirada a nuestro yo interior para que sea él quien nos guíe nuestros actos en función de la situación. Prudencia y atención, de las que normalmente carecemos. Podemos encontrarnos con una realidad que no nos gusta o, mejor dicho, que no es permitida por los demás. La imagen de nosotros mismos para ser aceptados cuestiona asumir ser rechazados porque la ideología que impera cursa sentido contrario.

    Asumir la equivocación porque nuestro baluarte interior no es lo suficientemente transparente como para acertar en lo conveniente de cada contexto. Valentía y humildad; saberse que uno va a errar hasta que el camino andado se vaya depurando y los mensajes que nos vienen dados sean cada vez más límpidos y fluidos. No hay reconocimiento y sí desaprobación por puro desmarque de lo que se espera de nosotros. Débiles ante la incertidumbre que nos acompaña y coraje y fortaleza para abordar la novedad.

    La intención y la justificación se amparan en el mismo bálsamo mientras no se es capaz de distinguirse y salir a pecho descubierto. El formato intelectual no se abandona hasta reconocer su invalidez. Desasirse de lo heredado.

    Múltiples formas de comportamiento que sujetan todo un andamiaje fuertemente enraizado y que puede explicar esa traición que asumimos en el momento de nacer.

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