Párrafo 20.14

20.14 «Ante la ausencia de lo que los teósofos llamaron “el elixir de Hermes”, los hombres han buscado por todos los rincones del Planeta sustancias exógenas naturales, combinadas o procesadas, que puedan hacer recuperar sus funciones a los órganos deprimidos o alterados. Grandes descubrimientos y prácticas de físicos han sido postergados ante nuevos hallazgos. Describir la historia de la lucha por encontrar causas y remedios sería tarea larga; sí es importante matizar que una forma de medicina ha ido ganando la batalla hasta convertirse en la práctica en la única aceptada por el modelo de vida occidental.»

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

El problema de los remedios que actualmente nos recetan los médicos es que, como dice el autor, procuran hacer “recuperar sus funciones a los órganos deprimidos o alterados.” Ocurre como en todos los ámbitos del saber científico y tecnológico, que se intenta profundizar en el conocimiento de las partes —y se interviene en ellas— sin tener suficientemente en cuenta el “todo”, es decir la complejísima globalidad del sistema en que dichas partes cumplen su función de manera cohesionada. En muchos aspectos se sigue considerando al ser humano como un gran puzle compuesto por órganos en gran medida independientes. Como esas viejas radios en las que si fallaba una lámpara de diodo se sustituía por otra y todo funcionaba de nuevo.

Es tan inconmensurable la interacción entre absolutamente todos los órganos del cuerpo que todavía ni siquiera somos capaces de imaginar su grado de interdependencia. De ahí los temibles efectos secundarios de los medicamentos, cuyos prospectos es recomendable no leer: ocupan folletos enteros, incluyendo el porcentaje de casos en los que provocan reacciones muchísimo más dañinas que lo que intentan curar. Es muy difícil, por supuesto, contando con los conocimientos que disponemos en la actualidad, fabricar remedios exógenos que puedan actuar evitando graves desequilibrios en el organismo, medicamentos que alteren en un grado mínimo la armonía dinámica de un sistema tan complejo. Los que más podrían acercarse a ello serían aquellos que fuesen capaces de poner en marcha los mecanismos endógenos de autocuración, que activasen los recursos naturales del propio organismo, pero la medicina y la farmacología oficial hace tiempo que han desechado seguir investigando esas líneas, seguramente por intereses económicos.

Otro asunto, tan importante o más, es el hecho de que no existen dos órganos iguales, ni dos reacciones idénticas, y sin embargo los medicamentos son estándar, los mismos para todos. Pero no hay dos enfermos iguales. Harían falta unos conocimientos médicos absolutamente personalizados y suficientemente profundos, que tuviesen en cuenta no solo edad y sexo, sino también el estado de ánimo del sujeto, su alimentación, su historial vital pasado y reciente, sus hábitos, sus relación con los demás y con su entorno, etc, etc…, para tratar una enfermedad. Algo por el momento inexistente en el currículo académico que se les pide a los profesionales de la medicina, sin duda muy exigente pero completamente ajeno a esas y a otras variables importantes.

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2 Comentarios

  1. Rafa
    25 enero, 2022

    La piedra obtenida al final de la via húmeda que asegura la curacion de cualquier enfermedad es lo que alquimistas y teósofos llamaron el elixir de Hermes.

    El deseo de lo infinito que vive en el hombre le lleva a lo maravilloso y le hizo en los siglos de la ignorancia, alquimista y astrólogo, mientras andando el tiempo a favor de las luces llegaba el dia en que la astrologia se convirtiese en astronomia y la alquimia en química, la ciencia sucediese a la cábala y los sabios a los magos.

    Así sucedio que la alquimia vino a morir, o a convertirse en ciencia; a partir del siglo XVI, siglo de razon y examen en el que la lógica reemplazo al misticismo, y en el que florecieron Bacon, Copérnico y Colon.

    La alquimia sin embargo no halló lo que buscaba, pero encontró lo que no buscaba, como la definió un cabalista judio.

    «La ciencia que trata de las leyes secretas de la química, de los elementos de la naturaleza material y de la composición y descomposición de las sustancias físicas».

    Pero ¡OH! maravilla de las maravillas, hemos llegado a un momento en que ya no es el médico el que establece las normas para las materias primas empleadas en la elaboración de los medicamentos, ni siquiera el farmacéutico decide acerca de las especificaciones que definen la calidad física, química o biológica de los mismos.

    ¡NO!, porque ahora la ciencia de la salud dedicada a la prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades, se ha convertido en una industria médica o farmaceútica.

    Con lo que se está consiguiendo «gran logro», que con síntomas parecidos, ya no se produzcan multitud de enfermedades, sino que toda la gama de medicamentos específicos vayan dirigidos al mismo enfermo, que si tienes la suerte de cuadrar con el protocolo de actuación, tienes probabilidades de curarte, de otra manera,

    ¡ Que Dios te coja confesado!

    Un abrazo

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  2. Loli
    31 enero, 2022

    El intento de conocer nuestra realidad nos ha llevado, quizás, a la errónea conclusión de que eso es solo posible a través de la continua parcelación y conceptualización de lo que creemos percibir a través de nuestros sentidos.

    Ello, posiblemente también, provoque una uniformización de los datos y las conclusiones, así como de las herramientas que nazcan de las mismas, que muy fácilmente llegan a una mayoría de población, pero eso no es óbice para que reconozcamos que sigue siendo algo que no corresponde a la realidad compleja.
    La medicina es un claro ejemplo, a mi modo de ver, de esa paradoja que en algún momento ya no podremos seguir evitando.

    El hecho de “facto” al que se enfrenta la clase médica, en ese aspecto, es que cada persona es un mundo distinto, específico y cambiante en sí mismo, y solo una atención a esa singularidad puede ayudar a resolver problemas y funcionamientos en el organismo humano.

    Una visión que se enfrenta a los estereotipos en los que, desgraciadamente, parece que la industria farmaceútica ha basado su funcionamiento, pues en este modelo social da rentabilidad y poder, aunque en sí misma, la farmacopea, también necesitará de afrontar la diversidad personalizada de los seres humanos, y quizás arrostrar el desafío de trabajar en base a esa realidad y desprenderse de intereses espúreos.

    Pero para ello, quizás, es necesario que, todos los valores uniformados, estereotipados y falsos, en los que parece hemos basado nuestro funcionamiento en sociedad, vayan, poco a poco, desvelándose como equivocados y abramos más nuestros sentidos a otras verdades, sin miedo a perder lo que en realidad no tenemos….ni mucho menos… poseemos.

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