Párrafo 15.14

15.14 «Y podrían ser autoengaños los encuentros con situaciones que parecen revividas, en las que todo transcurre como relato de un guión no escrito o la sensación de que alguien te mira, te observa, te susurra al oído. ¿Puede el pensamiento adelantar al tiempo biológico?, ¿pueden los sentidos capturar rastros de información de otras frecuencias de la banda electromagnética?, ¿puede el hombre acceder a informaciones no adquiridas convencionalmente? Para contestar a estas sencillas preguntas habría que escribir varios libros. De hecho todo lo esencial, desde el amor al arte, desde la fe a la poesía, abarca y al tiempo escapa del dominio de los sentidos convencionales.»

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

El famoso déjà vu, que se puede traducir como ‘lo ya experimentado’, extensible además a otros fenómenos, como ‘lo ya sentido’ y ‘lo ya visitado’ (lugares en los que nunca antes hemos estado pero que reconocemos, a veces en detalle), son fenómenos paranormales de precognición tan populares (más del 70 porciento de la población declara haberlos experimentado) que, aunque nos impactan profundamente, no le damos mayor importancia, a pesar de que la ciencia aún no tiene una explicación convincente de porqué nos sucede y qué es lo que nos sucede en esos instantes. El déjà vu es solo un pequeño parpadeo de los misterios que rodean a todo lo relacionado con la mente humana; misterios en los que se ha zambullido el temperamento artístico de todas las culturas y de todas las épocas en busca de imágenes, sensaciones, mensajes, conexiones sensitivas y sensoriales con campos perceptivos que están más allá del angosto y adocenado mundo de la “realidad” que captan nuestros sentidos.

Lo que resulta más incómodo de digerir por nuestro cerebro racional, y sin embargo de alguna forma intuimos, es el hecho de que, como señala el autor, lo que escapa al dominio de los sentidos convencionales es precisamente lo más importante en nuestra vida, lo esencial. ¿No nos incita esta idea a relativizar los grandes y pequeños dramas cotidianos? ¿A tratar de explorar apasionadamente esos otros territorios desconocidos, a duras penas esbozados y exiguamente cartografiados desde siempre por los verdaderos artistas, en busca de dicha esencialidad?

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5 Comentarios

  1. Loli
    6 febrero, 2019

    Creo que, en general, a todos nos impresiona comprobar cómo, el paso del tiempo nos parece sumamente acelerado en la edad “adulta”, en comparación de su percepción en la niñez-

    La explicación parece estar en que el tiempo vivido en esa etapa es menor, y por eso nos parece que hemos vivido más.

    Pero también es cierto que no lo vivimos igual.

    Nuestras conexiones neuronales son mayores y de otra índole, antes de ir siendo desplazadas o bloqueadas por sendas cerebrales obligadas ante procesos de pensamiento y sensitivos impuestos.

    Sin embargo, lo percibido en las etapas más tempranas…y menos… de nuestra niñez, mantiene su huella, y su impronta emerge muchas veces dando la impresión, a veces, de haber tenido una vida mucho más rica e intensa, de haber vivido mucho más en los primeros años de nuestra vida, que en todo el resto de ella.

    Y creo que en cierto modo es así.

    Que es posible que hayamos recorrido espacios que no podamos explicar desde la razón impuesta en la escolarización, tenido experiencias y conocido gentes, que más tarde intentaremos darle un contenido aludiendo a la “imaginación” infantil, sin más.

    Solo nos permitimos la existencia reconocida de esas fronteras invisibles, sin embargo, cuando nos llegan desde la proyección artística, y muchas veces porque ésta es tan directa y se dirige sin preámbulos hacia lo que subyace y ya es conocido por nosotros desde la inconsciencia y la experiencia temprana y límbica de la niñez,
    que nos es imposible substraernos a ella, aunque muchas veces las convenciones y los modelos consensuados intenten desvirtuar o categorizar lo que debe o no ser “arte”.

    Seguramente alcanzamos velocidades en esas conexiones neuronales de la niñez, que nos permitieron recorrer mayores espacios sensitivos, y reales, que quizás nos permitieron experimentar más cosas, porque el tiempo sí pasaba más despacio, y no estaba definido bajo conceptos pragmáticos, aún.

    Y nuestros recuerdos y la memoria de esas experiencias desde, seguramente, el momento en que somos concebidos, en el momento de un primer nacimiento, es posible que siga latiendo como elemento mágico y misterioso detrás de cada afirmación lógica, de cada categorización de nuestra identidad, de la asertividad con la que intentamos fijar lo que denominamos “personalidad”, haciendo que, al realizar tales acciones, algo profundo en nosotros se ría, y nos desconcierte.

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  2. Beucis
    6 febrero, 2019

    No. No es autoengaño. No podemos inventar, no podemos crear situaciones, poesías, premoniciones sobre lo que acaecerá y vivirá algún familiar próximo años después a nuestro sueño. No tenemos el poder de inventar, pero sí podemos dar vida a poderes que duermen en nuestro cerebro a la espera de que los potenciemos con nuestra evolución. Estamos en el séptimo día de la Creación y alguien como el pez Matsyara ha escuchado las lecciones de Shiva a su paredra y se ha aprestado y las ha puesto en práctica, se ha metamorfoseado en rana malva como la canta Federico García Lorca, y ha iniciado un camino torpemente. Sí, pero ahí estamos limitados, captando alguna vez no sabemos cómo la luz de Las hilanderas, su mensaje, escuchando de noche fuera del sueño el susurro de una poesía cuyo autor no conocemos y que nos dice: «En la sombra de tus ojos puse ayer un secreto…», y podemos erizarnos de emoción con esa música que nos abraza a un ser querido; ver en un plano antiguo de un pasado lejano, en una ciudad desconocida esa plaza por la que sabemos que hemos transitado.

    Alí Babá ha escuchado a los cuarenta sabios sufíes susurrar la frase mágica que nos abrirá las puertas del tesoro, que somos nosotros mismos, con nuestras luces y sombras y que tenemos que transitar ese camino para que nuestros rayos X, nuestras telefonías, nuestra bilocación, no sean reflejos breves sino posibilidades asequibles, para que en el octavo día digamos nuestro «ábrete sésamo» que consiga hacernos hombres que lleguen a dioses.

    Orfeo, el bardo, el Ritmo, y Quirón, el maestro de los héroes, nos están guiando como argonautas que somos por ese cerebro tan ignoto, tan desconocido; nos advierten de los peligros de la memoria pasiva, del olvido del río Leteo, de todo lo que retiene. Pero en todo este caminar se nos van resaltando guiones no escritos; sabemos que alguien nos guía, nos observa, nos indica, y a veces todas estas sensaciones toman cuerpo y sentimos la gran y maravillosa sensación de que un ser que lleva tiempo fuera y lejos puede estar también cerca y próximo.

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  3. Panacea
    7 febrero, 2019

    Enlazando con el comentario de Loli, se muestran más cercanas las sensaciones vividas en la infancia y grabadas de una forma más verídica seguramente por no aplicar la censura analítica que después, cuando se supone somos más inteligentes, descartamos por no ser entendible.

    Esa veracidad sensitiva que se reconoce fácilmente en la infancia me pregunto si vuelve en la vejez, cuando las neuronas van perdiendo vitalidad, lo cognitivo se va mermando y, en cambio, la conexión a otras percepciones va cogiendo cada vez mayor presencia. No deja de ser curioso que en el viejo, cuando va finalizando su ciclo, recobren especial intensidad los recuerdos de su infancia y no es capaz de revivir lo ocurrido la semana anterior; es como si fueran vasos comunicantes que según bajan unos sentidos, otros suben.

    ¿Y habría que plantearse el raciocinio como un pinche tirano que en este caso ni espolea ni aporta? Porque la información llegada de otras frecuencias de banda electromagnética parece que siempre es burlando lo establecido; lo que está bien pertrechado, que para eso nos hemos empleado muchos años.

    Cada vez tengo más crisis con mi razón, lo malo es que no encuentro sustitución fácilmente y el vacío me atenaza.

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  4. Rafa
    8 febrero, 2019

    La verdad es que a mí eso de la banda electromagnética me suena bien, me recuerda a las orquestillas de los años 60/70 (La banda electromagnética ).

    Bromas aparte, si es cierto que los agentes externos, nos influyen permanentemente.

    Cuando hay una tormenta nuestro organismo se polariza de tal manera que altera nuestra consciencia, y esto se produce de manera no cerebral, aunque nuestros sentidos hayan participado activamente.

    Los fuegos de San Telmo, o las Auroras Boreales, cuando no se tenía tecnología suficiente, alteraban la realidad de la gente que las vivía, que para ellos, eran magia, o tenían que ver con los muertos.

    Además estos fenómenos en todas las ocasiones producen en nosotros modificaciones en un tiempo real (biológico), que no es el que nosotros seguimos (cronológico), y en unas frecuencias que no son las nuestras, aunque estemos sometidos biológicamente a ellas.

    Estoy convencido de que a nosotros llegan multitud de mensajes que interpretamos como extrasensoriales, al no poder descifrarlos desde la realidad que conforman nuestros actuales estados.

    Pero nos seguira llegando esa información aunque de momento no sepamos decodificarla porque forma parte de nosotros mismos y de la realidad ampliada que llegaremos a ser, y porque transporta la esencia de las cosas, y esa nos llega por amor al arte.

    Un abrazo

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  5. Loli
    9 febrero, 2019

    Creo que desde el aspecto clínico, se explica esa debilidad de la memoria reciente, y la fuerte emergencia, a la contra, de la memoria lejana, al deterioro que se provoca en el tejido neuronal, bien la alteración de los mismos ante un desgaste vital, bien por alteraciones de la circulación sanguínea por la misma razón, junto con todos los procesos (denominados «accidentes cerebrovasculares») que se producen a lo largo de la vida, pero que en las etapas que determinamos como de la «vejez», la respuesta del organismo para su reparación, es mucho menor.

    Pero creo que no se profundiza mucho más…y ahí queda todo.

    Se investigan unos cuanto recorridos bioquímicos, se elaboran unos cuantos compuestos en forma de medicación para atenuar o «tapar» las consecuencias más evidentes o molestas (no solo para el anciano)….y ¡andando!.

    Es cierto que la mayoría de las veces no se puede hacer mucho más, en el estado en que nos encontramos.

    Pero, aunque seguramente exista, en general no hay una voluntad importante, por parte de la medicina oficial, en profundizar en lo que realmente ocurre en el anciano.

    Es cierto que todos esas alteraciones se dan, pero a mí entender no explican ni en una parte importante, siquiera, el por qué de esa rememoración tan intensa, a veces con detalles que nunca antes se habían recordado, de lo vivido en la niñez.

    Y creo que el no interesarnos más por los procesos de la mente a lo largo de las distintas etapas de la vida, o al menos que esos estudios, en su vertiente más generalizada esté muchas veces dirigida hacia el ladol economicista del tema, nos está evitando el conocer mejor aspectos desconocidos y que seguramente abrirían campos impresionantes de investigación de cómo realmente somos.

    A lo mejor, indagar más en los aspectos sensoriales que se producen en esa etapa tan denostada para el modelo social en el que nos desarrollamos, y digo denostada porque el mayor parámetro con el que mide es el de «coste económico», como es el de la «vejez», nos daría pistas, no solo para solventar aquello que inhabilita más a la persona, quizás no teniendo que recurrir tanto a la medicación, sino también para entender mejor lo que supone poner mucho más cuidado en todo lo que se refiere, por ejemplo, a la educación, a la forma de acercarnos al mundo aún desconocido y sin embargo recorrido por todos nosotros, de los niños.

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