Párrafo 11.2

11.2 «Los cristales de las criptas mistéricas están temblando porque empiezan a no caber los muertos que están esperando resurrección, los quicios de las puertas se resquebrajan porque empiezan a pesar más los cerrojos que las paredes, y en las catedrales del homo sapiens aparecen pintadas celebrando la llegada de los cirujanos plásticos. Es la ceremonia de la confusión, el todo vale para llegar a ningún fin, porque el objetivo es el presente continuo».

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COMENTARIO DE EL AVENTURERO

«Vive le presente», «vive el aquí y ahora», son los mantras que universalmente se recitan a diestro y siniestro como panacea para alcanzar una vida más plena. Y sí, es cierto que, por una parte, la memoria del dolor acumulado que nos ancla al pasado de forma compulsiva y reiterativa y, por otra, la persistente y machacona incidencia en nuestros pensamientos de toda una batería de proyectos, ansias y futuribles, nos convierte en seres incapaces de disfrutar o sufrir con la intensidad que cada momento requiere. Miedos. Miedos que emergen del pasado y se adhieren como lapas a lo que está sucediéndonos, impidiéndonos percibir e interpretar correctamente las posibilidades que el presente nos ofrece, y miedos también a no conseguir o a desviarnos de los objetivos planificados desde un análisis racional que proyectamos como idóneos o que incluso consideramos absolutamente imprescindibles, que secuestran también nuestra capacidad de vivir cada presente limpiamente y sin lastres.

Pero también, al rebufo de toda esta retórica, acabamos estando «presos del presente», atrapados en la más sutil y tramposa trampa que este sistema social nos tiende: la trampa consumista. Y no se trata sólo de la compra y el consumo de objetos, sino sobre todo de valores personales, actitudes, emociones… De necesidades y satisfacciones pret-à-porter, pseudo-saciadas mediante el rellenado instantáneo, sin sustancia y sin verdadero calado, de las insondables y sangrantes grietas del alma. Presos del presente continuo.

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10 Comentarios

  1. Nuba
    15 mayo, 2016

    otra cosa que me gusta del libro que comentamos, es su ritmo. Cada mensaje tiene un uso preciso de las palabras y los signos de puntuación. Son pequeños hilos, sendas, mensajes, que tienen vida propia en sí mismos, pero que guardan un compás, con el siguiente y el anterior. Y además guardan acordes esenciales, los mismos, en cada uno de los mensajes y en el prólogo a los mismos. Prólogo, porque las palabras tienen la intención de que a partir de ahí, lo escribamos cada uno.
    Este es catársico.
    ¿ es nuestro cuerpo un cuerpo y si lo es nos pertence? puede pertenecernos y a la vez NO nos pertenece en el absoluto
    Habla de los muertos que están agrietando los cristales de las criptas, pero los muertos ya están y han estado siempre esperando su resurección,aquí atrapados, y somos casi 8.000 millones de personas muertas esperando el misterio que nos haga vivir mientras vivimos. Nos lo recuerdan aquellas memorias de los que sin tener cuerpo, han quedado en espíritu aquí, para guiarnos o para desviarnos.
    ¿Y cómo tiene que ser nuestro espíritu? tiene que tener un adjetivo, es rebelde, es pasivo, es uno es más de uno? jamás lo sabremos si no vamos a hablar con él dentro de nuestro cuerpo, el planeta, el continente,la isla, el nervio, músculo, mente, piés, visceras, donde de momento se aloja. Sentir la música de nuestro espíritu, lleva, indudablemente a reconectarnos con quiénes somos en la frecuencia en la que cada uno hemos nacido, frecuencia que sólo es una mínima longitud de onda del color con el que debemos completar el espectro. El presente contínuo no existe.

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  2. comsi-comsá
    15 mayo, 2016

    Pues bien dice el escriba que a ver si cambiamos, que ya hay mucho de lo mismo y suma sigue. Y el Aventurero/a/s ejemplifica: «frecuencia que sólo es una mínima longitud de onda del color con el que debemos completar el espectro. El presente continuo -sin acento- no existe»
    Pues otra vez bien. Se ve que lo de PODEMOS y adláteres (adúlteros se equivoca el traductor/corrector), no les causa impresión de la buena, o aún no se han enterado, o si se han enterado, no es lo que esperaban, a pesar que anda rebotando por el mundo como un eco asumido. Es que a lo mejor falta espíritu verdadero de cambio íntegro. ¿O no?

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  3. Afrodita
    19 mayo, 2016

    A ver si sé plantearlo así sin borrador y a puro pelo y a ver que sale de un tirón, aun con faltas y erratas.
    ¿Habéis imaginado alguna vez pararos frente al espejo, con la mirada fija en vuestra propia imagen, sin pestañear, y permanecer así y ahí para siempre?
    Es absurdo, nadie puede hacer eso, pero…¿Qué ocurriría?
    ¿Veríamos a cada millonésima de segundo cuánto nos ha crecido el pelo o se nos ha acentuado una arruga o ha nacido una nueva?
    Pienso que la respuesta lógica es que no.
    Y si la respuesta lógica es que no la misma respuesta se daría para la siguiente millonésima de segundo, y para la siguiente, y para la siguiente…
    Llego así a la conclusión de que al cabo de muchos años me seguiría viendo idéntica a como me veía en el instante en que empecé.
    ¿Pero cómo me verían los demás al cabo de ese tiempo?
    ¿Cómo era o como estuviera siendo?
    Si me atengo a lo que entiendo como «lógico» me contesto que me verían como estuviera siendo…
    Siendo, pero… ¿Yo o la del otro lado del espejo?
    ¿Cuál de las dos es la que para los otros cambiaría?
    ¿Las dos?
    ¿Ninguna?
    ¿Alguien podría contestarme?
    No sé, pero tendría que ser sin duda un «alguien» que no estuviera haciendo el mismo experimento.
    O no experimento, que lo mismo es algo que todo el mundo hace con perfecta naturalidad sin ni saberlo.

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    • Nuba
      19 mayo, 2016

      Yo puedo contestarte con otra experiencia, que no es en absoluto la misma, pero que me has recordado. Fue de al menos 60 de nosotros- y seguro que hay más gente aquí que lo ha compartido…
      Mis compañeros de la Universidad, todos los de mi clase, nos despedimos con +/- 22 años y en mi caso no había vuelto a ver a más de 10 -es decir éramos al menos 50 personas que no nos habíamos vuelto a mirar en años!! de los 100 que acabamos ese año.

      Nos pasó a todos lo mismo. AL principio, ves claramente los cambios de la gente, a algunos no los reconoces ni siquiera.. otros se acuerdan de tí y tu no de ellos.. etc..

      Pero sin haber pasado ni siquiera un par de horas juntos, y no con todos a la vez, vuelves a mirarlos, hablando o sin hablar, mirando como hablan con otros… y ya no los ves como son ahora.
      Los vuelves a mirar como eran entonces, incluso te acuerdas de la ropa que llevaban , de cómo era su letra de los apuntes, vuelves a ver la luz de esa mirada que conocías de la convivencia de 5 años.
      Los ves, como tu te ves en el espejo o parecido…quizás no exactamente, pero desde luego se vuelven a desdibujar los detalles de arrugas o cuerpos cambiados.. están como eran ellos.
      Fue además compartido por muchos de nosotros, sin tener que decir la hipocresía esa de que ah..parece que no ha pasado el tiempo, pero reconociendo a los que están dentro de los cuerpos, más que a los cuerpos mismos.

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      • Afrodita
        19 mayo, 2016

        Sí, pero a lo que me quería referir es a otra cosa bastante difícil de explicar porque es una extravagancia irrealizable. Lo que me pregunto es si nos vemos envejecer – cada cual a sí mismo, no a los otros – porque al interrumpir el hecho de mirarnos y volvernos a mirar tomamos consciencia del paso del tiempo; y me contesto que, si fuera así, el no dejar de mirarnos (lo que implicaría, claro, el no hacer ni atender a ninguna otra cosa y que implicaría, a su vez, que no tuviera entrada en nuestra consciencia ningún acto ni emoción susceptible de ser recordado ni de modificarnos) conllevaría el que nada, absolutamente nada externo ni interno de nosotros, cambiase; y que al nada cambiar el concepto de “paso del tiempo” tampoco tendría lugar. Y sin la consciencia de ese tiempo que nos pasa y por el que pasamos tampoco tendríamos la consciencia de nuestro propio envejecer.
        Puede ser un disparate, que no voy a dudarlo, pero… ¿Quién podría demostrar de manera fehaciente y por experiencia propia que lo es?
        De cualquier modo no es el envejecimiento propio o ajeno lo que me ocupa ni preocupa o me ha movido a escribir esto o aquello; lo que me ha movido es que tengo la sensación a veces de que en nuestro afán por asegurarnos de que hoy somos más perfectos (o menos imperfectos) que ayer nos volvemos obsesivos y, al no dejar de observarnos, abandonamos el hacer lo que podríamos hacer mientras nos observamos y que sería (supongo, claro, ciñéndome en todo caso a mi disparatada teoría) precisamente lo que nos cambiase.

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        • Nuba
          20 mayo, 2016

          Hola
          Me gusta muchísimo esa reflexión que haces, porque me recordó un poema de Juan Ramón Jiménez:

          «»Yo no soy yo.
          Soy este
          que va a mi lado sin yo verlo:
          que, a veces, voy a ver,
          y que, a veces, olvido.
          El que calla, sereno, cuando hablo,
          el que perdona, dulce, cuando odio,
          el que pasea por donde no estoy,
          el que quedará en pie cuando yo muera.»

          Elegías

          Y tampoco se bien porqué, esos instantes infinitos de mirarnos sin vernos por fuera, se me asemejan a los no tiempos en los que meditamos, pues ahí, en ese ahí (que no es ahora, ni es antes ni es después es ..la paz sin pensamientos, o no se la mente sin ella..) ahí se producen los cambios pues se aquieta todo.. es ese no mirarnos para que el cuerpo se repare…)
          Enfín .. no se explicarlo.

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  4. Afrodita
    19 mayo, 2016

    Errata en ¿Cómo era o como estuviera siendo?, que sobra el acento.

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  5. Loli
    21 mayo, 2016

    ¿Se proyecta en nuestra piel una topografía de mundos internos?.

    ¿Se podría denominar a esa geografía una «geometría en tres planos»?.

    La piel es una barrera…,también, tapizándonos por dentro, hay piel, un órgano donde parece se graban muchas historias…quizás, no solo la nuestra.

    La catedrales góticas, tienen debajo una cripta, y debajo….a veces un dolmen….un pozo…o una «draga» (femenino de dragón, el que guarda tesoros), pero que solo el nombrarla, suena a algo de más envergadura…incluso, de algún modo, más temible, ¿qué guardan las dragas?

    Toda catedral gótica…los templos en general, son representaciones, parece de ese templo primero que es el cuerpo del ser humano.

    Solo los que sabían de una «arquitectura» digamos….superior, los que conocían los lugares y su geometrías desde conocimientos más profundos, pudieron propiciar que se erigieran templos que nos hicieran recordar en su interior nuestro profundo misterio.

    ¿Dónde están los cristales de nuestra criptas mistéricas?. En el cristal se graba información….una información borrada y/o desfigurada en la geografía de nuestra piel, porque el momento, la moda, pide que el presente se perpetúe, que no suceda nada…,pero eso no es posible….y el espejo se burla de nosotros, y juega a enloquecernos, porque queremos seguir presos…..

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  6. Loli
    21 mayo, 2016

    Perdón «geometría en tres dimensiones» quise decir

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  7. Eolo
    22 mayo, 2016

    La relación del hombre moderno con el tiempo está sembrada del deseo, como expresión de la patología actual en el juego de la vida y de la muerte. El deseo forma parte de la realidad energética esencial y es la segunda de las fuerzas que puede atravesar el arco de la realidad hacia otras dimensiones.

    Como elemento energético se manifiesta como distorsionadora de la Voluntad adoptando diferentes formas de poder. El Poder del hombre vivo es el paradigma auténtico de la humanidad en estos momentos, y respecto al Tiempo lo puede conducir al camino del subconsciente liberador hacia el Ser, o a la estatificación del continuo estado cambiante.

    Esta dicotomía distrae al hombre de la dicotomía conceptual de vocación trinitaria, y le somete a la dinámica del juego teatral. Por ello es tan importante adiestrarse en los benditos escenarios y no disertar sobre la escena maldita. Por ello es tan frecuente que la intelectualidad desbarre por doquier en la definición del problema esencial del ser humano en este hito demoniaco.

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