Párrafo 14.14

14.14 «Cuentan los que se definen como entendidos que las artes escénicas nacieron en el timepo del Imperio Griego. En todos los ritos hay teatro. Teatro con su primer agonista conducido al sacrificio voluntario o forzado, con relaciones ascendentes y descendentes, Tierra y Cosmos, que intentan colocar al hombre como crisol, como ser místico-redentor en el que se reúnen las condiciones para que se decida la Historia. Y cuando en el teatro se pregona el nacimiento del hombre futuro o se denuncian las trabas para que nazca, se está trabajando en la base del arte, y todos los que participan comparten un viaje mágico por los territorios de Eros y Tánatos y a la vuelta cuentan al cerebro que se puede romper la dualidad.»

COMENTARIO DEL AVENTURERO

Un hombre camina hacia el centro de una plaza. Atardece. Se detiene ante una hoguera que se levanta victoriosa hacia el cielo, justo en el centro del círculo. Hay tres lámparas de aceite. Las enciende despacio, reflexivamente. Deja una moneda. La luz de la hoguera desdibuja una figura que le está observando: Hermes ha acudido. El hombre se atreve a cercarse a su cara y, rápidamente, le susurra al oído un secreto. Una pregunta. Casi inmediatamente se tapa los oídos y camina lentamente hacia el exterior de la plaza, dejando tras de sí la hoguera y la estatua.

En todo rito hay teatro, hay confusión y hay esclarecimiento. Ambas cosas son parte de lo mismo. El antagonista también necesita resolver su vida. La necesidad es parte del destino que, aparentemente es un proceso de vida pero en realidad es un proceso de muerte. Eros y Tánatos buscan despertar al daimon. La respuesta más elevada, la solución más sorprendente, sale del abismo y sale del cielo. Porque ambas cosas son parte de lo mismo. Desde el Cosmos se crea la Tierra y desde la Tierra sólo se puede mirar hacia el Cosmos. En este proceso ascendente y descendente, los dioses juegan un papel similar al antagonista y al protagonista y su poder divino es capaz de decidir el destino por encima del bien y del mal, por encima de todo conocimiento posible. Y todo actor es en sí mismo todo lo que se puede desear y despreciar en un ser humano, en esa aspiración de ser lo más alto desde lo más bajo, contradicción pura, vida, delirio báquico que quita el sentido de las cosas y muestra, sin embargo, su vocación. Así, por fin, nace un pensamiento lúcido: es como si el olvido despertase la memoria.

Olvidar todo aquello que no permite dar salida a lo que todavía no es, pero está siendo, a aquello que sabemos que debería suceder de forma inminente, pero no vemos. En realidad, vamos al teatro para recordar o mejor: para olvidarnos y recodarnos al mismo tiempo. Dar impulso al daimon que atraviesa las finas puertas del Hades y regresa preñando cada instante de misterio. Y al salir del teatro, allí donde miremos, el misterio nos devuelve la mirada y todo cobra sentido porque significa algo que todavía no entendemos. Hemos invocado a la misma Afrodita (en secreto, sabemos que ninguna idea y ningún dios es capaz de resistirse a su belleza), y nos hemos convertido en Eros.

Cuando el hombre llega a los edificios que rodean la plaza destapa sus oídos: la primera voz que escuche será la respuesta a su pregunta. Voluntariamente, prefiere vivir resolviendo el enigma. Porque ni él ni nosotros nos atreveríamos a acercarnos a un dios para pedirle una receta, sabemos que así no se decide nuestra Historia.

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2 Comentarios

  1. Rafa
    22 junio, 2018

    Con sus preparativos, el primitivo ( que a lo mejor no era tanto) hombre cazador, demuestra una incipiente ficción dramática al disfrazarse de animal.

    Revestido con una sofisticada piel y untado de grasa, engañaba al rumiante, interpretando un primer papel; este hecho, acaba convirtiéndose en un rito, en el que se invoca a los dioses y a las fuerzas de la nauraleza para que suministren permanentemente esa caza.

    Bueno, pues en definitiva el teatro griego tambien ascendente y descendente, pretende un diálogo, mensaje entre los dioses y los hombres a través del héroe.
    en el colegio se estudiaba como constituido por sujeto, objeto y medio.

    Con la aparición del primer actor, acabaría de nacer el teatro en occidente.

    El comportamiento del protagonista, resuelve el conflicto ( elevándose por encima del mismo ) que se plantea de una manera dramática y generalmente misteriosa.

    Imaginemos que este primer actor, no solo dialoga con el coro (inconsciente colectivo), sino que acompaña ese diálogo con la acción.

    Dicho de otra manera, no solo recita canta o danza, sino que también actúa, (es sujeto y objeto de la acción).

    Quizá este agente o actor, esta señalado por los dioses, o se prepara con su sacrificio, para resolver la historia.

    La santa misa, por ejemplo, pretende ser un rito permanente (otra cosa es que se consiga o no) de una comunión en cristo, (mensaje), en que el oficiante sería el primer actor.

    Pero quizá como dice el autor, el teatro cuando tiene la base del arte, se parece mucho a la verdadera vida, acabando con las dualidades de todos los que participan en el rito.

    O para finalizar, como dijo Calderón de la Barca.

    Porque la vida es puro teatro…

    por un guiño o una bonita sonrisa,
    por sentir lo que sentimos y expresar
    todo lo que quieren y queremos;

    por vivir el teatro, con sus alegrias
    y sus penas; para nunca olvidar esta
    sensación sobre el escenario…

    Porque la vida es puro teatro.

    Un abrazo

    Contestar
  2. loli
    9 julio, 2018

    «PRESTIDIGITADOR: ¿y qué teatro puede salir de un sepulcro?
    DIRECTOR: todo el teatro sale de la humedades confinadas. Todo el teatro verdadero tiene un hedor verdadero de luna pasada. Cuando los trajes hablan, las personas vivas son ya botones de hueso en las paredes del calvario. Yo hice el túnel para apoderarme de los trajes y, a través de ellos, haber enseñado el perfil de una fuerza cuando ya el público no tuviera más remedio que atender, lleno de espíritu y subyugado por la acción.
    PRESTIDIGITADOR: Yo convierto sin ningún esfuerzo un frasco de tinta en una mano cortada llena de anillos antiguos.
    DIRECTOR (irritado): Pero eso es mentira. ¡eso es teatro! Si yo pasé tres días luchando con las raíces y los golpes de agua fue para destruir el teatro.
    PRESTIDIGITADOR: lo sabía.
    DIRECTOR: Y demostrar que si Romeo y Julieta agonizan y mueren para despertar sonriendo cuando cae el telón, mis personajes, en cambio, queman la corona y mueren de verdad en presencia de los espectadores. Los caballos, el mar el ejército de las hierbas lo han impedido. pero algún día, cuando se quemen todos los teatros, se encontrará en los sofás, detrás de los espejos, y dentro de las copas de cartón dorado, la reunión de todos nuestros muertos encerrados allí por el público. ¡Hay que destruir el teatro o vivir en el teatro! No vale silbar desde las ventanas. Y si los perros gimen de modo tierno hay que levantar la cortina sin prevenciones. Yo conocí a un hombre que barría su tejado y limpiaba claraboyas y barandas solo por galantería hacia el cielo.»……..

    Federico García Lorca hablaba así, a un periodista parece que bonaerense, de su obra de teatro, parece también que sin concluir formalmente, «El público»:

    «Una…(una de las piezas que no tenía interés ni muchas esperanzas de representar)…que es un misterio, dentro de las características de este género, un misterio sobre el tiempo, escrita en prosa y verso, la traigo en mi valija, aunque no tenga la pretensión de estrenarla en Buenos Aires. en cuanto a la otra, que se titula «El público», no pretendo estrenarla en Buenos aires ni en ninguna parte, pues creo que no hay compañía que se anime a llevar a escena ni público que la tolere sin indignarse…..»

    «…Pues porque es el espejo del público. Es ir haciendo desfilar en escena los dramas propios que dada uno de los espectadores está pensando, mientras está mirando, muchas veces sin fijarse, la representación. Y como el drama de cada uno a veces es muy punzante y generalmente nada honroso, pues los espectadores en seguida se levantarían indignados e impedirían que continuara la representación. Sí; mi pieza no es una obra para representarse: es, como yo la he definido, «un poema para silbarlo».
    Palabra de Lorca, declaraciones y entrevistas completas, Ed. Malpaso

    No he visto apenas teatro, mucho menos de lo que quizás debiera haber hecho.
    Esta obra, «irrepresentable», sí que la contemplé, puesta en escena por una compañía que aceptó el reto de abrazar el misterio poético de Lorca.

    Creo que en ningún otro momento he sido capaz de entender qué significaba el arte del «teatro» como en los instantes en los que esa obra me envolvía…sin que la razón pudiese hacer nada por impedirlo.

    No soy capaz de explicar más al respecto….pero he traído ese texto a colación, porque me parece una inmensidad…y una descripción irracional y muy cerca de la realidad…de un arte que pretende, ni más ni menos, que orientarnos en la verticalidad…y mirar al cielo.

    ¿Quizás por eso, una vez, un personaje de esa obra, conoció a un hombre que buscaba ser galante….con ese cielo?.

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