Párrafo 18.19

18.19 «No sujetas a la ley del tiempo viven las cinco madres que aportan el principio de la conciencia del yo a la inteligencia, no son deidades simbólico-secretas ni ocultas pero sobrepasan los límites en los que se adscribe la actividad cósmico-material.»

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

¿Dónde transcurre el tiempo? Aunque, la palabra dónde supone la existencia de un lugar. Tal vez debiéramos preguntarnos cuándo en vez de dónde. El tiempo transcurre cuando hay un principio desde el que contar y, presumiblemente, un final.
Según nuestra física ortodoxa, el tiempo comenzó con el Big Bang y terminará con la muerte térmica del universo; de este universo. Y, en un breve instante entre un suceso y el otro, surgió y se apagará un destello de vida inteligente al que llamamos humanidad.
La ley del tiempo, por tanto, sería un atributo del más acá, no del más allá; forma parte del modo que tenemos de percibir, interpretar y explicarnos la realidad; la realidad razonable, la que elabora nuestra razón.
No sabemos qué es la inteligencia, pero se suele decir que es la forma de utilizar el pensamiento en relación con lo que nos está sucediendo; esto es, “la capacidad de adaptar la razón a la circunstancia”. Y para ello hay que querer, entender y recordar.
Sabemos que existimos y que somos; sabemos que estamos vivos y que hay algo único en cada uno de nosotros, que cada uno es yo. Los filósofos distinguen entre la existencia y la esencia; entre la realidad concreta y la realidad real.
Pasando la frontera del tiempo, tal vez encontremos nuestro ser completo; ese ser que podemos evocar, o convocar, aunque ahora no sepamos cómo hacerlo o lo hagamos torpemente. Entre tanto, o mientras tanto, para acercarnos tendremos que expandir nuestra realidad pequeña. Percibir más, sentir más, encontrar más preguntas sin respuesta. No guardar en un armario los doce regalos de la inteligencia, los siete que podemos ver y los cinco ocultos.

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3 Comentarios

  1. Beucis
    25 enero, 2021

    Las cinco madres que aportan el principio de la conciencia del yo a la inteligencia no sujetas al tiempo, sobrepasan los límites de la actividad cósmica-material, velan a la Sophia, cuidan su sombra malva en la curva desconocida de nuestro pranayama envuelta en el manto del doce.

    En el Cantar de los Cantares, la esposa dice: «Negra soy, mas soy hermosa, ¡hijas de Jerusalén! —¿Negra te llamas, esposa?—, contesta el Amado esperando su unión.

    Petrarca se enamora y busca incesantemente a Laura, su pareja inmortal, su alma. Dante saldrá del laberinto de su infierno de la mano de Beatriz. Don Quijote ensoñará por siempre a Dulcinea y «cuando llegue el día del último viaje… a bordo, ligero de equipaje…casi desnudo… ¿no ves Leonor los álamos del río con sus ramajes yertos?… Dame tu mano y paseemos» canta Antonio Machado a su amada Leonor.

    F. Nietzsche anhela su Amor, su Alma. Ariadna es Destino, Contorno de los Contornos, Ombligo del Tiempo y Campana de Azur, a la que ha dado «a beber todos los vinos nuevos y también los viejos de la sabiduría». F.N. siente a su alma crecida como una inmensa viña de hinchadas ubres y densos y dorados racimos de oro. Él es, él se siente Dioniso, vendimiador, con afilada podadera de diamante. Los dos se anhelan y buscan su encuentro.

    Al emprender el lento camino a Ítaca hemos cambiado, también ha cambiado Ítaca, y Penélope, principio femenino, la tejedora que espera.

    San Juan de la Cruz sueña a su amada de tez morena y canta: «…y allí nos entraremos, y el mosto de granadas gustaremos».

    Pablo Guerrero nos invita: «Entro por tu mirada como un barco en la ría y estoy en ti, Dama Blanca, tus brazos me sostienen».

    Y así es «Donde el impulso de mi azul, cuando oso acercarme a la frontera de la sombra malva de mi dama eterna».

    Y allí estará ella, esperándonos, y allí se consagrarán las Bodas Sagradas.

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  2. Panacea
    25 enero, 2021

    Una vez alcanzado el sentido de la iluminación a través de la séptima madre, quedan las otras cinco, ocultas, fuera del espacio-tiempo. Parece que es el vector del amor el que con su desarrollo expandirá y crecerá en todas las dimensiones. Y desde ahí, como punto de partida, caminar para arribar en lo que Aurobindo llama el Absoluto divino, a la Verdad infinita e ilimitable.

    Un antiguo Veda dice que hay una firme verdad oculta por esta otra verdad de la que aquí tenemos estas intuiciones inferiores; «allí los mil rayos luminosos se unen; eso es el Uno», es decir, la totalidad de nuestro ser apunta a la realidad única, lo que en el Yoga sería la unión del alma con el ser, un estado que no solo se abarca dentro de nuestro propio ser individual sino también en todos los hombres y en todos los seres; es una unificación con el todo… En fin, una pasada.

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  3. Rafa
    27 enero, 2021

    Los giegos distinguían dos palabras para referirse al tiempo, Cronos y Kairos. La primera se refiere al tiempo cronológico o secuencial, semejante a la idea cristiana de un tiempo lineal con un idea empírica de pasado presente y futuro.

    Y la segunda significa el momento indeterminado donde las cosas especiales suceden.

    Desde este punto de vista hablar o comentar los conceptos de las cinco madres a las que se refiere el autor, es una ardua tarea con el raquítico pensamiento holográfico que muchos manejamos.

    No obstante intentaré hacer un ejercicio de abstracción para acercarme algo.

    El principio de conciencia del acercamiento del yo a la inteligencia, en un primer paso pretende convertir el yo en nosotros, sin pasar por un ellos y sin perder el yo.

    Para la inteligencia de la que habla, habría que imaginarse a un individuo mucho mas pequeño que su inteligencia, pues esta sería un bien común para distintos universos y dimensiones.

    Pero si parece que en ese impulso hacia la totalidad, el individuo en su desarrollo cuenta con cinco madres (puntos energéticos añadidos a los siete citados) fuera de nosotros que no se rigen por las leyes de la materia tal y como nosotros la concebimos.

    Solo por comentar algo de ellas.

    Una podría hacernos evolucionar con un nuevo cuerpo que se movería a mayor ritmo y frecuencia y formaria parte de la evolución del alma con cambios no ya de estado sino de dimensión.

    Otra podría hacernos entrar en comunicación con nuestros guias personales o lo que se ha dado en llamar el angel de la guarda.

    Otra relacionada con el rostro y la verdad tendría la capacidad de hacernos protagonistas del papel de nosotros mismos, en la que ya no cabría ninguna ocultacion o mentira, (mundo de la estética) abarcaría mas dimensiones.

    Otra tiene que ver con la luz aurea, ya no blanca, en la que yo imagino el aura con la que se representan los santos.

    Y voy a dejarlo en este punto, porque esto para mi ya es ciencia-ficción, y creo que me estoy saliendo de madre.

    Un abrazo

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